Libros que leí: VIDA DE GRETA GARBO (César Arconada, 1932, España).

Pensé que me encontraría con una biografía de la icónica actriz, y por eso empecé este librito por suerte nada conocido, perteneciente a un autor con poco crédito pero mucho más del que merece. Su estilo ramplón y pedante y recargado y mamarracho me sacó de quicio desde la primera página, y al final esta “biografía” lo que es es una mariconada pseudo-poética de la que os voy a poner fragmentos para que veáis que no me lo invento.

Durante todo el invierno, los hielos se obstinan en tender sus alfombras sobre el agua. Cada noche, los ángeles de las cumbres, los ángeles del Polo, llegan hasta los mares interiores y clavan, de orilla a orilla, sus tapices blancos. Uno sobre otro, cada noche hacen más espesa la alfombra. Se osbtinan en ocultar, en cercar, en aprisionar el agua mansa, débil y tímida, de mares sin oleaje.

Haceos cargo de que yo no voy a perder más tiempo del imprescindible con obras literarias mediocres como esta, producto de poetas frustrados que adornan su prosa con mil florituras para hacerla pasar por hermosa. Y lo que hace es atufar a perfume y licores baratos.

Sus chistes racistas sin gracia, su obsesión con los desnudos (menciona ‘mujeres desnudas’ unas cien veces), su fetichismo pasional hacia la Garbo y las repeticiones constantes como recurso “embellecedor”, hacen de su trabajo una obra completamente inútil.

Mujer –mujer: carne, nada– hecha de sueños de arrebatos, de tentaciones. Mujer –mujer: carne, todo– hecha fuego, de pasión, de pecado.

Así se refiere a la actriz cuya leyenda no aspira ni a documentar, porque este libro no vale ni para informarse. Y otra cosa: ¿por qué se empeñaría tanto en decir Stockholm en lugar de Estocolmo? Qué pedantería, pero bueno, si la lleva hasta el final… Pero no, resulta que cuando habla de Göteborg, se refiere a esa ciudad como Gotemburgo.

Al amanecer, todavía se divisa, lejanamente, Suecia. Pasan por las costas de Gotemburgo. La cordillera muere en el mar. Y el mar se hace, aquí, ancho de agua y de luz. Greta despide a su nación con los gritos de las ocas salvajes de Nils Holgersson: ‘País bueno y fértil, país bueno y fértil’ (…). Y después, Océano. Stockholm sigue mirando a Rusia. Mar Báltico. Cordillera. ‘País bueno y fértil, país bueno y fértil…’

En fin, un casposo y un idiota cuya lectura desaconsejo.

Libros que leí: AGNES GREY (Anne Brontë, 1847, Reino Unido).

Me hice hace poco con un libro primorosamente encuadernado (años setenta), en donde viene la obra más importante de cada una de las hermanas Brontë: Cumbres Borrascosas, Jane Eyre e Inés Grey. Sí, le cambiaron Agnes por Inés.

Habiéndome leído ya las dos más famosas, le di una oportunidad a la que suele ser la desconocida de las hermanas, Anne, y me dispuse a leer su novela.

No fue muy interesante, salvo por el hecho evidente de que se trata de un trabajo auto-biográfico (demasiado autobiográfico). Y porque, al igual que hicieron sus hermanas en sus respectivas obras, retrata con angustioso realismo la crueldad del inglés medio. Los personajes que plasman las Brontë en sus páginas parecen sacados de cuentos medievales de miedo, y pese a que tratan de reflejar la vida cotidiana de su Inglaterra natal sin más, parecen historias de terror gótico.

Esto lo consiguen en gran parte gracias a su capacidad descriptiva del entorno por donde se mueven, que para las hermanitas debía transmitirles una lúgubre sensación de melancolía, y al lector eso le llega. La novela Agnes Grey me ha parecido un folletín romanticón que muy probablemente encandiló a las señoritas cultas del XIX, pero que yo encuentro poco emocionante. Blandita, telenovelesca, todo el rato describiendo cómo abusan de la pobre Inés…

Como no me ha causado ningún sentimiento particular este libro, aprovecharé este artículo para comentar las versiones cinematográficas y televisivas tanto del trabajo de Anne Brontë como el, mucho más solicitado, de Charlotte y de Emily.

LA INQUILINA DE WILDFELL HALL. Empezamos por la única obra adaptada a la pantalla (chica) proveniente de la pluma de la menor de las hermanas Brontë. Ni siquiera Agnes Grey ha conseguido captar la atención de productores (no entiendo la razón), y esta miniserie de 1996 logra las usuales cotas de calidad de la BBC y los dramas de época británicos. Parece ser que ya existía una adaptación televisiva en los sesenta, pero muy pocos seres humanos la han visto.

– JANE EYRE 2011. Seguimos ahora con la hermana mediana, y observando un orden según popularidad. La versión protagonizada por Mia Wasikowska (actriz increíblemente de moda en esos años) y Michael Fassbender es formalmente agradable, y muy fiel al texto. Sólo le veo pegas al casting, mal escogido para mí. No sólo no son los mejores intérpretes del mundo, sino que además no encajan excesivamente en sus respectivos papeles.

– JANE EYRE 1996. Una de las adaptaciones más famosas y ambiciosas, pero probablemente la más olvidable. No por mala, sino por sosa, por sin gracia, por normativa. En esta ocasión, la pareja protagónica sí está bien elegida salvo porque son unos actores tirando a malos, especialmente William Hurt, cuyo prestigio jamás comprenderé.

ALMA REBELDE. La Jane Eyre de 1943 fue rebautizada en España con ese cursi título propio de telenovela, pero al margen de eso, esta película me parece extraordinaria. Su fotografía expresionista en blanco y negro es un deleite para los sentidos, su ambientación atemorizante es la más lograda de todas las adaptaciones, y su elenco está soberbio, incluyendo el limitado (como actor) Orson Welles. Es poco textual respecto a la novela, y sin embargo muy fiel a su espíritu.

– JANE EYRE 2006. De la mano de la BBC (de quién si no) esta miniserie está entre las que más se acercan al texto original, y creo que se ha convertido en un pequeño clásico de la televisión. Si has leído el libro hace poco, esta versión te será muy grata.

– JANE EYRE 1997. En esta cinta para TV, no creo que Samantha Morton brillara de manera especial en el difícil papel de la célebre institutriz. Pero su compañero Ciarán Hinds es el mejor Rochester que se ha llevado a las pantallas. Es el mejor actor que ha hecho de él, y su físico es el más adecuado, o sea, el de alguien no necesariamente feo pero desde luego no un adonis. Para mi gusto, es de las adaptaciones que mejor han sabido plasmar lo que Charlotte Brontë deseaba transmitirnos.

– JANE EYRE 1970 y 1973. Ambas de televisión –una largometraje y otra miniserie–, se trata de sendas adaptaciones cumplidoras y formales, aunque tampoco inolvidables. Lo que sorprende de ellas es que fuesen producidas tan cercanas en el tiempo, y que esta novela se haya convertido en una opción recurrente para las productoras televisivas de todas las épocas.

– JANE EYRE 1983. De la mano de ¡sí, adivinasteis, la BBC! salió esta serie de once episodios que, al ser la que más minutos emplea en contar la historia, pues es casi casi la novela en imágenes. El dúo protagonista es de los mejores, con el gran Timothy Dalton como el señor Rochester y Zelah Clarke como Jane. Es una pena que nunca se emitiera en cadenas españolas, a pesar de que estas producciones eran moneda corriente en nuestra televisión.

– JANE EYRE 1934. La más antigua de las versiones conocidas, es también la peor. Se trata de una película de muy poco metraje, mal conservada y que sólo tiene valor como curiosidad. Es superficial y aburrida.

– CUMBRES BORRASCOSAS 2026. Esta, que la vi en el cine el día de su estreno en España, es una suerte de versión porno de (parte de) la novela con muchas ínfulas estéticas y sobrecargada de perfume barato y de sadomasoquismo. No es nada raro que haya tenido éxito, si tenemos en cuanta los más de 500 millones de dólares recaudados por ’50 sombras de Grey’, pero lo que es a mí me apetece olvidarla. Si alguien quiere una opinión más pormenorizada, que lea la crítica que le hice en Filmaffinity.

– CUMBRES BORRASCOSAS 1939. La de William Wyler y Laurence Olivier es interesante pero no impresionante. Cuando uno es aficionado al cine clásico está demasiado acostumbrado a ver maravillas apabullantes, y esta película en blanco y negro está muy a la par con tantos y tantos dramas de aquella edad de oro de Hollywood. Pero sólo a la par.

– CUMBRES BORRASCOSAS 1992. Otra que le pasa lo mismo que a la clásica, que en un mar de excelencia como fueron los ochenta y sobre todo los noventa, la versión de Juliette Binoche y Ralph Fiennes se siente disfrutable, de eso no hay duda, pero tampoco increíble. Hay que tener en cuenta que el libro es muy complejo, muy rico, muy descriptivo. Los personajes y sus relaciones son complicadas de plasmar en una película de dos horas, de modo que al final casi todas las adaptaciones se sienten como si fuesen a cámara rápida, o como si se saltasen capítulos importantes del original.

– CUMBRES BORRASCOSAS 2011. Con fotografía y edición modernas (no lo digo como algo malo ni bueno), este largometraje es de los más leales a la historia de Emily, y hago hincapié en el personaje de Heathcliff, muy bien llevado por el desconocido actor James Howson –quien por cierto jamás ha participado en ninguna otra película o serie–.

– CUMBRES BORRASCOSAS 1970. Trece años antes de hacer de Rochester en la serie de ‘Jane Eyre’, Timothy Dalton ya dio vida al oscuro Heathcliff en una producción inglesa de escasa popularidad pero, como casi siempre en lo inglés, de buena factura.

CUMBRES BORRASCOSAS 2009. De entre las televisivas, la protagonizada por Tom Hardy es con mucho la mejor de cuantas hay. Osada, detallada y totalmente fiel a la novela. El actor londinense, más adelante conocido por super-producciones con efectos especiales, ya demostró en su juventud su enorme capacidad para interpretar a personajes ladinos, crueles y mezquinos, regalándonos el mejor Heathcliff según mi criterio.

– CUMBRES BORRASCOSAS 1998. Os diría lo que me pareció esta TV movie también británica, pero la pura verdad es que no recuerdo ni un fotograma. ¡Y sé que la he visto! Pero… Si no me acuerdo de nada, supongo que no es buena señal.

– CUMBRES BORRASCOSAS 1967. La tele de la Gran Bretaña dio en ese año una rigurosa versión en blanco y negro cuyo actor principal fue Ian McShane, quien varias décadas más tarde encarnaría a Barbanegra en la saga de ‘Piratas del Caribe’. Básicamente, es el libro puesto en imágenes, durante tres horas y media.

– CUMBRES BORRASCOSAS 2004. La versión italiana me ha gustado mucho, tanto por producción como por interpretaciones. Es muy textual salvo por obviar la historia del hijo de Heathcliff y la hija de Catherine.

Libros que leí: CUMBRES BORRASCOSAS (Emily Brontë, 1847, Reino Unido).

Cumbres Borrascosas es un retrato de la obsesión llevada al paroxismo, y sus efectos. Es el paradigma de los personajes victimizados y al mismo tiempo agresivos, de actitud tóxica y creadores de relaciones tóxicas. Cuando los insaciables deseos pasionales (insaciables porque aunque se cumplan, siempre sabrán a poco y exigirán más) rigen el criterio de las personas, tienen lugar historias como la de esta profunda novela.

En primer lugar, el buenismo estúpido del que hace gala el Señor Earnshaw padre al traer a un extraño a la casa con sus hijos, demostrando una irresponsabilidad insensata, y dirán algunos necios que llevado de “buenas intenciones”. Esas buenas intenciones de las que está empedrado el infierno.

A partir de ahí, un cúmulo de pésimas decisiones con –naturalmente– funestas consecuencias se suceden en un rosario constante de desgracias que me recordó a cuando leí Frankenstein hace años: injusticias, calamidades, tragedias sin fin… Es más, la última parte se hace cansina, y además inverosímil, situando a Heathcliff como un villano de cuento de hadas tipo Barbazul, al que inexplicablemente nadie se opone.

Pero en algo sí acierta de pleno la novela: el poder corruptor de los demonios. No sólo están contaminados hasta el tuétano ellos, y por eso actúan así. Sino que contaminan todo lo que pueden a los demás, mientras más pura e ingenua sea la víctima mejor. Una vez oí una expresión apropiada: vampiros energéticos. Existen, los hay. Los he visto proceder. Y los he visto llevarse consigo a criaturas inocentes, que ya jamás se recuperaron.

Estamos rodeados de demonios, y estar a salvo de ellos supone un gran esfuerzo. Pero desde luego proteger a los que te importan de esos seres siniestros es casi imposible. Por eso la tragedia que evoca Cumbres Borrascosas es atemporal y se da en todos los estratos y en todas las culturas.

Todo individuo que defienda o se identifique mínimamente con el personaje de Heathcliff, es decir, con alguien de alma oscura, acomplejado, rencoroso, brutal, sádico, astuto, vengativo, obsesivo y miserable (y según se sugiere, necrófilo además), es un mierdas, y ojalá no comparta minutos de mi cada vez más preciado tiempo. Lo comento porque muchas de las versiones para cine y televisión que se han hecho, ensalzan o como mínimo disculpan a Heathcliff, dotando a la figura de este infame patán de una especie de misticismo, presentando su comportamiento despiadado y rastrero como ‘apasionado’ o ‘incontrolable’, o gilipolleces de esas que hacen que las jóvenes de todas la generaciones sigan cayendo en manos de la peor calaña imaginable.

Libros que leí: EL ENIGMA ISRAEL (Henrique Cymerman, 2025, España).

Me alegro de haber leído este libro y me alegro de haber vuelto a tener noticias del reportero Henrique Cymerman, cuya particular labia y estilo nos llamaron poderosamente la atención a mí y a mi familia ya desde mediados de los noventa.

No tenía ni idea de que era judío y de que conocía de primerísima mano todos los conflictos por los que ha pasado Israel, y que conoce personalmente no sólo a los principales líderes de esta nación, sino también a los líderes de todos los países y todas las facciones enemigas de este frágil estado.

Yo he contemplado con estupor cómo personas más o menos cercanas se dejaban embaucar por esta malvada y cateta oleada de antisemitismo, este moderno pogromo, perpetrado y secundado por los mismos que hace no muchos años, furiosamente me recriminaban a mí que no me gustasen las películas ‘La lista de Schindler’, ‘La vida es bella’ y ‘El pianista’.

La publicación de este libro resulta un alivio, y una contestación rigurosa e informada al cabestro del palestino al cuello y la pancarta racista, animal que normalmente calla y pasta pero que de vez en cuando rebuzna al unísono junto a otras cien mil bestias, dando como resultado un grotesco reflejo del estado de salud mental y ante todo moral de Occidente.

Normalmente, las personas decentes cuando veíamos ‘Delta Force’ o ‘Decisión crítica’ íbamos con Chuck Norris y con Steven Seagal, es decir, los buenos. Y disfrutábamos de ese gran momento en que les daban por fin a los malos la paliza que se merecían. Pero esta gentuza sin cerebro y sin corazón ahora se identifica más con los asesinos cobardes yihadistas.

EL ENIGMA ISRAEL no es que esté extraordinariamente bien escrito, pero en cualquier caso, resulta una información valiosa y un buen número de curiosidades que ilustrarán muy bien al lector crítico. Repite muchas veces las mismas cosas y la estructura es bastante caótica. Aparte, le sale algún ramalazo progre y hasta globalista (como cuando cita al eugenista hijo de perra Harari). Pero aún así, un placer leerlo, sobre todo observando el desolador panorama intelectual e, insisto, moral que nos rodea.

Os resumo lo que me está pareciendo todo lo que veo con la siguiente frase:

Yo he llevado esvásticas en la ropa. Me las quité.

Vosotros las lleváis en el alma. Esas no se quitan.

Libros que leí: MEDITACIONES DE CINE (Quentin Tarantino, 2022, Estados Unidos).

Como prólogo a esta reseña, advertir que sí, soy un moralista. Sobre todo cuando me cruzo con determinados individuos que: primero, realmente se nota que se sienten más allá del bien y del mal; segundo, odian que les den sermones; tercero, les encanta sermonear.

Antes de leer el libro de Tarantino, sabía (por sus películas) que era una sabandija amoral y petulante. Una vez leído, he descubierto además –sin demasiada sorpresa por mi parte– que es un progre desorejado y un degenerado. Sí, a todos los personajes que analiza lo hace desde la perspectiva sexual. ¿Freudiano o simplemente salido?

Su asquerosa defensa del cine que él llama “para adultos” (o sea, la industria de la explotación sexual) revela, entre otras muchas cosas, que él es un usuario asiduo de dicho material, y que desde que es rico y famoso ha contratado los servicios de innumerables jovencitas para su disfrute guarro. Transcribo a continuación su visión del porno para que os deleitéis (todo viene por un comentario crítico que hace sobre la película de 1979 ‘Hardcore, un mundo oculto’):

(…) Además, es la única vez en que Schrader abandona su intención moralizante y muestra la industria del cine para adultos como lo que en realidad es. No una empresa delictiva. No el cuarto círculo del infierno. Sino una industria cinematográfica legal, que tributa, dedicada a ofrecer entretenimiento explícito para adultos.

Tendría que informarse más sobre este sector que tanto admira, y hablar con antiguas trabajadoras pornográficas para ver si es o no el cuarto círculo del infierno. Para el mentecato este con que algo cotice ya significa que es perfectamente lícito. Y en ese capítulo se empeña en que, claro, como el padre de ‘Hardcore’ le da una educación muy estricta (¡y religiosa además!) a su hija, lo normal es que ella se quiera marchar de casa para meterse a puta barata, para que se la zumben viejos repugnantes, pille la sífilis, la gonorrea, ladillas y el sida, y para, según Quentin, ser una mujer libre. Que por cierto, ni siquiera es una mujer, es una adolescente.

Que a este no le hayan pillado menoreando como sí a Woody Allen y a otros piezas del maravilloso mundo de Hollywood, no tiene que ver con que no lo haya hecho repetidas veces, sino con el poder que ha acumulado y con que ha sabido astutamente esquivar ciertas enemistades.

El ballenato de Weinstein se hizo demasiados enemigos y por eso le condenaron. Pero siempre que en un mundillo (del cine, de la política, del deporte…) ponen en la picota a Alí Babá, los cuarenta ladrones se esconden en sus madrigueras e, hipócritamente, señalan a su antiguo líder como culpable de todos los crímenes.

Tarantino es una rata depravada, miserable, amoral y peligrosa. Y los que lo admiran querrían ser todo eso algún día, pero nunca lo serán, y no porque sean más buenos, sino porque tienen menos huevos que él. Dice textualmente que las ‘snuff movies’ son una leyenda urbana, lo que me conduce inmediatamente a sospechar que él posee más de una en su mansión.

‘Q’ representa muy bien a la industria hollywoodiense. Falsaria, pervertida, criminal, “cool”, blindada por los medios y por sí misma… Totalmente diabólica. El sujeto este es un soberbio, machista, racista, agresivo y ambicioso cretino. Cretino pero listo; listo y millonario. Y progre, es decir, que acusa a la sociedad de los pecados que él comete en secreto con el fin de no perder su popularidad, incomprensiblemente gigantesca aún hoy. Otro fariseo encumbrado. ¿Cuántos hay? ¡Son miles!

Fallo mío. Debí cerrar el libro en cuanto leí esto:

Yo me había criado en los setenta, época en la que todo valía, y los ochenta, en cambio, se caracterizaron por la necesidad de actuar sobre seguro, como esa otra década horrorosa del cine de Hollywood, los cincuenta. Los ochenta fueron aún peores.

Y no sólo debí cerrarlo por las chominás estúpidas que decía, sino porque escribe mal. Repite varias veces las mismas frases en diferentes páginas, síntoma de que no repasa lo que redacta.

P.D.: el último capítulo está dedicado entero a un tal Floyd. Resulta que Tarantino se crio sin padre, y a su madre le iban los negros poco respetables y medio vagabundos, como el susodicho Floyd. Este tipejo chuleta y desarrapado fue lo más parecido a una figura paternal que tuvo el infeliz de Quentin, y aún así duró poco (su madre también lo dejaba solo la mayor parte del tiempo). Sabiendo eso, uno se explica muchas cosas sobre sus películas, pero viendo cómo pone en un pedestal al desgraciao ese con el que vivió un par de años, se entiende sobre todo el afán irracional que tiene por parecerse a los negros de Estados Unidos. Y también se comprende la basura de ‘Django Desencadenado’.

Libros que leí: VUELVA USTED MAÑANA Y OTROS ARTÍCULOS (Mariano José de Larra, 1833, España).

Llegó el momento de hablar de este autor que acabo de descubrir y disfrutar.

Como lo que escribe no son relatos de ficción sino crónicas satíricas de sus propias vivencias, lo mejor es que copie y pegue las frases que he ido subrayando mientras me regocijaba del fino e irónico sentido del humor de Larra. Me regocijaba y también compadecía, a una inteligencia que poco a poco se va separando de los seres que la rodean, y se va sumiendo cada vez más en la soledad, y después en la amargura, y finalmente en la desesperación.

Es triste saber que un talento tan grande se hunde por culpa de no gestionar bien las chifladuras grotescas y los sinsentidos de la sociedad. La de 1830, la de 2025, la de antes de Cristo, y la del año 5000. Aguantar estoicamente todo lo que vemos por la ventana de casa o por la ventana de las pantallas que tenemos sin volvernos locos es todo un ejercicio de madurez, equilibrio y frialdad casi imposibles de lograr.

Fígaro no lo logró, pero al menos nos quedan estos excelentes artículos, con los que algunos aprenderán algo. Y podría extenderme sobre el contexto en que se enmarcan sus desventuras: guerras carlistas, enfrentamientos entre liberales y absolutistas, fiestas de Madrid, pena de muerte, censura… Todo interesantísimo, pero lo mejor será que leáis vosotros su obra.

  •          De ciencias y artes ignora lo suficiente para poder hablar de todo con maestría. Haciendo una desternillante descripción de un sobrino suyo, personaje triunfador y querido por los demás (un perfecto patán).
  •          ¿Es por ventura un apetito desordenado de hallarse donde se hallan todos, hijo de la pueril vanidad del hombre? Aquí ya vamos viendo cómo se desprecia a sí mismo por sentir la necesidad (natural por otra parte) de estar acompañado, no forzosamente de gente de su mismo nivel intelectual.
  •          Suponte por un momento, aunque te pese hasta el figurártelo, que eres español (no te aflijas, que esto no es más que una suposición). Me temo que Larra desconocía que la gente es profundamente imbécil en todos los lugares del mundo, pero de hecho, eso es también muy típico del español: mitificar lo extranjero, menospreciar lo patrio.
  •          Nada más fácil que obedecer. Esta frase viene en un artículo titulado ‘Lo que no se puede decir, no se debe decir’. Sobran comentarios.
  •          Rara vez se encuentran dos amantes en igual grado de pasión. Amarguras sobre desamores, indigesto plato cuando eres joven.
  •          La imaginación más acalorada no llegará nunca a abarcar la fea realidad. Absolutamente de acuerdo.
  •          Los teatros. Aquí reposan los ingenios españoles. Ni una flor, ni un recuerdo, ni una inscripción.
  •          Todos tenemos algo de calaveras más o menos. ¿Quién no hace locuras y disparates alguna vez en su vida? ¿Quién no ha hecho versos, quién no ha creído en alguna mujer, quién no se ha dado malos ratos algún día por ella, quién no ha prestado dinero, quién no lo ha debido, quién no ha abandonado alguna cosa que le importase por otra que le gustase? ¿Quién no se casa, en fin?… Todos lo somos. He aquí los lamentos de una persona herida.

Una de las razones por las que me sentí identificado con estos textos, es porque el autor citó en uno de ellos una frase de Terencio muy importante para mí: Homo sum et nihil humani a me alienum puto.

HOMBRE SOY Y NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO.

Libros que leí: EL DIARIO DE ANA FRANK (Anne Frank-Otto Frank, 1947, Países Bajos).

Para mí ‘El diario de Ana Frank’ se ha convertido en el testimonio fundamental del suicidio de Europa. Que se llegase a una situación socialmente aceptada, en que personas sin culpa ni delito sean acusadas, perseguidas, detenidas, encarceladas y, en última instancia, aniquiladas es una vergüenza que arrastran muchos países. Y testigo directo de lo que sucedió en mi propio país, en mi provincia, en mi ciudad, ¡en mi familia! hace apenas 5 años, puedo afirmar que no hemos aprendido nada y que puede volver a ocurrir cualquier año de estos.

El primer aspecto que quiero destacar de esta lectura es que, obviamente, Ana Frank no es la autora del libro. Está claro que su padre, Otto Frank, hizo un meticuloso trabajo de recopilación de eventos y fechas, combinado con el diario real de su hija y sus propios recuerdos, escribiendo más tarde la novela (porque es una novela con forma de novela) o, puede que incluso ayudándose de algún negro amigo suyo o contratado. Nunca se sabrá con precisión, pues el estilo es depurado y el léxico usado es fino y adulto.

Nada de esto resta valor alguno al relato. El cual, sorprendentemente para muchos que no lo hayan leído, no versa sobre asuntos bélicos o brutalidad tiránica (no de manera directa). Se trata de un retrato intimista y psicológico de una niña de 13-15 años (pues transcurren dos dentro del anexo) más el de los miembros de su familia y los de las otras familias allí en ese apartamentito apiñadas. Y un reflejo del devenir de la rutina diaria, cada vez más sumida en la desesperación debido a la progresiva falta de alimento y, sobre todo, a la falta de estímulos externos, lo que en suma convierte a ‘La casa de atrás’ en una novela carcelaria, a efectos prácticos.

Lejos de presentar a uno solo de los personajes como heroico o ejemplar, los Frank y sus compañeros son dibujados de forma realista y a veces cruel, llevándonos a la conclusión de que Ana Frank, en el fondo, era una chica normal, con sus virtudes y defectos. Por ejemplo, su fijación con su padre era cercana al complejo de Electra, confirmada por el rechazo que expresa hacia su madre durante toda la narración.

Ninguno de los habitantes del anexo queda libre del duro juicio de Ana Frank, en particular el matrimonio Van Pels, formado por dos insoportables ignorantes que encima eran unos miserables tramposos. Verse obligado a renunciar a la intimidad por dos años –y más en la edad de la protagonista–, y además a hacerlo junto a unos extraños debe ser algo terrible. Pero los nazis, los políticos belicistas, el populacho frívolo que apoya a unos y a otros –ya con su voto, ya con su silencio–, el asqueroso colaboracionismo, la delación y, en definitiva, la estupidez dan lugar a tesituras así. Y Dios nos libre de tener que afrontar nuevas chifladuras generalizadas como esa, porque cuando la rueda gigante se pone a girar, por desgracia ya no hay quien la pare.

Efectivamente, los Frank y compañía jamás habrían sido descubiertos de no ser por los chivatos repugnantes que, por desgracia, conviven con nosotros en todos los lugares y todas las épocas. Quedando menos de un año para el final del conflicto, ¿resulta que el ejército alemán no tiene otros problemas más prioritarios que ponerse a buscar a desgraciados escondidos en pisos secretos, que además no realizan actos de sabotaje o propaganda? Dios maldiga a los delatores de los judíos en Holanda, en Alemania, en Francia y en cualquier país ocupado, y a todo aquel que no tenga otra cosa mejor que hacer que chivarse vilmente como una rata por el puro gusto de ver joderse a otros, o por el de recibir una palmadita en la espalda por parte del poderoso de turno, o por aburrimiento, quién sabe.

Y la gente que no es una ruin acusica, simplemente mira para otro lado. Siempre. Por esto, eso de “la resistencia” es un mito cinematográfico. No hubo resistencia anti-nazi ni en los Países Bajos, ni en Francia, ni en Noruega, ni en ninguna nación ocupada por los alemanes, por muchas películas que se hagan todos los años para alimentar esa feliz fantasía. Toda Europa fue colaboracionista, y esa es la razón por la que las conquistas del Reich se expandieron con tan asombrosa rapidez; y también la razón por la cual, en cuanto se les presentó batalla (en el norte de África y en Rusia), comenzaron a perder terreno, tan rápido como lo habían obtenido.

Indirectamente, también queda retratado el ambiente del Amsterdam de la guerra, con sus privaciones, sus bombardeos, sus sirenas aterradoras, sus saqueadores buscando rapiña en la madrugada, su contrabando, sus emisoras de radio piratas… Que asco de guerras a las que los estados y sus aparatos mediáticos nos empujan, antes, ahora y por siempre.

Otro punto en el que me gustaría detenerme es el de la escasa difusión que tiene hoy en día la obra y martirio de la familia Frank. Sirva como ejemplo que la película clásica de George Stevens no puede verse en ninguna plataforma de cine, ni siquiera Filmin, y no digamos ya otras versiones no tan conocidas.

Hay una en concreto que me ha parecido deliciosa y recomendabilísima: un largometraje animado japonés de 1995 que ni siquiera ha gozado de distribución en Occidente, pese a su enorme calidad. ¿Es esto casual? ¿No hay algo detrás? ¿Hay interés en que dejemos de sentir compasión por Ana Frank y por los que se ven, o pueden verse como ella en algún momento? La creciente e irracional (y deplorable) oleada de antisemitismo en Europa y América me lleva a sospechar que así es, pero de nuevo, roguemos que todo vuelva a su cauce normal.

Y si no, dentro de medio siglo nos tocará leer otro diario de un niño que se tiene que ocultar de unos mamones a los que no les parece bien que siga viviendo. En fin, despidámonos con una frase textual de Ana Frank:

El que es feliz, hace felices a los demás.

A la que yo añado: Por lo tanto, el que es infeliz…

Libros que leí: HISTORIA DEL ESTALINISMO (Víctor Alba, 1981, España).

En este caso, en vez de una foto mía sosteniendo el libro, he optado por colocar una captura de una de las muchas páginas sobrecogedoras con datos irrefutables del régimen estalinista.

Leer este libro me ha vuelto a mostrar una vez más la abismal diferencia entre el valor y el precio de las cosas. Si a mí se me ocurriera la tontería de vender esta ‘Historia del Estalinismo’ por Wallapop, me tildarían de loco si pretendiese cobrar por ella más de 50 céntimos, pues se trata de una edición vieja, en letra pequeña, con el texto algo borrado, las páginas desgastadas y la cubierta rota.

Una vez leído, os digo que es uno de los más valiosos manuales de historia que jamás he tenido en mis manos. Es una obra imprescindible para comprender el devenir del siglo XX y la política mundial. Antes de empezarlo, tenía un concepto muy contundente sobre lo que significa el comunismo y como afecta a la sociedad, tanto en su forma “combativa” previa a la revolución que siempre busca provocar, cómo en la “afianzadora” una vez el poder ha sido asaltado con éxito y ya no lo piensa soltar.

Contundente pero ingenuo y, por supuesto, incompleto. Este autor recién descubierto por mí, para mi suerte, desglosa con minuciosidad científica el origen, la evolución y el estado final del régimen al que dio nombre Stalin. Es de una inteligencia y profundidad impresionantes, y es un libro que deberían regalar en los institutos y en las universidades… si este mundo no fuese el que es, claro.

Comprender claramente cómo la precisa maquinaria que es el proceso ‘marxismo – revolución – guerra – dictadura del partido – tiranía personal – estado carcelario’ se ha llevado a cabo con trágico éxito en tanto lugares, y se ha intentado (y no logrado por bien poquito) en prácticamente todos los rincones del mundo, hace que uno se sienta abrumado por la calidad de la información que contiene este volumen, y se sienta agradecido a Víctor Alba, y a todos los que han pasado por las filas del comunismo militante y han tenido, con los años, el coraje de contarle a la humanidad en qué consiste este elaborado plan de exquisita sencillez y propósito cristalino. Ese propósito es la esclavitud. Una esclavitud perfeccionada y diabólica, una que no necesita cadenas.

Víctor Alba no comete errores. Es más, apenas llega a opinar. Simplemente conoce a los estalinistas, y sus métodos, y sus intenciones, y sus discursos, y su jerga, y sus evoluciones. Resulta increíble cómo hacia el final del libro, cuando se refiere a la “nueva izquierda” (aquella llamada estudiantil, que surgió a raíz del Mayo del 68), va y te describe a la perfección a los grupos de extrema izquierda actuales, cuyos líderes a lo mejor ni habían nacido cuando se escribió este libro.

El pequeño núcleo, en torno a una persona o una revista, es la forma más corriente. En cuanto surge en él una personalidad fuerte, se provoca una escisión. O ésta se produce en cuanto hay discrepancia frente a un problema –no necesariamente fundamental–. Falta a la nueva izquierda el aglutinante del poder, potencial o efectivo. En el fondo todos los componentes de la nueva izquierda están convencidos de que no conquistarán el poder. De ahí las escisiones, querellas por cuestiones bizantinas, personalismos e intransigencias.

No podría esta más de acuerdo. Y esto sucede, supongo, porque todos los “cabeza de cartel” de la nueva izquierda aspiran a convertirse en lo que Víctor Alba define, en la época estaliniana, como ‘burócratas’. Una palabra que utiliza mucho, en cierto tono despectivo, para referirse a las élites más acomodadas del régimen soviético, tanto de Rusia como de sus satélites. Porque esa es otra: al final, todo eso de que el marxismo buscaba la sociedad igualitaria ideal en todo el planeta era un cuento. Se trataba llanamente de transformar a Rusia en una superpotencia militar e industrial, y hacer del mayor número de países posible sus colonias, en donde la veneración al Stalin de turno y a la madre patria rusa fueran la nueva religión. Por esto, muchos países que adoptaron el socialismo rompieron con su “metrópoli” y se enemistaron de forma irreconciliable, más violentamente incluso que con naciones capitalistas. Y como ejemplo más llamativo, la China de Mao, ya que no se puede adorar a más de un dios.

Estas alianzas son inesperadas sólo para quienes no han comprendido todavía que el objetivo del movimiento comunista no consiste en mejorar las condiciones de vida de los pueblos o en hacer la Revolución, sino en defender los intereses de la U.R.S.S.

Volviendo a los ‘burócratas’ que tan poco afecto le suscitan al autor, digamos que eran los niños bonitos del régimen. Seguían viviendo dentro de una cárcel gigante, deprimente, atrasada y paranoica, pero al menos en una casa no tan chica, comiendo raciones no tan escasas y con una pequeña tele en blanco y negro, en vez de una radio vieja como la gran mayoría. Y lo más importante, un poco más a salvo de las arbitrarias purgas y detenciones que llevaron al 10% de la población a ser condenada a campos de trabajo en zonas apartadas. Esto siempre se hizo bajo el pretexto de ‘enemigos del pueblo’, ‘fascistas reaccionarios’, blablabla, pero en verdad era una forma de encubrir un plan de industrialización express en las áreas rurales de este inmenso país. Y es que es obviamente mucho más barato tener a presos obligados a trabajos forzados, que a trabajadores con un sueldo normal. Ese es el motivo por el cual una Rusia agraria y económicamente de segunda fila lograse en un tiempo record ponerse a la cabeza del mundo en industria, ciencia y ejército.

Si he de ponerle un pero al libro es que los comentarios acerca de la Guerra Civil Española y de su régimen subsecuente son bastante desacertados. Pero ya que los presenció y tuvo el atrevimiento de vivirlos en primera fila, qué menos que darles algo de crédito. Comete la equivocación de considerar idiotas a ciertos dictadores, empezando por Stalin, por el que rezuma desprecio en todas sus páginas. Es un error muy clásico, creer que los malos son tontos.

Otros comentarios interesantes que me parecían dignos de mencionar, son los siguientes, en los que el autor habla del estado reciente de las cosas (en el momento de la redacción del libro), particularmente en los referido a la muy errónea asociación que se hizo desde la década de los 70 del concepto izquierda-marxismo con los de libertad, paz, amor libre, ecologismo, etc:

(…) La emancipación individual, el de fomentar cambios en la conducta de la gente, cambios que unas veces son en protesta contra la sociedad y otras en busca de mayores libertad e identidad individuales, como la emancipación sexual, la de las mujeres, la emancipación con respecto a la obsesión del dinero, la emancipación con respecto a la “apariencia respetable” o el lenguaje “decente”. La nueva izquierda no ha provocado estas emancipaciones –que sin duda son producto de la misma sociedad postindustrial como reacción contra ella–, pero las ha ayudado y les ha dado una justificación teórica, olvidándose, de paso, que uno de sus héroes, Lenin, estuvo enérgicamente contra todas ellas, como lo estuvo Marx. Claro, eso fue en los 70, si viera ahora que casi todos los rojos se han convertido en unos censores puritanos de mierda…

Y este otro en que se ve que en cualquier época y país, los batablancas siempre han considerado a los individuos poco menos que como conejillos de indias con las que cualquier experimento por inhumano que sea está justificado:

Esto se debe, ante todo, a que los espías han sido sabios que trabajaban en laboratorios de investigaciones atómicas. Estos sabios, por fanatismo, entregaban datos a los agentes rusos. No sólo por fanatismo comunista, sino por espíritu tecnocrático que les hace ver en el régimen soviético la realización de sus sueños –o pesadillas–, de hombres para los cuales el orden, el método, la organización son superiores a la vida humana y a la felicidad. Por esto –síntoma alarmante y abrumador para el estalinismo– los sabios resecos y carcomidos por la ciencia son sus mejores agentes.

Y es mejor no seguir con las citas textuales del libro, porque todo él está repleto desde el principio hasta el final de párrafos para enmarcar. Solamente una más:

(…) Cómo tantos intelectuales y partidos pudieron defenderlo, obedecerlo y justificarlo en todo el mundo. Esta ceguera colectiva es lo de más compleja explicación. El tío lo escribió hace más de 40 años y ahí seguimos. Y seguiremos.

PELÍCULAS: hay una lista kilométrica de largometrajes históricos, de ficción y documentales en el artículo que publiqué sobre el film portugués Capitanes de Abril. Pero ahora únicamente recomendaré las películas que más directamente tocan el tema del estalinismo y de la Unión Soviética: https://jachi.es/capitanes-de-abril-o-como-mola-ser-rojo/

– El círculo del poder: obra maestra absoluta, desconocida cómo no (más bien silenciada adrede), en cuyos fotogramas se esconde la mejor descripción nunca hecha del régimen de Stalin.

Mr. Jones: sobre las hambrunas de Stalin, en este caso en Ucrania.

Embajadores en el infierno / Camino a la libertad: sobre los campos de prisioneros y los procesos judiciales de Stalin.

Rebelión en la granja: alegoría sobre la revolución rusa y la imposición del comunismo.

Ciudadano X / El niño 44 / Tetris: sobre la burocracia y sus exasperantes trabas en la U.R.S.S.

La muerte de Stalin: sobre las luchas y cacerías internas, en pos del poder.

Queridos camaradas: sobre la represión aplastante ante cualquier protesta en la Rusia soviética.

La fuga del capitán Volkonogov / Quemado por el Sol: sobre el terror y las depuraciones a los antiguos artífices de la revolución del 17, ya no útiles para los planes de Losif Stalin.

– La miniserie Chernobyl: sobre el colapso económico y burocrático de la U.R.S.S. y sus consecuencias directas.

Libros que leí: MISERY (Stephen King, 1987, Estados Unidos).

Para mí ha sido excitante ponerme al fin con una obra de un autor sobre el que tenía muchos prejuicios desde adolescente. A decir verdad, ya intuí que podía resultar más interesante de lo que creía cuando una noche, hace a lo mejor diez años, me quedé a dormir en el apartamento de Marta y, no pudiendo encender la tele para no molestarla mientras ella dormía en su habitación, encontré ‘Misery’ en una estantería del salón, y leí algunos capítulos.

Siendo además el génesis de docenas de largometrajes muy famosos, con algunos ejemplos de auténticas obras maestras, como CARRIE, EL RESPLANDOR y CADENA PERPETUA, yo no tenía derecho a no terminar leyendo ciertas novelas suyas, y supongo que ‘Misery’ es un buen comienzo.

En resumidas cuentas, se trata de un libro adictivo, curioso, de estilo sencillo y directo, algo vulgar, algo sensacionalista y muy centrado en la descripción de los personajes, más que de los lugares o los objetos. En este último aspecto, recuerda un poco a los guiones de películas, si bien gran parte de la novela está dedicada a los pensamientos, recuerdos y sentimientos del desventurado protagonista, el escritor Paul Sheldon.

Exacto, escritor. Me he dado cuenta de que hay muchos escritores en la prosa de Stephen King, y de que es bastante obvio que es él mismo imaginándose en situaciones de lo más truculento. Y es que, independientemente de si te gusta su forma de escribir o no, una cosa sí sabe hacer bien el de Maine, y es que un buen relato de ficción, sobre todo si trata de suscitar el morbo en el público, ha de llevar las cosas al extremo, provocando que los personajes y sus circunstancias vayan cada vez a peor, y a peor, y a peor…

Lo que viene siendo tensar al máximo, para finalmente liberar esa tensión, en el caso de Stephen King, con altas dosis de violencia casi siempre. Y se ve que aprendió a hacer esto desde el principio, porque su primera novela publicada, ‘Carrie’, ya sabemos todos cómo acaba.

Los únicos peros que le pongo a esta entretenida (y recomendable) lectura se encuentran en las trampas en las que el mismo autor a veces cae, y se enfanga en ellas, alargando el relato innecesariamente y haciéndolo previsible. Digamos que recurre a lo que en el cine de terror se llaman popularmente “jumpscares” (sobresaltos), y otros truquejos facilones que le restan seriedad a su escritura. Tendría que leer más libros suyos, en particular los más recientes para comprobar si se ha quitado ese vicio, o si lo ha empeorado, ya lo sabremos.

Lo más destacable para mí ha sido su forma de plasmar a sus fans. Annie Wilkes no es como en la extraordinaria peli de 1990, sino que es poco menos que un engendro lovecraftiano. Es un mostrenco de fuerza sobrehumana, aspecto aterrador, higiene discutible y, por supuesto, mente perturbada y sádica, que por añadidura cuenta con otros atributos como el egoísmo, el rencor, la astucia y la capacidad y la voluntad de manipular y mentir al que se le ponga delante. Más que una psicópata –que al usar el término “médico”, ya parece que se la disculpa por estar enferma– lo que es es gentuza. Es una mierdosa vil y miserable que, aislada de la sociedad no por propia voluntad (como dice ella y como dicen todos los aislados de la sociedad), sino porque absolutamente ningún ser humano podría aguantarla, al sufrir Paul su accidente en la carretera, ella ve un caramelo reluciente al que no renunciará jamás de los jamases.

No tiene sentido de la ética salvo el que aprendió de sus semejantes por mimetismo más que por otra cosa. Es una lerda intelectual, aunque avispada y astuta; o como en Andalucía decimos, que es tonta pero no está tonta. Estéticamente es una nulidad y una hortera, y como todos los mierdas egoístas que nos topamos a lo largo de la vida, se cree con pleno derecho a hacer las cosas que hace, dañen o no al prójimo. Para mí, después de leer con rapidez el libro (más rápido que otros libros, quiero decir, por su estilo ligero), Annie Wilkes es ante todo una cínica de mil demonios. Y me gusta que Stephen King haya tratado con la gente suficiente como para darse cuenta de que estamos rodeados de ellos.

Por otra parte, me sorprendió comprobar que no es uno de esos narradores cutres que venden millones de ejemplares contando patochadas de mil páginas. En realidad, hay algo de profundidad y de compasiva humanidad en sus relatos. A veces, eso sí, abusa de las comparaciones, del tipo ‘vi un pájaro cuyas plumas se balanceaban como un niño en su columpio’ y de ese rollo, continuamente, y a mí al menos se me hicieron un poco cansinas. Más que nada porque no me hace falta tanta ayuda para imaginarme algo que estoy leyendo.

En lo referente a su versión cinematográfica, sólo decir que me alegro muchísimo de que decidieran hacerla sutil, elegante y para el gran público. Porque al margen de sus virtudes innegables, el libro de ‘Misery’ es de todo menos sutil, elegante y para el gran público.

Y a continuación, algunas citas que me pareció interesante subrayar:

Comprender a un psicótico es fácil cuando se le sigue la corriente.

Era la perfecta espectadora, una mujer que adoraba las historias sin que le importara el mecanismo de su construcción. Era la encarnación de aquel arquetipo victoriano: el Lector Constante (…). Annie habría visto los quince episodios en una noche aunque le doliesen los ojos y acabase con dolor de cabeza. Comentar con respecto a este pasaje, que he conocido a unas cuantas brujas cuya única pasión en la vida parecía que era verse tal serie de moda de Netflix o de Amazon, devorando sus catorce temporadas en tres noches.

Los depresivos se suicidan. Los psicóticos, mecidos en la cuna venenosa de su propio ego, quieren hacer el favor a todos los que les rodean de llevárselos con ellos.

Es bueno tener un poco de talento si quieres ser escritor, pero el único requisito auténtico es la habilidad para recordar la historia de cada cicatriz… El arte consiste en la persistencia de la memoria. Supongo que por esto la mayoría de la gente no es artista. Porque la gente en general, tiene la memoria cortísima. Resetean todos sus recuerdos cada seis meses, aproximadamente.

He tratado con la prensa. Quieren las dos cosas de siempre, que usted la cague mientras están rodando y que alguien pague los Martinis cuando llega la hora de las copas.

Esperar era correcto y luchar noble, pero al final sólo contaría el destino.

Libros que leí: UN YANKI EN LA CORTE DEL REY ARTURO (Mark Twain, 1889, Estados Unidos).

He tenido que dejar el libro por mitad, no he sido capaz de más tormento. E iré al grano con mis razones: Hank Morgan, el protagonista de esta historia, es un mierda al que no puedo soportar ni una línea más.

Curiosamente, en la página 95 llega a decir textualmente, yo no soy mejor que los demás. Lo que tiene gracia, pues los necios que dicen esa frase redundante y de perogrullo en voz alta precisamente se creen muuuuuucho mejores que los demás, con lo que se confirma su repelente jactancia.

Manda huevos que el accidente que propicia el viaje en el tiempo le tuviera que ocurrir a un pedante que no para de pontificar a la menor oportunidad. Y además, Twain, experto y todólogo, predica acerca de todo lo que se nos ocurra: moda, alimentación, política, historia, sociedad, economía, derecho, administración, industria, ética y, por encima de todo, religión. Como buen presbiteriano congregacional del octavo año bisiesto mormónico-metodista, es un feroz crítico (aunque sería mejor acuñar el término “odiador” para personas como él) de la Santa Madre Iglesia, o lo que es lo mismo, un sectario sabelotodo. Quiere ser Jonathan Swift con su Gulliver, pero le sale mal mal mal (y con toques de El Quijote, dicho sea de paso). Carece de la sutileza y la sensibilidad de aquél, por tanto esta novela es mucho menor en todo aspecto.

Sus sermones aburren, si estás de buen humor, y provocan nauseas si estás del malo. Un moralista fanático y coñazo, que juzga con ligereza e ignorancia a todo el mundo menos a él. Y su alabanza siniestra de la Revolución Francesa… ay Dios. Atended: La verdad que todo esto se parece a lo que uno lee acerca de Francia y de los franceses antes de la por siempre memorable y bendita revolución, que barrió mil años de tales infamias en un rápido maremoto de sangre, en uno solo, es decir, en una liquidación de aquella vieja deuda en la proporción de media gota de sangre por cada veinte cántaras de la que había sido arrancada al pueblo mediante torturas lentas en el lastimoso transcurso de diez siglos de injusticia, de vergüenza y de miseria, que no encuentran comparación sino en el mismo infierno. Me llevó un rato percatarme de que no había sarcasmo en esta declaración. Ni en esta otra salvajada, propia de un burgués irresponsable y trivial (exactamente igual que los de ahora): (…) A pesar de todas las bellas palabras y de todo cuanto se ha filosofado en contrario, ningún pueblo del mundo consiguió su libertad mediante charlas untuosas y argumentos de índole moral, porque es una ley inmutable que todas las revoluciones que han de triunfar tienen que empezar con sangre, adopten luego la actitud que adopten. Si la Historia enseña algo, es esa lección. De modo, pues, que lo que aquella gente estaba necesitando era un reinado del terror y una guillotina (…). Valiente capullo, de verdad.

Tiene, en efecto, ramalazos marxistas cuando también habla de regular los precios (una fantasía totalitaria de tantos y tantos idiotas). Y al mismo tiempo, se compara con Jesucristo cuando le dice a un futuro “discípulo”: No seréis esclavo de nadie. Reunid a vuestra familia y marchaos. Vuestro señor el obispo confiscará vuestros escasos bienes, pero no os importe. Clarence os establecerá a vuestra comodidad. Le faltó añadir ‘abandona todas tus riquezas y sígueme’. Lo cual tiene gracia, porque el libro es, como ya he dicho, profundamente anticlerical, moda de su época.

Hay que decir, no obstante, que Mark Twain tiene destellos inteligentes, propios de alguien maduro que conoce la vida y el mundo: Es frecuente que las pruebas mudas circunstanciales hablen en tono más alto y con mayor claridad que ninguna lengua de testigo. / Cuando el preso ha perdido ya el espíritu, las cadenas están de más. / etc.  Pero le pueden sus impulsos de superioridad moral. El 60 por ciento de las páginas son para sermonear, y lo que queda es para narrar una historia no muy bien contada, con particular exceso de repetición de palabras.

El relato está expuesto casi como si pretendiera ser una obra de teatro que trata de provocar risotadas entre el público con sus supuestos “puntazos” hilarantes, y no dudo que el autor lo intentase llevar al escenario de su ciudad para colmarse de aplausos fáciles. Pero como novela ya os digo yo que es un plomo. Y en determinados pasajes, incluso cursi y ridículamente apasionada.

Sí, el narrador es una suerte de monologuista graciosillo, vehículo de la fantasía del faltón escritor, empeñado éste en humillar lo más posible a los héroes clásicos, no acierto a comprender el motivo, aunque me inclino que por llana frivolidad: por hacer unas risas, por dárselas de.

Además, obcecado en alimentar los mitos medievales, al tiempo que se burla de ellos (supongo yo que por hastío de tanta obsesión con aquella etapa histórica, que se produjo en los últimos estertores del Romanticismo), no para de repetir lo de que la gente en la Edad Media no se lavaba. Y ni todos los perfumes, aceites, jabones y cremas que se han encontrado los investigadores en los castillos, las altas residencias y los palacios, convencerán a este necio de Mark Twain de lo gilipollas de sus ideas: la peña en el medievo era asquerosa, subnormal y daba pena, punto. ¡Menos mal que he venido yo a recordároslo!

No voy a atormentaros más con la cascada de imbecilidades y sandeces que el autor es capaz de proferir ufano él en su librucho. Sólo deciros que los progres existen desde siempre. Y siempre con ese complejo de superioridad tan adorable.