
Pensé que me encontraría con una biografía de la icónica actriz, y por eso empecé este librito por suerte nada conocido, perteneciente a un autor con poco crédito pero mucho más del que merece. Su estilo ramplón y pedante y recargado y mamarracho me sacó de quicio desde la primera página, y al final esta “biografía” lo que es es una mariconada pseudo-poética de la que os voy a poner fragmentos para que veáis que no me lo invento.
Durante todo el invierno, los hielos se obstinan en tender sus alfombras sobre el agua. Cada noche, los ángeles de las cumbres, los ángeles del Polo, llegan hasta los mares interiores y clavan, de orilla a orilla, sus tapices blancos. Uno sobre otro, cada noche hacen más espesa la alfombra. Se osbtinan en ocultar, en cercar, en aprisionar el agua mansa, débil y tímida, de mares sin oleaje.
Haceos cargo de que yo no voy a perder más tiempo del imprescindible con obras literarias mediocres como esta, producto de poetas frustrados que adornan su prosa con mil florituras para hacerla pasar por hermosa. Y lo que hace es atufar a perfume y licores baratos.
Sus chistes racistas sin gracia, su obsesión con los desnudos (menciona ‘mujeres desnudas’ unas cien veces), su fetichismo pasional hacia la Garbo y las repeticiones constantes como recurso “embellecedor”, hacen de su trabajo una obra completamente inútil.
Mujer –mujer: carne, nada– hecha de sueños de arrebatos, de tentaciones. Mujer –mujer: carne, todo– hecha fuego, de pasión, de pecado.
Así se refiere a la actriz cuya leyenda no aspira ni a documentar, porque este libro no vale ni para informarse. Y otra cosa: ¿por qué se empeñaría tanto en decir Stockholm en lugar de Estocolmo? Qué pedantería, pero bueno, si la lleva hasta el final… Pero no, resulta que cuando habla de Göteborg, se refiere a esa ciudad como Gotemburgo.
Al amanecer, todavía se divisa, lejanamente, Suecia. Pasan por las costas de Gotemburgo. La cordillera muere en el mar. Y el mar se hace, aquí, ancho de agua y de luz. Greta despide a su nación con los gritos de las ocas salvajes de Nils Holgersson: ‘País bueno y fértil, país bueno y fértil’ (…). Y después, Océano. Stockholm sigue mirando a Rusia. Mar Báltico. Cordillera. ‘País bueno y fértil, país bueno y fértil…’
En fin, un casposo y un idiota cuya lectura desaconsejo.