
He aquí un libro que empecé a leer con 15 años, y que no te terminado hasta hoy. Me gusta cerrar puertas abiertas del pasado, al igual que me gusta pagar las muchas deudas que he contraído en estos 43 años. Cada vez que lo hago, siento una sensación muy satisfactoria y estimulante.
Este compendio de artículos epistolares más o menos ingeniosos fue escrito por Juan Pablo I, y publicado en forma de libro poco antes de tener lugar su brevísimo papado. Se lo dedica a personajes tanto reales como ficticios, ninguno vivo en el momento de su escritura en cualquier caso. Esto incluye a autores como Charles Dickens, a personajes de novela como Pinocho, a santos como Santa Teresa, y al mismísimo Jesucristo.
Aprovecha un poco forzadamente un diálogo con estas personas para disertar sobre temas que eran de la preocupación del autor, como la familia, la modernidad, el feminismo, la moda, la tecnología y su impacto en nuestras vidas, la ética… Desde mi punto de vista, el señor Luciani era bastante progre (dentro de su círculo), y estaba claro que se alineaba con las “modernas” doctrinas promulgadas por el reciente Concilio Vaticano II. Hoy la gentuza de la televisión y los zombis que aún la ven, le llamarían fascista.
Aunque a veces se trata de unas palabras aleccionadoras e inspiradoras las de Illustrissimi, debo decir que no las redactó un escritor consumado (cosa que él mismo reconoce, por otra parte). Pese a que no escribe mal, su empeño en citar constantemente a otros autores, a noticias de las prensa y a artículos muy variados, hace que la idea que quiere expresar se diluya. ‘El papa de la sonrisa’ no se centra realmente en el destinatario ficticio de su misiva, y se pone a divagar sobre esto y aquello, y sobre lo que dijo una vez Fulano en tal novela, y lo que le pasó otra vez a Mengano en el siglo XIII, y etcétera, etcétera. Así en todos los párrafos de todo el libro. Creo que le faltó cierta valentía a la hora de expresarse como él mismo, y recurrió a las palabras de muchos otros. Si bien es verdad que en según qué temas puntuales, sí que deja clara su posición más o menos inamovible –como con el aborto–, y eso a pesar de lo mucho que se esfuerza en ser “guay”, para hacer llegar su mensaje supuestamente a los más jóvenes. Empeño infructuoso, bajo mi parecer.
No es de lectura obligada, pero sí curiosa y, ya sólo por conocer todas las referencias históricas y artísticas de las que habla, puede conducir a nuevos aprendizajes valiosos, indirectamente.