
Llegó el momento de hablar de este autor que acabo de descubrir y disfrutar.
Como lo que escribe no son relatos de ficción sino crónicas satíricas de sus propias vivencias, lo mejor es que copie y pegue las frases que he ido subrayando mientras me regocijaba del fino e irónico sentido del humor de Larra. Me regocijaba y también compadecía, a una inteligencia que poco a poco se va separando de los seres que la rodean, y se va sumiendo cada vez más en la soledad, y después en la amargura, y finalmente en la desesperación.
Es triste saber que un talento tan grande se hunde por culpa de no gestionar bien las chifladuras grotescas y los sinsentidos de la sociedad. La de 1830, la de 2025, la de antes de Cristo, y la del año 5000. Aguantar estoicamente todo lo que vemos por la ventana de casa o por la ventana de las pantallas que tenemos sin volvernos locos es todo un ejercicio de madurez, equilibrio y frialdad casi imposibles de lograr.
Fígaro no lo logró, pero al menos nos quedan estos excelentes artículos, con los que algunos aprenderán algo. Y podría extenderme sobre el contexto en que se enmarcan sus desventuras: guerras carlistas, enfrentamientos entre liberales y absolutistas, fiestas de Madrid, pena de muerte, censura… Todo interesantísimo, pero lo mejor será que leáis vosotros su obra.
- De ciencias y artes ignora lo suficiente para poder hablar de todo con maestría. Haciendo una desternillante descripción de un sobrino suyo, personaje triunfador y querido por los demás (un perfecto patán).
- ¿Es por ventura un apetito desordenado de hallarse donde se hallan todos, hijo de la pueril vanidad del hombre? Aquí ya vamos viendo cómo se desprecia a sí mismo por sentir la necesidad (natural por otra parte) de estar acompañado, no forzosamente de gente de su mismo nivel intelectual.
- Suponte por un momento, aunque te pese hasta el figurártelo, que eres español (no te aflijas, que esto no es más que una suposición). Me temo que Larra desconocía que la gente es profundamente imbécil en todos los lugares del mundo, pero de hecho, eso es también muy típico del español: mitificar lo extranjero, menospreciar lo patrio.
- Nada más fácil que obedecer. Esta frase viene en un artículo titulado ‘Lo que no se puede decir, no se debe decir’. Sobran comentarios.
- Rara vez se encuentran dos amantes en igual grado de pasión. Amarguras sobre desamores, indigesto plato cuando eres joven.
- La imaginación más acalorada no llegará nunca a abarcar la fea realidad. Absolutamente de acuerdo.
- Los teatros. Aquí reposan los ingenios españoles. Ni una flor, ni un recuerdo, ni una inscripción.
- Todos tenemos algo de calaveras más o menos. ¿Quién no hace locuras y disparates alguna vez en su vida? ¿Quién no ha hecho versos, quién no ha creído en alguna mujer, quién no se ha dado malos ratos algún día por ella, quién no ha prestado dinero, quién no lo ha debido, quién no ha abandonado alguna cosa que le importase por otra que le gustase? ¿Quién no se casa, en fin?… Todos lo somos. He aquí los lamentos de una persona herida.
Una de las razones por las que me sentí identificado con estos textos, es porque el autor citó en uno de ellos una frase de Terencio muy importante para mí: Homo sum et nihil humani a me alienum puto.
HOMBRE SOY Y NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO.