De una película divertida, entrañable y humana, pasamos a una sórdida tragedia acerca de la autodestrucción (y en el caso de la de los años 70, muy centrada en el romance). La última es aberrante sin más.
Esta última versión de 2018 está menos emparentada con las A STAR IS BORN clásicas que con PRETTY WOMAN o 50 SOMBRAS DE GREY. La ignoré por años considerando que seguramente iba a ser una versión ligera y chorra, simplemente. Y al principio de verla creí que efectivamente iba a ser mala; luego vi que era un ñordo; pero en verdad lo que es es una parodia (si la hubiese dirigido Mel Brooks, me encajaría). Inferior a la del 37, indigna de la del 54 y parodia de la del 76.
Es malísima en todos los frentes, pero en el del guion se lleva la palma:
Básicamente un tío rico, famoso y atractivo entra en un bar gay desesperado por una copa (¿?).
Casualidades, empieza a cantar una tía disfrazada de fea una muy regulera versión de ‘La vie en rose’, y el colega se prenda de ella (quién no lo haría).
Entra al camerino y el tío descubre que al quitarse el disfraz, la tía es más fea aún. Por supuesto, se enamora al instante.
Salen por ahí y ella le pega a un nota que quería sacarse una foto con el famoso. Todavía me pregunto por qué, y supongo que antes de morir podré pedirle a alguien del equipo de guionistas que me explique esa escena.
El supuesto guaperas (muy sudoroso eso sí) le pide a su nueva amiga que le cante un tema de los que compone en medio de un aparcamiento (sí, también compone, es una crack, pero los ¡MALDITOS TÍOOOOOOOS! nunca la dejaban brillar). Y cuando ella lleva media estrofa ahí a capela, él le dice que es la mejor canción que jamás ha escuchado.
Estamos en el minuto 20 y el resto puedes escribirlo tú. Por limitado que seas, lo más probable es que aciertes sobre lo que pasa a partir de aquí.
Bradley Cooper empieza a caerme gordo, porque que vaya de guapo pase, pero que vaya de buen actor… Habla hacia abajo todo el rato, y todos hablan al mismo tiempo que otros (qué daño ha hecho Woody Allen). Ah, y se la pasan llorando la mitad de la peli casi todos. El doblaje tampoco ayuda.
Lady Gaga actúa peor que Janet Jackson (que ya es decir) y que Mariah Carey (que ya es MUCHO decir). Si le añades que es más horrenda que un frigorífico por la parte de atrás, no me negaréis que el mundo del cine ha ganado muchísimo con su inclusión; en un alarde de sinceridad involuntaria, la peli lo dice: ‘eres fea de cojones’.
Tres guionistas sólo para alimentar el insaciable ego de estos dos flipados. A la Lady Gaga no le bastaba con salir hasta en la sopa (Simpsons incluidos) y ser multimillonaria. Tienen que hacerle un guion donde literalmente dicen que es perfecta, ensalzamiento total, idolatría. Recauda la peli más de 400 millones. Paren que me bajo.
Yo no les diría a las que sueñen con convertirse en ases de la música que tengan ilusión porque en cualquier momento un tío guapo y famoso se enamore de ellas, y les mande un avión privado a su casa para llevarlas a su gran concierto, y las saque al escenario y, sin ensayos ni pruebas de voz ni nada, canten y se hagan unas superestrellas en 5 minutos.
Les diría que vuelen a la isla de Epstein. ¿Y una vez allí? Nada, ya les dirán lo que tienen que hacer.
El gran Alexander Payne, director cinematográfico, con una de las filmografías mas interesantes y extensas de la historia contemporánea como “Entre copas”, “Una vida a lo grande”, la extraordinaria “Nebraska”, “Los descendientes”, “Election”, “About Schmidt”, “Citizen Ruth”, “Paris, je t’ aime “, Parque Jurásico III”, “Sideways”, etc. , acaba de estrenar una brillante película, una de las mas interesantes, si no la mejor, del año 2023.
En LOS QUE SE QUEDAN, el excelente guión de David Hemingson, nos demuestra que la mayoría de las obras de arte consisten en contar muy bien una gran historia, el teatro , el cine, la novela, incluso un cuadro, tienen que contarnos algo que nos sorprenda y apasione, una historia que nos ayude a comprender y a aceptar nuestra propia vida y a nosotros mismos.
Está ambientada en 1970, en un colegio , una escuela preparatoria en Nueva Inglaterra, las vacaciones de Navidad son inminentes y algunos estudiantes no podrán viajar para estar con sus familias por varias razones y tendrán que permanecer en el colegio en compañía del profesor Hunham (Paul Giamatti), un hombre severo, al que odia la mayoría del alumnado y el claustro de profesores. Hunham no va a permitir que sus estudiantes disfruten de las vacaciones. En el cálido rostro del maravilloso actor está reflejada toda una vida de decepción, fracasos y desengaños, su impopularidad le acompaña en su trayectoria profesional, sin embargo a lo largo de esta comedia dramática descubriremos su extraordinaria sabiduría y humanidad, interpretada con la delicadeza y el enorme talento de este poderoso artista de la interpretación. El personaje se enfrenta a niños ricos en un colegio privado, es un profesor de historia y a través del estoicismo pretende que sus alumnos valoren la justicia, la honestidad y adquieran la dignidad personal que predicaba Cicerón.
Así se le agrupa con un adolescente brillante pero conflictivo (Dominic Sessa) y ambos se quedan con una cocinera negra, Mary (Da´Vine Joy Randolph), una poderosa actriz que acaba de ser galardonada, junto a Paul Giamatti, con el Globo de Oro por su trabajo en esta prodigiosa película que recuerda a la gran novela americana, y a las historias que el cine nos proporcionaba en los años en que el film está ambientado.
El guionista ha construido una historia de tres personajes obligados a pasar la Navidad juntos, escrito con una sensibilidad que huye del sentimentalismo para contarnos un relato duro y melancólico, tres personas perdidas que encuentran puntos en común, en un lugar aislado en Nueva Inglaterra, mientras el mundo celebra la Navidad. El profesor es un magnifico docente y no sólo formará la mente de su alumno sino que, a través del discurso varonil y moralizante de Cicerón: …”hemos nacido bajo la ley de que nuestra vida está expuesta a todos los golpes de la Fortuna y de que no debemos rechazar que vivimos bajo esta condición con la que hemos nacido y acordarnos también de soportar sin tanto pesar esas desgracias que no podemos evitar con ninguna previsión, y de pensar que recordando las vivencias de otros ningún suceso sorprendente nos acaecerá”, conseguirá que el joven madure y se disponga a dirigir su vida en el camino adecuado.
El personaje de la cocinera es excelente, ella es la prueba de que, para algunas personas “la vida es como la escalera de un gallinero, estrecha y llena de mierda” tal y como el profesor define su tragedia personal cuando un zafio alumno la menosprecia. Hace pocos meses que su único hijo murió en la guerra de Vietnam, con veinte años. Le mandaron al conflicto por carecer de medios para ir a la Universidad y ahora está muerto. En una escena en la que bebe una copa de más, en una cena de Navidad, y se derrumba llorando recordando a su hijo, la enorme Da’Vine Joy Randolph demuestra que no tendrá rival en los próximos Oscar como actriz de reparto, los recientes Globos de Oro así lo han demostrado.
El sabio guión describe a unos personajes que, como los antiguos griegos, tienen un sentido trágico de la existencia y mediante el maestro, reivindica la educación, la sabiduría, la formación intelectual, la disciplina y el esfuerzo. Por eso hay que ver THE HOLDOVERS, su título original, en versión subtitulada, Giamatti tiene un inglés perfecto, con una dicción extraordinaria, y durante toda la película emplea un lenguaje culto. El magnifico director ha cuidado con esmero las interpretaciones para que se perciba la inteligencia y educación de cada personaje. Hay matices, en inglés que no se aprecian en el doblaje, ni en los subtítulos. El lenguaje que utilizan el profesor y el alumno es superior y más educado que el del resto de personajes, incluso la negra cocinera habla mucho mejor cuando lo hace con Hunham que con los demás. Hasta en las puyas que se meten usan un idioma más elevado que el resto de personajes. Un alumno japonés también es muy educado, con una pronunciación exquisita frente a otro rubio americano y agresivo más vulgar que ellos.
En una estupenda escena, en el coche, en la que el muchacho quiere hacerle una pregunta indiscreta al profesor, la expresión que utiliza es “Can I be candid?”, es decir, “Puedo ser cándido con usted?”, con esa frase lo que pregunta es si puede exponerse ante el profesor aún a riesgo de recibir una reprimenda. En lenguaje normal la pregunta sería “Can I be honest?” Incluso “Can I be brutally honest?” La diferencia es que con esa expresión, uno no se expone a ninguna reprimenda, se está diciendo algo desde una posición de superioridad, mientras que la que el chico utiliza es de sumisión.
Es muy estimulante y esperanzador contemplar una película en la que sus personajes sufren y están sometidos a la aflicción que les ocasiona la vida, pero buscan el consuelo en un código viril y saben que su valor tiene que estar a la altura de sus conocimientos.
El profesor regala a sus amigos en Navidad el libro de las Meditaciones de Marco Aurelio, incluso a la cocinera que no comprende la intención. Y cuando al final su heroicidad salva al muchacho, acepta el destino que le imponen los necios, con melancolía, esa dura melancolía que respira todo el film. De nuevo como Cicerón aquella alegría con la que sazonaba su tristeza, la ha perdido para siempre; la constancia y la firmeza de su ánimo y de sus palabras no se echarán en falta en el colegio, excepto en el recuerdo de la cocinera y en la aprobación y el agradecimiento del muchacho.
En esta maravillosa película hay dos personas de inteligencia superior, que tras retarse mutuamente terminan reconociéndose uno en el otro, y en la diferencia con el resto, y su insoportable mediocridad. Al final, ambos se resignan a ser superiores intelectuales en un mundo de mediocres, lo entienden, y lo aceptan.
Seguramente no es una película para todos, pero si aman el cine y una dirección magistral no se pierdan esta gran obra maestra.
El humor blancuzco encierra tras de sí más maldad de la que cabe esperar. Es mil veces más beneficioso para la salud y para el alma el humor retorcido que tan “mala prensa” tiene de ‘Padre de familia’, de ‘South Park’ o de ‘Los Simpsons’
Esto ya no son superhéroes, son más bien infrahéroes. Las películas de Marvel y compañía ya son insoportables. No las puedo aguantar más: son la muerte, la ruina, el tedio, el destrozo.
Y ni siquiera tiene que ver ya con las ideologías de todo a cien que le meten con calzador para complacer la moda de ese cuarto de hora en concreto. Ya es ignorar de forma intencional y maligna cualquier atisbo de narrativa, de construcción de personajes, de desarrollo, de tramas, de tensión dramática, de ambientación…
Es cine hecho por la inteligencia artificial. Es el anti-cine. Es inhumano. Y si personas adultas hechas y derechas afirman que se emocionan viendo esto, y no se les cae la cara de vergüenza, el problema ya no lo tiene el cine solamente, sino que es algo más global. Sin dejar de mencionar que cada nueva que sacan los chiflados de las productoras recauda más que la anterior, así que el hecho contrastable y empírico de que a la gente le gusta tragar mierda ha quedado demostrado científicamente.
En lo particular, esta tercera de los Guardianes tiene cuatro características esenciales:
– Grandilocuencia pedante e impostada.
– Humor blandurrio (dizque) familiar.
– Cursilería pseudo-romántica.
– Ligereza adolescente y plebeya.
Tiene la facultad de saltar de gracietas frívolas a emotividad casposa y barata en cuestión de segundos, y al reverso. La pasta desembolsada para este espanto es de tal magnitud, que el público al que va dirigido abarca todo lo abarcable: bebés recién nacidos, infantes, niños, niñatos, púberes, púberes persistentes (la mayoría de la población hoy en día), mujeres que no se quieren calentar la cabeza y, básicamente, el resto del mundo. Y claro, como hay que contentarlos a todos, la mezcolanza de tonos en una sola película (eso sí, de unos interminables 150 minutos) es descabellada, disparatada y ridícula.
Yo soy un fanático del entretenimiento como norma suprema. Pero si una película de estos rasgos y atributos ya me atrae menos que ver llover a través de la ventana, o quedarme mirando embobado el fuego de mi chimenea, es que la obra es un absoluto desastre.
El bochorno casi se hace materia palpable cuando ves esta aberración, al buen gusto, a la decencia y al cine
Este comentario pretende destilar desprecio a todos los mamarrachos, impostores, progres, cretinos, analfaburros, chulos, lloricas, eco-diversos, flipados, mediocres, catetos, globalistas, gili-wokes, ateos, borregos, esclavos conformes, vakunados orgullosos, covidiotas, maleantes, sociatas, indolentes, críticos de cine, ofendiditos, frívolos incurables, enteraos, maricones, millennials, flojos de la vida, gafapastas, subvencionados, tik-tokers y a todo aquel que ría y sea feliz con la fauna que campa alegremente por nuestras pantallas, y a todo espécimen que se sienta satisfecho con la situación actual y más aún con la que se nos viene encima.
Voy a saltarme el fracaso de los 144 minutos a la hora de procurarme una sonrisa o un leve entretenimiento. Y tampoco hablaré mucho sobre su repugnante personaje principal, o su guion intragable de humor pueril caca-culo-pedo-pis pero dirigido a cuarentones. Me ceñiré a una cuestión de sensaciones íntimas.
Cuando vi a Batman en ese estado lamentable, me sentí agredido personalmente. Puede que para el actor no tenga ningún significado salvo el dinero que le pagaron. Pero para mí y muchísimos como yo, ver rebajada y humillada una figura ligada a la admiración, al heroísmo y a la ilusión infantil, y además verla así de forma tan gratuita y absurda, fue de llorar.
Y os digo, príncipes de la degradación:
Satanizad el cine, la música, la literatura, todas las artes… Pero hacedlo utilizando vuestros propios minions, vuestros propios soldados, vuestras propias creaciones abominables. Sacad vuestras garras corruptoras de nuestros emblemas y de nuestros recuerdos. Ahí no tenéis permiso para entrar. Salid y no mancilléis la nostalgia y el cariño que aún conservamos por nuestras heroínas y nuestros campeones. Por más que intentéis repintar el mural con vuestra pintura maléfica, por debajo siempre será como lo recordábamos. Ese mural jamás conseguiréis borrarlo.
Queréis regrabar sobre la cinta de nuestra cabeza, y sustituir a nuestros héroes por fantoches sin carisma ni ética. ¿Y por qué? Pues porque sabéis que son asideros emocionales muy arraigados en nuestro ser, a los que acudimos en momentos de flaqueza y de confusión. Y sabéis que si los destruís, seremos más débiles y podréis atacarnos con aún más impunidad. Pero por mucho Indiana Jones, Buzz Lightyear, Terminator o Batman que saquéis de la vitrina para despedazarlos ante nuestros ojos, los verdaderos (aquellos de nuestra época) jamás desaparecerán. Siempre estarán ahí cuando los necesitemos.
Los malvados se obsesionan siempre con reescribir la historia. Es obvio para qué. Para bajar del podio a sus enemigos triunfantes y colocarse ellos, así de simple. Y que nadie recuerde a los valientes que les plantaron cara y les vencieron en el pasado. Y que sólo se recuerde lo que ellos dicten. Pero he aquí uno que tiene la mala costumbre de jamás olvidar. Y mientras quede aunque sea solamente uno para recordar el pasado tal y como era, todos sus trucos y engaños habrán sido en balde.
Los carteles de la época nos adelantan el infierno por el que vamos a pasar… ¿o ya estamos pasando?
Aunque para ser precisos, vamos a tratar también algunos precedentes destacables de finales de los 60 y algunos representantes más tardíos de esta tendencia en los inicios de los 80. Digamos que las películas que voy a mencionar en esta columna se stiúan entre 1966 y 1984, año este último muy simbólico precisamente por la novela futurista por antonomasia. Naturalmente, no mentaremos el cine escapista de enorme popularidad de este tiempo tipo LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE ni SUPERMAN (incluso James Bond viajó al espacio en esta década con MOONRAKER).
Veréis, mucha gente cree que el cine de ciencia-ficción predice o profetiza el futuro, pero esto obviamente no es así. Hay incluso una corriente de pensamiento en la actualidad que considera todas estas obras (que a menudo son francamente aterradoras) como “primado negativo”, es decir, un plan maestro urdido por los de allá arriba para ir haciéndonos el cuerpo sobre lo que tienen preparado para nosotros y de este modo, que lo aceptemos de mejor grado.
No estoy de acuerdo. Lo que pienso yo es que grandes escritores y guionistas con mucha intuición y sensibilidad se dieron cuenta de movimientos, tendencias y modas francamente perniciosas para la sociedad que estaban ocurriendo en ese momento, no que ellos adivinaran que iban a ocurrir. El futurismo (el de verdad) por tanto no te adelanta lo que va a pasar, sino que explica lo que ya está pasando.
A la gente no le gusta que le den un sermón acerca de lo mucho que la está cagando. Los profetas del fin del mundo suelen ser tratados de lunáticos y la mayoría ni se molesta en escucharlos. Así que los autores con cierto genio disfrazan su mordaz crítica con fábulas fantásticas. Uno de los ejemplos más clásicos es el de Los viajes de Gulliver, en que Jonathan Swift construye todo un mundo increíble y mágico sólo para poner a la sociedad inglesa ante el espejo. Y si en los años sesenta tenían mucho éxito las pelis de cohetes espaciales y de viajes a Marte, los buenos guionistas aprovecharon la ocasión y brindaron a la gente entretenimiento, y a la vez, un buen rapapolvo sobre ciertas prácticas y comportamientos.
Son bastante explícitos los simbolismos de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES, el totalitarismo cultural de FAHRENHEIT 451 y el totalitarismo racial de EL PLANETA DE LOS SIMIOS, no siendo ninguna de estas películas particular santo de mi devoción, pero les atribuyo un gran mérito. Por supuesto, sólo unos pocos somos sensibles al subtexto que albergan, mientras que el grueso del populacho simplemente querrá una y otra y otra secuela más de la peli de zombis o de simios de turno para echar el rato. Es por esto que yo pongo muchas veces en entredicho la “utilidad” del cine distópico o satírico.
Una prueba muy clara de esto último que digo está en que las historias que cuentan algunos de los largometrajes a los que me voy a referir son sorpresivamente apasionantes, pero por desgracia no han trascendido demasiado y han acabado olvidadas. Por ejemplo, la película de 1972 PROHIBIDO TENER HIJOS posee un guion extraordinario en que Max Ehrlich y Frank de Felitta ya nos previenen sobre la tendencia de los gobiernos de meterse en nuestras vidas privadas y en nuestras costumbres más íntimas, usando para ello a las fuerzas de “seguridad” del estado con toda la brutalidad necesaria para cumplir sus siniestros designios (es más, en China esto fue una pesadillesca realidad durante décadas).
En otro ejemplo en la otra obra de George Lucas de ciencia-ficción, la no tan conocida THX-1138, se pone de manifiesto la falta de humanidad (empatía, comunicación, amor, piedad, etc) que nos depara el futuro… o mejor dicho, que ya Lucas y Walter Murch observaron en aquel 1971.
Pero hay que decir que si muchas de esta películas pasaron desapercibidas para el gran público, no fue así para cineastas posteriores. Porque COLOSSUS, EL PROYECTO PROHIBIDO es de 1970 y tiene un argumento sospechosamente parecido al de TERMINATOR, que es 14 años más moderna (o JUEGOS DE GUERRA, del 83). Otra demostración más de que los espectadores le conceden crédito a la obra entretenida, y no necesariamente a la original (en efecto, COLOSSUS es algo lenta, pero me parece impresionante que en 1966 –año de la novela– un señor llamado D.F.Jones vaticinara que un súper ordenador pudiera llegar a suponer un peligro para la especie humana).
Este miedo también lo reflejó Michael Crichton en la peli de culto ALMAS DE METAL (WESTWORLD), de 1973, en que los cyborgs se convierten en una amenaza para sus creadores (tema también tocado en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que dio lugar como ya sabemos de sobra a la película BLADE RUNNER en 1982). WESTWORLD tuvo por cierto una secuela en 1976 titulada FUTUREWORLD, en la misma onda sólo que más chabacana.
La constante del pensamiento futurista en esta época creo que se sintetiza en que los avances técnicos y científicos no caminan a la par con una responsabilidad y humanidad acordes, sino muy al contrario. Los investigadores de la nueva e imparable era tecnológica son presentados como personas sin conciencia, sin noción del bien y del mal, obsesionados tan sólo con el éxito de sus experimentos (en la peli del 82 de Chuck Norris –sí, de Chuck Norris– FURIA SILENCIOSA uno de los de la bata blanca dice textualmente ‘somos científicos, no moralistas’, en referencia a los destrozos y asesinatos que el engendro que habían creado en un laboratorio estaba cometiendo).
En este punto resulta descarada la mención a LA NARANJA MECÁNICA, la distopía de los científicos usando a las personas de cobayas por excelencia. Si bien los exponentes de esta creencia son muchos: LA FUGA DE LOGAN, LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU, EL DORMILÓN… En LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA, en THE CRAZIES y en VIRUS (EXTERMINIO) un agente patógeno mortal creado por el hombre se libera y desata el caos. En DESECHOS HUMANOS –una joya desconocida de 1979–, clonan a seres humanos en complejos alejados de las ciudades con el fin de extraerles órganos por los que los ricachones pagan grandes sumas (sirvió para que Michael Bay hiciera algo así como un remake llamado LA ISLA). En ATMÓSFERA CERO las drogas sintéticas tienen a los obreros trabajando como animales de tiro hasta que colapsan. En SOYLENT GREEN la escasez de los recursos (o más bien, la lucha por el control de éstos) empuja a las autoridades a comenzar a alimentar a la población con los cadáveres de los que van muriendo. ¡Hasta en ALIEN los mandamases sacrifican a toda una tripulación por el bien del progreso y la investigación!
Amigos, esto no podía pasar. Esto ha pasado. Está pasando. Seguirá pasando. Así de simple. Puede que no es guste la idea, puede que lo creáis simplemente material interesante para hacer películas, noveluchas de terror y tebeos para adultos. Pero por mucho que os comportéis como los zombis descerebrados y contentos de ir al centro comercial de DAWN OF THE DEAD (1978), eso no va a cambiar el mundo de pesadilla que nos deja vuestra indiferencia. O quizás sois como los abducidos de LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS*, que señaláis con indignación y rostro desencajado a todo aquel que os molesta con sus inoportunas tonterías apocalípticas. Y por más que nos digan la verdad mediante la ficción, como ocurrió en CAPRICORNIO UNO, para vosotros todo esto es simplemente pasar el rato delante de la pantalla.
Sí, puede que lo único que os haga falta sean distracciones inmediatas y atrevidas, como un emocionante partido de ROLLERBALL, o una trepidante carrera de DEATH RACE 2000. En ambas películas de 1975 la muerte y la agresión son el espectáculo. Y al televidente le gusta participar de esta matanza, tanto o más que “al de arriba” proporcionarle los medios para que se entregue a dicha violencia, como bien quedó plasmado en ZARDOZ, alegoría escrita y dirigida por John Boorman en 1974.
Quedando muchísimas más en el tintero, he preferido obviar ciertos films que no he conseguido comprender, pese al gran prestigio que tienen, como LA MUERTE EN DIRECTO de 1980 o las insoportables películas de Tarkovsky. La “metáfora social” de LAS ESPOSAS DE STEPFORD me ha parecido tan explícitamente feminista que pierde su potencial (“reimekizada” penosamente en 2004 en forma de comedia).
Y si ya nos vamos hacia otra obsesión de la época por advertirnos (o infundirnos pánico, diría yo) de las supuestas consecuencias de la contaminación, las cintas enmarcadas en mundos post-holocaustos-atómicos son bastantes: THE OMEGA MAN (la versión setentera de SOY LEYENDA), A BOY AND HIS DOG, WIZARDS, MAD MAX, 1997: RESCATE EN NUEVA YORK y NAUSICAA DEL VALLE DEL VIENTO, esta última del estudio Ghibli. Asumiendo como cierto que iba a haber radicales cambios climáticos –seguramente debidos a una hecatombe nuclear–, ninguno de estos ejemplos de excesivo mensaje ecologista me convenció, salvo quizás la entrañable y peculiar (y de título confuso) NAVES MISTERIOSAS de 1972.
En fin, ya sea a través de la “Ciencia” (ese nuevo ídolo religioso), del entretenimiento a toda costa, o sencillamente de la fuerza bruta de toda la vida, estamos abocados a un futuro dictatorial en que la película 1984 resulta un buen remate a esta dosis de triste realidad fílmica.
* Podéis elegir cualquiera de las cuatro versiones de este guion, todas merecen la pena, la de los 50, la de los 70, la de los 90 y la de los 2000.
Adivina adivinanza: ¿qué hacen un cubano, un yanki y un chileno disfrazados de chicos malotes en una serie de Netflix? El ridículo
Pasada cierta barrera temporal (aunque a todas luces, insuficiente), me animé a hacer caso de las vulgares recomendaciones que me hicieron hace 7 u 8 años acerca de esta serie, a la que rodearon de un halo de genialidad y mesianismo que a mí también logró engañarme un poco. La diferencia entre la gente y yo, es que yo me he dado cuenta de la estafa nada más ver los primeros capítulos, y los cretinos sin embargo siguen diciendo que es una obra maestra.
Motivada la redacción de esta crítica por haber visto recientemente el reportaje LOS DOS ESCOBAR, que por más que me esfuerzo, no logro relacionar con los eventos que relata a su manera la serie. Dejad que tome aire para a continuación enumerar las cosas que me iban viniendo a la mente conforme veía, con cada vez más tedio y parsimonia, los… creo que seis episodios que he aguantado de este televisivo insulto a la inteligencia con la enseña, cómo no, de Netflix.
Se mofa del conservadurismo y del anticomunismo con recurrentes imágenes de Reagan.
Batiburrillo de acentos. Al “gringo” medio se la repampinfla, pero a mí no me gusta que hagan pasar por colombianos a un chileno, un argentino, una mexicana, un venezolano, un cubano, un portorriqueño y un brasileño. Sí, para mí tiene mucha importancia.
Protagonista repelentísimo.
Nos habla por encima del hombro.
Doblaje del prota lo hace aún más insufrible (como con una eterna resaca, en tono constante de sarcasmo aletargado… ¡durante 30 episodios!)
Cara de niño chico mal encarado. No me lo creo como tipo duro, no tiene media hostia.
Progresismo izquierdoso panteista de superiosidad estadounidense.
Acusando a Reagan de ser un delator, ¿eso a qué pollas viene?
Esto más que una serie sobre Escobar, son las declamaciones burguesas de un ignorante venido arriba.
Por supuestísimo, mensaje de que EEUU salvará de sí mismos al resto de países de América.
Huid de estos tres: los bordes, los tacaños, y sobre todo, los perdonavidas (te destruirán la autoestima y antes de que te des cuenta serás un gusano). Esta serie es una perdonavidas con el espectador.
Amoral. Lamento que el populacho sufra estas modas abyectas. No sé si son la causa o el síntoma de la frivolidad imperante, pero en cualquier caso, la serie es superficial y vanal, igual que EMILY IN PARIS, sólo que al tratar temas mucho más graves, da más rabia.
Cada vez que había una escena de cama, la pasaba para adelante (por tanto me he perdido al menos el 10% de los pocos episodios que he visto).
Wagner Moura no sólo pronuncia mal, sino que además es inexpresivo. En las fotos Pablo Escobar siempre estaba sonriendo, con esa expresión infantil y malévola de ‘hago lo que me da la gana’. El Escobar de esta serie es un emo con depresión.
Cambiando el volumen de 90 a 30 continuamente por los susurros. Os recomiendo subtítulos.
Voz en off funciona en TROPA DE ÉLITE; aquí en NARCOS durante cientos de minutos, no. Esa voz cansina y desagradable se te incrustará en el cerebro, por eso yo he durado apenas la mitad de la primera temporada.
La década de 2010-2019 estuvo muy marcada por los personajes malvados que fascinaban a la audiencia. Yo no he participado de esa moda extraña que ya va dando sus últimos coletazos. En la sociedad reina el espíritu de desánimo y desidia en gran parte debido a estos estímulos tan indeseables. Y por cierto, las personas que se han mostrado fans de estas series y películas, he comprobado que son bastante amorales. No asesinos ni villanos como los que tanto admiran, pero sí un poco fulleros y sinvergüenzas. Va siendo hora de volver a reivindicar a los héroes, a ver si la cosa mejora un poco así. NO LOS SUPERHÉROES, esa otra basura que lleva más de 20 años evidenciando que la mayoría de los adultos son niños persistentes en 2023. Hablo de los héroes. De estos héroes: https://jachi.es/la-delgada-linea-roja-o-el-poder-del-montaje/
Staros pronunció la palabra mágica que ningún tirano aceptará jamás. Esa palabra es ‘NO’.
He aquí una película que se divide en dos partes iguales: si dura un total de dos horas y cuarenta minutos, cada una de las partes es de una hora y veinte justo.
Yo soy de los que intentan quedarse siempre con lo bueno, de modo que a mí me bastó ver esa primera hora y media para recordar LA DELGADA LÍNEA ROJA como una increíble película de guerra. Después sólo tengo que adelantar hasta los créditos finales y andando. Y me parece que este contraste no está motivado por las famosas ocho horas que supuestamente rodó Terrence Malick, y que se equivocó con las tijeras desechando las partes buenas y dejando las aburridas.
No, aquí el problema está en que la primera mitad es un prodigio de ambientación, fotografía, sonido y demás elementos que te meten de lleno en un conflicto angustioso, en el cual el personaje del Capitán Staros es el verdadero héroe de guerra. Y lo es porque el director lo decidió así y lo plasmó así. No es el héroe clásico de OBJETIVO BIRMANIA ni EL DÍA MÁS LARGO, el que salta en medio del tiroteo y se lleva a su compañero herido a cuestas. Eso más que un héroe es ya un arquetipo, y la prueba es que cada cierto tiempo sacan el enésimo remake del superhéroe de uniforme. HACKSAW RIDGE fue la última que vi de este palo, que no aporta absolutamente nada pero a la gente le apasiona.
Staros se queda a resguardo en su trinchera, pero su oposición al coronel Tall, su negativa a mandar a chavales imberbes al matadero y su firmeza ante las previsibles consecuencias de su insubordinación, son la auténtica heroicidad. El cambio es tan radical y tan rompedor, que durante medio minuto la batalla prácticamente queda en silencio; hasta el coronel se queda parado y sin saber qué decir: el mundo calla solemnemente ante este sacrificio.
El directo nos dice ‘¡eh mirad, aquí hay uno que se niega a matar y a morir!’ Y todos nos quedamos embobados porque hoy en día… y desde siempre, la excepción, la aberración es esa: un ser humano al que no le da la gana obedecer a la masa. Por eso LA DELGADA LÍNEA ROJA es especial. Porque Staros no es propuesto para la medalla de honor. Muy al contrario, es degradado. Es un héroe, sin recompensa y sin agradecimientos.
PD: en otra nueva obra maestra del cine (que de vez en cuando salen), SIN NOVEDAD EN EL FRENTE, no había ningún Staros. Por eso todos mueren.
Una vez finaliza el primer y sobrecogedor asalto de la batalla, la película se convierte en otra y… poco más que decir. Poesía ampulosa y escenas de acción inverosímiles a partes iguales. Si quieres terminarla por puro protocolo, pues hazlo, pero ya se trata de otra historia distinta (con protagonista diferente incluido). El afán de los productores por meter a 20 o 30 caras conocidas da como resultado una narrativa errática, descentrada y sin rumbo fijo. Las intenciones se vuelven ambiguas, y se suple esta falta de metas concretas por citas de poetas modernos sin mucha conexión entre ellas, y ninguna con la película. La excesiva banda sonora sustituye a los diálogos, y los cañonazos son reemplazados por miradas.
A mí en lo personal me molestó que el ataque final consistiera en una desbandada sin orden ni concierto, en que un batallón de enemigos es reducido fácilmente por 35 o 40 soldados. No soy un experto en infantería ni nada, pero habría jurado que una compañía de japoneses fanáticos sería capaz de producir al enemigo un número de bajas superior a 0. Y no dudo del ardor patriótico de los productores, es sólo que la diferencia entre este escenario (más propio de RAMBO III) y el de la primera mitad es tan notable que te saca de la peli, y mira que te consiguió atrapar bien al principio. Por eso admiro y nunca dejaré de admirar este singular largometraje, por esa primera hora y media.
Por Staros, por todos los Staros del mundo. No estáis solos. La vida merece la pena gracias a vosotros.
La buena señora Medlock se preocupa por el estado del señorito Colin, impidiendo por todos los medios que le dé la luz del Sol, que tome el aire o que se relacione con otros niños. Demos gracias a Dios que existe gente tan responsable y que se ocupa tanto de la salud de los demás.
En la envidiable tradición británica de saber adaptar al cine y la televisión su pasado histórico y literario con reverencia y maestría, acabo de volver a adentrarme en el jardín encantado que da nombre a la película (antes novela, obviamente), y a confirmar lo que dije hace poco en mi último artículo de la web. https://jachi.es/teoria-de-los-paraisos-efimeros/
La búsqueda de escondrijos, de refugios, de lugares especiales, de ‘paraísos efímeros’, donde guarecerse y respirar y descansar. El título no podría ser más acertado: un jardín, que siempre quieras que no evoca naturaleza, vida y alegría; y secreto, es decir, nuestro, exclusivo, disfrutable sólo por unos pocos. Puede que no únicamente porque esté escondido (como el de la película), sino porque sólo unas pocas personas saben apreciarlo.
Es la tesitura de los tres niños protagonistas, que descubren este maravilloso vergel y automáticamente olvidan que estaban solos en el mundo –el caso de Mary Lennox–, o que estaban irremediablemente enfermos –el de Colin Craven–. Ambos se equivocaban, pero no se dieron cuenta hasta penetrar en el jardín. Yo siempre he sido muy aficionado a investigar nuevos senderos que me inquietaban. Y casi siempre que lo he hecho, mi osadía fue recompensada con magníficos descubrimientos, de lugares, de personas y de experiencias.
Supongo que la mayoría de la gente está demasiado ocupada para advertir dichos senderos. O si reparan en ellos, son demasiado perezosos para decidirse a andarlos. O si se deciden, son demasiado cobardes para dar el primer paso. Por eso casi todo el mundo se queda parado en el mismo sitio años y años, y por eso van criando amargura y frustración. Todos estos temas son tratados en el film con más sutileza y ternura que la que yo puedo expresar, pero el tema que más me ha impresionado ahora de adulto (y lo digo porque ya había visto esta película de chico, y recuerdo que me gustó bastante), evidentemente es el de la supuesta enfermedad del pequeño Colin.
La pérfida señora Medlock ha construído todo un relato (con la complicidad igualmente maliciosa de matasanos y boticarios) de que el hijo del lord no puede valerse por sí mismo, y es un enfermo, y representa un peligro para él y para los demás. Lo tiene reducido a un escombro humano, llorón, débil e inválido. Ha conseguido hasta convencer al pusilánime de su padre de que el tormento al que le somete a diario y desde hace años es lícito y, naturalmente, por su bien. ¿Os suena todo esto?
Cuando la providencial Mary logra, no sin esfuerzos, arrancar al psicológicamente destruido Colin de su cama, y por lo tanto, del control de la miserable ama de llaves, ésta se da perfecta cuenta del fracaso de su plan, y en una escena para enmarcar y ponerles en bucle a unos cuantos que yo me sé, la tipa chilla: ‘¡Quitáos esas estúpidas mascarillas, para qué sirven ya!’
Es una historia repleta de magia y misterio, absolutamente indicada para niños, si no fuera por la mala leche que esta situación tan horrible destila (orfandad, sometimiento, abandono, etc). Pero es que si lo pensamos bien, todos nos hemos criado en medio de una situación dramática, e incluso lamentable, pero salimos adelante, algunos incluso sin muchos traumas. ¿Por qué? Porque todos teníamos nuestros jardines secretos en los que resguardarnos.
Con una dirección extraordinaria de Agnieszka Holland, una fotografía estupenda y una banda sonora bellísima, al dulce pastel sólo le hacía falta estar rematado por unas actuaciones correctas. Pero no conformes, Kate Maberly (que pareciera que diseñaron toda la producción para que se luciese con apenas 10 añitos, y lo lograron) y Heydon Prowse bordan sus difíciles papeles, asistidos por la especialista en roles de vieja bruja Maggie Smith y el solvente John Lynch, como atormentado y depresivo lord inglés.
Os aconsejo saltaros la nueva versión de 2020 que no os exagero al deciros que es una basura, y en espera de ver un par que realizaron para T.V. (también de animación) y una en blanco y negro, esta película de 1993 es extraordinaria, y puede que necesitéis verla unas cuantas veces a lo largo de los años para daros cuenta, como me pasó a mí.
Dos mujeres maravillosas, la primera: creadora, guionista y directora de la magistral serie de la BBC, ‘HAPPY VALLEY’. La segunda: protagonista absoluta de dicha serie. Las dos han sido galardonadas con los premios más importantes del Reino Unido, pocos son todos.
Su gigantesco talento es tan descomunal que jamás se ha visto un despliegue de sabiduría televisiva tan asombroso. No recuerdo haber contemplado una serie dramática tan impresionante. Se siente una especie de pudor al utilizar tantos adjetivos, pero no sé qué puedo hacer para describir tanta excelencia.
‘Happy Valley’ tiene tres temporadas, cada una de ellas ha mejorado a la anterior, siendo la primera muy brillante, la segunda da una vuelta de tuerca y mejora aún más la precedente. La tercera es un prodigio dramático que me tiene con un nudo en la garganta. Aún faltan tres capítulos para que termine definitivamente y entonces llegará la frustración, pagaría para que no se acabe nunca. No existe, ni ha existido, en este oficio del cine, una mirada en cámara como la de esa actriz, no he visto unas lágrimas más verdaderas que las suyas. Creí que no se podría superar a la Julietta Massina de ‘La Strada’, me equivocaba, aún no había visto a Sarah Lancashire, no pensaba que se puede llegar a ese grado de perfección.
No se les ocurra pensar que un trabajo hecho por brillantes mujeres tiene un discurso feminista, en absoluto. Estas inteligentes chicas tienen una cabeza tan bien ordenada que sólo saben desplegar sabiduría, sólo es posible quedarse con la boca abierta ante la ternura, el terror, el asombro, la conmiseración , la compasión, el amor que les inspiran esos hombres con los que comparten sentimientos, trabajo y familia.
La creatividad en la dirección y el guión de esta serie policíaca británica, no tiene nada que envidiar al naturalismo de Ibsen o Strindberg. Sally Wainwright ha leído mucho antes de ponerse a escribir, también ha visto mucho cine, seguramente casi toda la historia del mismo. Es lo que tienen los ingleses del oficio: una extraordinaria formación intelectual y técnica. Sólo así, desde el conocimiento, se crea lo que parece sencillo y se trabaja con una elaborada simplicidad, con la humildad de los grandes. El resultado es tan apabullante… El perfil sicológico de cada personaje es un prodigio y la dirección de actores nos deja pasmados.
Seguramente las personas que no forman parte de la profesión, se limitarán a ver un perfecto producto y a disfrutarlo. Los que llevamos toda la vida en los distintos aspectos del oficio pasamos a la dimensión de observar, felices, la perfección de la obra maestra, inolvidable, orgullosos de que unos compañeros británicos nos reconcilien con el arte de la creación de un texto, con la dirección de una obra, con la interpretación de unos actores. Viendo ‘Happy Valley’ observas que no todo está perdido, que hay en un país cercano compañeros con vergüenza y dignidad, que mantienen las leyes que dictaron Lope de Vega y Shakespeare, que dedican su vida y su profesión a desarrollar la excelencia y que no desfallecen ante la mugre que nos invade.
Todos y cada uno de los actores del reparto son muy buenos profesionales e interpretan sus personajes con rigor. Destaca James Norton, como el asesino monstruoso, el psicópata sin fisuras que nos estremece. Siobhan Finneran, como la hermana adicta a las drogas, de escasa inteligencia y enorme insensatez. George Costigan, Rhys Connah, Joe Amtrong, Steve Pemberton, y un largo etcétera que bordan sus intervenciones con el esfuerzo de quien sabe que no hay un papel pequeño para un actor grande.
Me puse anoche a ver ‘La Chica de Nieve’, a pesar de ser española, porque está rodada en Málaga y en la producción hay una chica que conozco.
¡Qué horror! ¡Qué despropósito! Es infumable; los actores, salvo Coronado, no lo son, es gente que está en la serie como podrían estar en cualquier lugar; la dirección de los mismos no existe, no vocalizan, no se les entiende nada, tuve que poner los subtítulos. El cámara (no hay director de fotografía) no tiene idea de cómo se fotografía una ciudad tan hermosa como Málaga y la convierte en un poblacho cutre, lleno de fealdad. La cabalgata de Reyes parece el Carnaval, (oigan, ni un solo Rey Mago en pantalla).
Qué decir del ritmo inexistente en la realización. La luz de la filmación es una cosa sucia, cutre, como el director de ese desatino al que llaman serie. Hay dos policías que llevan la investigación de la desaparición de una niña, pues bien: la mujer es una malísima actriz; el hombre es indescriptible, no sabe hablar, balbucea unos sonidos ininteligibles que te exasperan. Cuando la vean los españoles de otras regiones podrán creer que en Málaga la gente no sabe hablar, que aquí sólo hay analfabetos emitiendo sonidos guturales. Es indignante.
En Málaga hay un número enorme de actores magníficos que podrían suplir a todo ese vergonzoso reparto (excepto Coronado, el único profesional incomprensiblemente contratado en una auténtica porquería de producto); maravillosos actores que con su enorme talento y profesionalidad sacarían adelante esa catástrofe. ¡Qué vergüenza! Acabas de contemplar una maravilla de la BBC, como ‘Happy Valley’ y te pones a ver esa cutrez y te posee la indignación. En Andalucía hay profesionales con talento para hacer producciones decentes, pero siempre consiguen los contratos los peores, los que están en la camarilla política con la que Netflix comulga, donde la inteligencia nunca llegó, donde se financia el discurso cutre, la mediocridad, e incluso, como en este caso la bazofia más vergonzosa.
Y oigan, tienen presupuesto para embadurnar a todos los que están escribiendo y pregonando que la serie es magnífica, sin que se les caiga la cara, porque no tienen ni criterio ni dignidad. Málaga es ahora mismo un prodigio de belleza y eficacia económica, le ha robado a Barcelona todo lo que esa ciudad vendía. Será en breve tiempo la segunda ciudad de España, frente a la crítica de la izquierda local, desesperada por el buen hacer del mejor alcalde de España. Olvidando el desastre que fueron los años del socialista Aparicio.
Pero desde el siglo XVII, el talento dramático de esta ciudad es inmenso, aquí han nacido y viven los mejores actores de España. Hay talento a raudales y profesionalidad en todos los aspectos de las artes del teatro y el cine. ¿Por qué tenemos que aguantar un disparate de este calibre?
Al final, ni los títulos de crédito lo son, no sabemos quién ha escrito el guión, no aparecen los técnicos, ni el equipo de producción. Además de indignación, nos invade un sentimiento de ira por el tiempo perdido contemplando este horrendo mamarracho.
Por Ana MEGÍAS CALERO
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