El artículo más difícil que he escrito hasta ahora

Hoy me he visto tres de producción humilde: CUESTIÓN DE HONOR, LAS CAMPANAS DE LA INOCENCIA y la que se ve, EL MEDIADOR, todas ellas muy disfrutonas.

Yo siempre presumo de buena memoria, pero desde ayer tengo la mente dispersa, me siento confuso y estoy aturdido. Vago por la casa sin saber muy bien qué hacer, y haga lo que haga, me levanto en busca de otra actividad. Creía que recordaría el momento exacto de mi infancia en que vi por primera vez a Chuck Norris en la pantalla. ¿Fue en DELTA FORCE 2? ¿Fue en DESAPARECIDO EN COMBATE? Ahora mismo, no tengo la cabeza en condiciones para averiguarlo.

Lo único que se me ocurre que puedo hacer para mitigar esa confusión y, por qué no admitirlo, este dolor, es encender la tele gigante y ponerme a ver las pocas películas que aún no conocía de él. Las que no conocía y también las que sí. Porque si no aprovechas este momento trascendental para volver a gozar de EL FUROR DEL DRAGÓN, de LOS VALIENTES VISTEN DE NEGRO, de GOLPE POR GOLPE, de McQUADE EL LOBO SOLITARIO, de EL TEMPLO DEL ORO, de EL HÉROE Y EL TERROR, de HITMAN, y de EL MENSAJERO DEL INFIERNO, te compadezco sinceramente.

No con la compasión falsa de los que suelen utilizar ese término, sino real. Me da pena la gente que ve un peliculón como la copa de un pino tipo INVASIÓN U.S.A., y no es capaz de disfrutarla, y les parece mala o aburrida u ¿ofensiva?, y la puntúan mal en los foros… ¡O incluso ni saben que existe! No envidio a estas personas, ni aunque fueran príncipes o magnates o estrellas de rock.

Otra cosa diferente es la gente que le ha dedicado –y esto es totalmente cierto aunque yo no podía creérmelo al verlo– a nuestro héroe palabras de odio, de resentimiento y de calumnia. Por esta gentuza miserable no siento lástima, sino repugnancia. Asco en el estricto y literal sentido de la palabra: algo que no quiero cerca porque me da ganas de vomitar.

Pero en un momento como este, no deseo dedicarle una línea más a los desalmados que pueblan el mundo, y que Chuck combatió toda su vida, sobre todo en sus dos sagas más famosas y en su inefable serie de televisión. 200 episodios de WALKER nada menos. 9 temporadas de una serie entretenida, educativa y con valores que de pequeños dábamos por supuestos, pero que contemplamos con estupor de adultos que no son los que prevalecen en el mundo, ni mucho menos.

El emocionante documental CHUCK NORRIS CONTRA EL COMUNISMO me hizo abrir los ojos. Pensaba que el cine era sólo entretenimiento, pero las cosas que se ven en él demuestran que el cine es una necesidad. Necesitamos campeones que nos sirvan de modelo, de guía, de inspiración y de asidero moral y anímico. Alguien que nos dé fuerzas en épocas de flaqueza. Chuck no era el único, pero era el número uno.

Carlos Ray me hacía sentir que vivía en una sociedad en peligro, pero que con gente como él, al final todo saldría bien. Y el bueno ganaría. Y los malos morirían de forma espectacular y merecida para regocijo de las buenas personas. Ahora que ha muerto… tengo mucho miedo. Daba por hecho que mi ídolo viviría más que yo, que nunca tendría que oír la noticia de su partida, y de hecho, era algo que he manifestado frecuentemente que no deseaba experimentar.

Pues bien, Dios tenía –como siempre– otros planes. Y se ve que allá arriba las cosas no andan muy bien, porque si ha tenido que recurrir a Chuck, es que se ha liado gorda. ¿Un nuevo ángel caído quizás? ¡Por favor, si te llevas al más grande, al menos envíanos a otro que le sustituya! Ya sé que es pedir imposibles, pero no nos dejes así. El mundo necesita al ranger Walker, al coronel Braddock, a Lonewolf McQuade… Y gracias a éstos, Chuck Norris vivirá para siempre.

Hermanos de sangre o legitimar la invasión.

Steven Spielberg es el mayor y más talentoso propagandista de la historia de su amado país. Espero que sus jefes hayan sabido agradecérselo.

Acabo de ver GREYHOUND, una de submarinos en la II Guerra mundial, con protagonismo absoluto de Tom Hanks y guion escrito por… el propio Tom Hanks. Reconoceréis la película porque en el póster aparece enorme la cara de Tom Hanks.

Últimamente estoy flipando bastante con estos dos individuos, los amigos Spielberg y Hanks (también amigos de Epstein). Si fuera omnipotente, podría sentarlos en sendas sillas de interrogatorio, lámpara apuntando a sus rostros magullados en mano, en un oscuro y húmedo subterráneo, y preguntarles –y no dejarles en paz hasta no obtener una respuesta satisfactoria– por qué detestan de esa forma a Europa.

No soy omnipotente, sino un mindundi, así que sólo puedo especular. Para mí, que estos dos compis de logia profesan una inquina malsana hacia el viejo continente por considerarlo eso: viejo, decadente, corrupto, un mundo anclado en un pasado que debe desaparecer. Y ellos van a contribuir en todo lo que puedan para que suceda. No odian como el que odia las almorranas por las molestias que producen; tampoco odian como hace la gente llana, que más que odiar lo que hacen es exteriorizar frustración y sobre todo miedo, a veces de forma violenta, pero que no es odio a fin de cuentas. Lo de estos dos prendas multimillonarios, en cambio, es algo más frío y meditado, no es temor, ni rencor, ni ningún sentimiento apasionado o ‘cálido’.

Yo creo que ellos pertenecen a la corriente judeomasónica (ay, qué razón tenía…), estadounidense-mesiánica y protestante-azote del catolicismo, la cual viene de antiguo: más o menos de finales del XIX, esa pseudo-filosofía de aspiraciones… ¿celestiales? Esa amalgama de razas y culturas procedentes paradójicamente de Europa considera que está en el deber de ser faro del mundo, y cada vez que nuestras corrompidas civilizaciones verdaderamente europeas intentan hacerle sombra, han de ser reprendidas con dureza. De esto me di cuenta la primera vez que vi aquella alucinada bazofia llamada AMISTAD, donde Steven carga todas sus tintas contra nuestra patria acusándola de todos los crímenes que la suya ha cometido en cien veces mayor grado.

La masonería anglosajona instalada en Hollywood quiere ver hundirse a la herencia grecolatina y a la influencia mediterránea en la cultura occidental, y utilizan su brazo propagandístico más valioso, el cine, para instalar en el imaginario las más descabelladas mentiras. En el caso que nos ocupa, una serie de televisión (con veladas pretensiones cinematográficas) ha triunfado a lo grande para hacer que la plebe se tome en serio un montón de disparates. En particular, lo tocante a su labor salvadora de los judíos, que en la dura realidad, dicha labor fue de indiferencia absoluta (aunque es sólo un ejemplo de cientos).

Esencialmente, BAND OF BROTHERS es la justificación definitiva de las invasiones y ocupaciones estadounidenses de naciones extranjeras. ¡Y el personal va y aplaude! En fin, que lo haga el público norteamericano (iletrado y sin criterio), se comprende; que lo haga el resto del mundo, es dolorosamente patético.

Steven Spielberg, de espíritu vengativo pero ideas mesiánicas hacia su país, hacia su raza y hacia él mismo, se marca una serie de capítulos sin conexión entre sí con todos los peores clichés de la guerra, y poniendo a la cabeza unos personajes repulsivos –supongo que para ellos, heroicos– que muestran un ciego fanatismo mil veces más exacerbado que el de los auténticos combatientes que aparecen hablando al principio de cada episodio. El objetivo de estos personajes es violar a Europa en todas sus formas y acepciones: humillación, ocupación, saqueo, agresión, amenaza, despotismo… y por supuesto, destrucción gratuita, que con la reconstrucción se puede ganar mucho dinero. Se ve que el éxito de SALVAR AL SOLDADO RYAN no fue suficiente, y quiso ampliar su visión enfermiza y confusa –y moralmente deleznable– de la Guerra Mundial con una ambiciosa serie de gran presupuesto, que para más inri, tuvo a su vez varios spin-offs.

Es obsceno el tratamiento que el ‘cara-de-bueno-pero-de-bueno-nada’ de Steven da a unos hechos excepcionalmente trágicos, mezclando sentimentalismo cutre y frívolo, con humor de pésimo de gusto, y con dramatismo exagerado y falsario. Ofreciendo como resultado una perola llena de puré rancio que hiede a panfleto. La necesaria propaganda que legitima nuevas aventuras militares del tío Sam (en el año 2001, Afganistán), que tenemos desde los años 40 y que siempre seguiremos teniendo, aunque con fluctuante calidad.

Lo de calidad fluctuante lo digo porque aquellas películas clásicas patrocinadas por el ministerio de defensa tenían la decencia de poner en la escena final un desfile con el himno de los marines y con un símbolo patriótico de fondo de pantalla. De alguna manera decían ‘esto es lo que somos y no nos avergonzamos de nuestra película’. Me parece bien.

Steven y Tom llevan la propaganda a nuevos niveles de fantasía y de manipulación, y en lugar de marchas militares hacen sonar una música profunda y dulcemente evocadora, elevando a los personajes que han creado a la categoría de dioses. Unos colosos con todo el derecho de pisotear sonrientes a cualquier europeo que se les ponga por delante, y a violarlo, y a quitarle todo lo que es suyo.

Hay que ver lo mucho que gustan estas chorradas y lo poco que gusta al populacho una película de guerra realista de verdad, como LA CRUZ DE HIERRO, STALINGRADO, CUANDO CALLAN LAS TROMPETAS o LA DELGADA LÍNEA ROJA.

PD.: los capítulos sexto y séptimo son los únicos que sí hacen, juntos, una buena película bélica. De hecho, no guardan relación alguna con el resto de la serie, así que no os extrañe que se apropiaran de un guion que estaba reservado para un largometraje aparte.

Un thriller apasionante

La infiltrada

El cine, como el teatro y la literatura, es tan mágico que puede atarnos a la butaca y estremecernos, e introducirnos en una historia, de modo que olvidemos que estamos viendo una película y vivamos  una ficción de manera tan real que sintamos el miedo y la desolación que, en este caso, sufre una mujer protagonista, aunque sepamos el desenlace al ser una historia real.

                                                  LA INFILTRADA tiene el siguiente argumento: Una joven recién salida de la Academia de Policía Nacional, es reclutada por uno de los agentes, interpretado de manera magistral por el gran actor Luis Tosar, para infiltrarse en la banda terrorista ETA, ella muestra su disposición para una empresa tan arriesgada, así es que adopta una nueva identidad, y llega a San Sebastián con la intención de cumplir con el deber aceptado. El riesgo de ser asesinada y la soledad le esperan en su nuevo destino, pero se entrega en su misión y comienza a mezclarse con el sórdido ambiente abertzale. Está inspirada en hechos reales.

                                                    Dirigida por Arantxa Echevarría, una mujer con un talento cinematográfico excepcional, que es también la autora del brillante guión, la película tiene el ritmo de un film de acción, la apasionante historia no decae en ningún momento, al contrario, nos mantiene en vilo y adoptamos la situación de esa heroína singular sabiendo que lo que vemos ocurrió de verdad en una parte de España. Esto sucede porque el principio de intriga está muy bien creado en el guión.

                                                Interpretada por una actriz soberbia, Carolina Yuste, que posee una mirada que sólo han tenido algunas actrices de la historia del cine. Echevarría nos introduce en la terrible pesadilla que vive esta chica en una ciudad y en un casco antiguo claustrofóbico dominado por el mundo cómplice del terrorismo, magníficamente ambientado en su angustiosa y sofocante complicidad. Después de seis años en esas circunstancias, asciende en el sector más peligroso y tiene que vivir con uno de los asesinos, al que más tarde se unirá otro de los terroristas más sanguinarios de ETA. A partir de ese momento se dedicará a ahuyentar las sospechas que la banda armada tiene de ella y a pasar información al policía, en unas entrevistas peligrosas, en las que se desarrolla una complicidad dura y a la vez entrañable con él. Las secuencias de estos encuentros tienen la misma intensidad dramática que todo el film.

                                Los etarras, además de sanguinarios criminales, son machistas, analfabestias, cretinos, zafios y psicópatas. La convivencia con ellos en el apartamento tiene una enorme tensión, a veces aterradora. Es la primera vez que se muestra, en una producción cinematográfica, el carácter de los terroristas, sin tapujos, sin la repugnante compasión, sin la justificación con la que hemos tenido que tragar hasta ahora. Hay una escena muy significativa en la que La Infiltrada le pregunta al etarra cómo se sentiría si obtuviese la independencia, y cuando él contesta y ella y todos los espectadores oímos el argumento del descerebrado, nos invade el asombro ante la  ignorancia y la estupidez del cretino criminal. Otra secuencia muy importante es cuando el terrorista, con el que se ha tenido que acostar, le describe cómo y con qué placer asesinó a un funcionario de prisiones. A partir de ese momento a ella y a nosotros nos recorre el miedo en nuestra espina dorsal y viviremos su experiencia con la protagonista, pues esta actriz es tan soberbia que expresa en silencio su horror con la mirada, a la vez que petrifica su rostro para que el asesino no se dé cuenta de lo que piensa.    

                                La dirección de actores es fantástica, el extraordinario oficio de Echevarría está a la altura de los directores más grandes del cine internacional. Su talento es tan sorprendente que puede competir con las realizaciones más importantes que existen, muchos desearían tener su habilidad para construir un thriller tan elegante y eficaz como este, sabe como se cuenta una historia que atrape al espectador de principio a fin. Nos apenamos cuando la película termina, hemos disfrutado tanto que tenemos ganas de saber más de los personajes que acompañan a esta valiente mujer. Se debería de hacer una serie con esta formidable historia, con la misma dirección y el mismo reparto. Cuando esta película pase a las plataformas será un éxito indiscutible y multitudinario, pues aunque hasta ahora ha sido la más taquillera, cuando la vea toda España triunfará de manera apabullante. 

                                  No creo que se lleve, como merece, los premios Goya de Dirección e Interpretación, aunque no tiene rival, pero todos sabemos el sectarismo de las gentes del oficio y esta película no obedece a sus falsos dogmas.

Por Ana MEGÍAS CALERO

El complejo de culpa

El club de los milagros

Esta maravillosa película fue la última que rodó la extraordinaria actriz Maggie Smith antes de su muerte a los 89 años. Ella era conocida y admirada en España por su estupendo trabajo en la condesa Violet Crowley en ‘Downton Abbey’ y por interpretar a la profesora Minerva McGinagall en la saga Harry Potter. Pero los que conocíamos su talento desde hace décadas y hemos seguido su filmografía recordamos ‘Los mejores años de Miss Brodie’ y ‘California Suite’ con las que ganó sus dos Oscar, ‘Otelo’, ‘Mujeres en Venecia’, ‘Viajes con mi tía’, ‘Un cadáver a los postres’, ‘Una habitación con vistas’, ‘Hook’, ‘Sister Act’, ‘Gosford Park’… Además de una fabulosa carrera en teatro, donde dicen que brillaba su talento y dejaba sin aliento a quienes la contemplaban. Con esta película, que se estrenó en Irlanda e Inglaterra en el año 23, ha hecho el mas brillante mutis de su profesión y de su vida, su actuación es tan sobrecogedora que debería ser contemplada y estudiada en las Escuelas superiores de Arte Dramático de todo el mundo civilizado.

                                          Aunque se anuncia como una comedia, en realidad es un melodrama muy bien dirigido por Thaddeus O’Sullivan, un irlandés que conduce el guión de una manera suave, con una compasión por los personajes que intenta no dramatizar un conflicto trágico durísimo, introduciendo una ligereza en el drama que no está en los hechos que se cuentan. 

                                           El guión de Joshua D. Maurer, Timothy Prager y Jimmy Smallhorne sitúa la historia en Ballyfermot, Irlanda en 1960, una localidad de una dureza puritana donde las mujeres imponen su criterio en sus casas y en el pueblo, dirigiendo la vida de los que las rodean, pasando por encima del sacerdote, un cura inteligente y bondadoso que aplica la cordura y la inteligencia a la crueldad de esas mujeres. 

                                           Comienza la película con el personaje de Maggie Smith acudiendo a poner flores en un pequeño altar, en una roca frente al mar, donde su hijo se ahogó en esas aguas. La secuencia nos informa, como en las grandes obras, que vamos a contemplar un conflicto dramático y no una comedia como nos anuncia el cartel que nos ha llevado al cine.

                                            Fallece una de las vecinas y sus amigas se disponen a despedirla cuando llega su hija, que se fue del pueblo hace cuarenta años y no había vuelto hasta ahora. Laura Linney interpreta a este personaje de manera magistral, es una actriz descomunal, con una mínima gesticulación y una sabiduría de la mirada frente a la cámara, nos cuenta que arrastra un drama sobrecogedor que lleva con la elegancia de la que es capaz, manteniendo su dignidad frente a las amigas de su difunta madre, Kathy Bates y Maggie Smith, que la miran con rencor sorprendidas de que haya sido tan descarada para presentarse en el sepelio. 

                                           La localidad tiene la tradición de viajar a Lourdes cada año, y a él se apuntan, por diversas formas, las tres mujeres y otra chica joven que tiene la esperanza de que su hijo de cuatro años consiga hablar, pues no lo ha hecho nunca desde el día que nació, mediante un milagro. La relación de esas mujeres durante el viaje y su estancia en el Santuario de Lourdes nos irán desvelando qué ocurrió el el pasado y seremos testigos de la maldad de la condición humana.

                                           Cuando una mujer decide ser malvada con otra mujer, carece de límites, su crueldad es de tal grado que no parará hasta arruinarle la vida, destrozando su libertad, llegando incluso a mentir gravemente para fulminar su honor y destruirla socialmente utilizando la calumnia. En el arte, que no en la vida, el Cielo, es decir la Justicia Poética, castiga esos hechos, en este caso con la muerte de su hijo y la pena y “El Complejo de Culpa” la perseguirán durante toda su existencia. Y es ese complejo de culpa el tema central de esta gran película, acompañado del rencor, la intolerancia, y un perdón que los guionistas y el director han introducido para construir un final amable, aplicando la misericordia donde resulta imposible olvidar la destrucción de una vida. Ese milagro introduce un elemento religioso en el conflicto para que no salgamos del cine sobrecogidos por la crueldad, la doctrina misericordiosa del cristianismo está en el espíritu de los irlandeses. En cambio los españoles tenemos, como los griegos, un sentido trágico de la existencia, Lorca construyó un drama trágico en La Casa de Bernarda Alba, con un conflicto similar. En una escena en la que Maggie Smith reniega del tinglado religioso del Santuario y sus promesas incumplidas, el sacerdote le dice una frase muy significativa: “No se viene a Lourdes a por un milagro, se viene a pedir fuerza para soportar la vida sin milagros.”  

                                                La interpretación de todos los actores es magnifica, Kathy Bates realiza un personaje duro, triste y entrañable con la profesionalidad que le caracteriza, Stephen Rea, ese fantástico actor, despliega su humor y encarna a un marido irlandés despistado y bondadoso, sus escenas nos descansan de la tensión trágica del argumento. Agnes O’Casey es una actriz joven excelente que tendrá un futuro privilegiado. Pero lo que nos deja con la boca abierta, lo que nos estremece, es la gigantesca interpretación de Maggie Smith, es como si hubiese presentido que este era su final y hubiese decidido hacer un despliegue de inteligencia artística deslumbrante, asombroso, alucinante. No es posible superar ese ejercicio de autenticidad, de ingenio trágico. Ella es el gran milagro del film, contemplarla junto a Laura Linney, dos formas distintas del oficio de interpretar, es un placer que pasmará a todos los que amen el arte dramático y el buen cine de todos los tiempos.   

                                                Esta película no tiene ningún lanzamiento, no existe publicidad de la misma en medios periodísticos, ni en redes sociales, ni en televisión. No la proyectan en Málaga, ni en muchas ciudades de España, la he encontrado en Fuengirola, un pueblo de la Costa del Sol, por suerte en V. O. S. E. Suele suceder que los exhibidores ni entienden, ni aman el cine y todo su dinero va para el lanzamiento de las grandes producciones y la basura que venden a la gente joven. Se desprecia al público adulto que tiene que consolarse con las plataformas de televisión en el sofá de su casa. Y por supuesto sólo ha estado seis días en cartel. Habrá que esperar un año a que se programe en alguna de las muchas plataformas para recomendar que no se la pierdan.

Por Ana MEGÍAS CALERO

La ciudad perdida o Sandra Bullock hecha mierda

Querida… déjalo ya.

Una vez me pasó esto: estábamos en una piscina y cuando sacaron la cámara para echarnos fotos, me puse a hacer poses muy ufano y altanero, convencido al cien por cien del enorme atractivo que gastaba. Ninguno de mis amigos me dijo nada, supongo que por respeto y cariño hacia mí, pero cuando me mandaron las imágenes al día siguiente, fui consciente del ridículo más patético que había hecho. No, queridos, yo no era atractivo, daba pena verme. Y eso fue hace 8 o 9 años.

El conocimiento, especialmente si nos afecta a nosotros, suele venir acompañado de cierta molestia, e incluso trauma si la verdad que nos llega acerca de nuestra persona es particularmente dura. Pero es un dolor necesario, como tomar un jarabe de mal sabor para ponerse bueno.

Sandra Bullock se niega a aceptar ese conocimiento doloroso. Nadie le dice que no es graciosa; nadie le dice que ya no es atractiva; nadie le dice que hace el ridículo. Ella no se ve con suficiente objetividad como para asumir que el costillar huesudo que luce por escote no es atractivo para ningún hombre. Y que por mucho que sufrague ella misma esta super-producción de Hollywood de aventurillas genéricas, ningún buenorro 15 o 20 años menor se va a enamorar de ella.

¿Quién le dijo que era una buena actriz cómica? ¿Fue a raíz de MISS AGENTE ESPECIAL? ¿Por qué se empeña en hacer de tía supuestamente maciza de habla insegura una y otra vez? ¿Por qué ha convertido –bisturí mediante– su otrora simpático rostro en el de un maniquí sin capacidad para gesticular? ¿Se hace esto a sí misma porque se mete en el Instagram de Elizabeth Hurley y ve que, teniendo su misma edad, la Hurley parece una treintañera? ¿Es todo por envidia?

Lo que me sucedió en la piscina aquel verano fue sólo una vez, y aparte las fotos eran para los colegas. Por eso tampoco quisieron decirme nada, no valía la pena. Lo de Sandra lleva años, y más años que puede durar, y está expuesta al mundo entero, si nadie con un poco de valor y algo de estima hacia esa señora se decide a advertirle.

Testament o lamentos de la clase acomodada

El mal no puede crear nada nuevo, sólo puede corromper y arruinar lo que las fuerzas del bien han inventado o creado. – JRR Tolkien

Para empezar, conviene hacer énfasis en que ridiculizar las vacuas creencias (si es que se pueden llamar así) de un progre no es nada difícil. Es más, lo único que hay que hacer es limitarse a describirlas, ni siquiera utilizando un tono específico, ni sarcástico ni exagerado: basta con enumerar sus comportamientos y proclamas. Ya con eso, tendrás una comedia satírica aunque no la busques.

Partiendo de la base de que la religión progre es risible por sí misma, y que dicho culto gobierna de forma totalitaria la mayor parte de las sociedades occidentales, si un director y guionista se enfrenta a su manera a esta dictadura y expone sus miserias en una película bien producida, rodada y actuada, ese director cuenta con mi apoyo.

Pero al final, el mismo cineasta se frena, se auto-censura, y se marca una historia que más que mordaz resulta “quedabien”. El tal Denys Arcand acaba buscando la equidistancia para no irritar del todo, y eso me parece un gran pecado en un artista.

Conste que el protagonista (clamoroso alter ego del escritor del guion) tiene mucho potencial, un poco como el clásico testigo conformista de unos cambios en la estética, en la ética y en la cultura que no entiende y/o le provocan rechazo. Casi todos los seres con los que se cruza a lo largo de la película demuestran orgullosamente ser unos cretinos. Pero Jean-Michel (o Denys) no se enfrenta a ninguno. Ha optado desde hace muchos años seguir la corriente del río sin oponerse lo más mínimo a ella, aunque tenga capacidad para observar que ese río está cada vez más y más contaminado. Lo encuentro una postura cobarde, muy burguesa.

Me gusta que a la hora de mofarse directamente de las gilipolleces que dicen y hacen los idiotas (la gran mayoría de la gente) el director no sea sutil. La pareja de la vida “sana”, las fakeministas dándose premios unas a otras, los farsantes amigos de los nativos, la vecina que ya no quiere que la encasillen en un género, las residencias cambiando los libros por videojuegos, las periodistas, los políticos… Todo aderezado con las reflexiones en off del personaje principal. Obviamente, es una sátira muy descarada. Y me parece bien.

Para mí, el mayor acierto del guion es colocar al personaje de la directora del centro en una posición lamentable y angustiosa, en que contentar a unos significará enfurecer a los otros, y al final ella se llevará todos los palos y su dignidad quedará arrastrada por los niñatos iracundos que mandan hoy en día. Se supone que el espectador ha de sentir compasión por ella, pero debo decir que no es mi caso. Ella eligió ser funcionaria, o sea, servir al estado. Y en el preciso instante en que cobras aunque sea un solo chavo del estado, ya perteneces a él. Obedecerás a tus jefes por encima de todas las cosas y ya no tendrás voluntad, ni conciencia. La pobre directora obedece y aún así es escupida. La veo como el paradigma del drama que supone trabajar para lo público, un drama que cada vez más jóvenes anhelan por alcanzar.

Me quedo con eso, con lo bueno. Lo malo es que como el mismo Jean-Michel asevera, no cree en causas ni en ideologías. Es casi un nihilista al que todo le parece raro y distante, y que jamás se va a comprometer con ningún movimiento social ni de ninguna otra naturaleza. Esa es la contradicción que he visto. ¿Cómo vas a pelear contra los necios y sus necedades (la llamada ‘batalla cultural’) si tú mismo no crees en nada? Si tu propuesta es la nada, ese vacío se encargarán de llenarlo otros, pero luego si esos otros resultan ser unos bárbaros, ¿nos quejaremos de las barbaridades que han hecho?

Como decía, un círculo vicioso muy burgués.

La historia de la ciencia ficción o un documental para lerdos

Si dos majaderos debaten tonterías mientras una cámara giratoria los filma interponiendo objetos desenfocados, es que estamos viendo un documental moderno.

Esta serie documental está muy guay. En ella, un montón de tuercebotas muy famosos disertan como mejor pueden acerca del gran valor trascendental que tiene el cine de robots y de marcianos. Se ponen muy campanudos y profundos mirando a cámara, pero como son medio cretinos, el intento les sale mal.

El formato es el siguiente: James Cameron se sienta en una mesa en frente de otro director famoso. Se ponen a hablar (adornándose con grandes aspavientos y juegos de manos) de lo mucho que les gustó tal o cual película; intercambian unas cuantas frases propias de charla de ascensor, o de fiesta en que no conoces a nadie pero te esfuerzas por romper el hielo; se intercalan imágenes de las susodichas películas (las más comerciales que os podáis imaginar); sale alguno de los actores explicando dicha película por si algún retrasado no la captó, y fin. Seis episodios.

Me parece increíble cómo artistas de probado talento pueden llegar a ser tan necios y vulgares. Pero lo son. Hay que aceptarlo. Seguiré amando el cine a pesar de todo. Pero no dejo de preguntarme hasta qué extremo las personas que han hecho posible que me emocione profundamente con una película determinada (los actores, el director, el guionista…) no sean capaces de comprender lo más mínimo el tema que ellos mismos han desarrollado. Empezando por el conductor de esta obra en particular.

James Cameron ha resultado ser otro cateto ilustrado, inteligente y con ambición. Pero de intelectual tiene poco, por mucha pose de genio que ponga en la carátula.

Cuando una tía con gafotas acreditada como escritora de tal libro que nadie leyó (o que bien podría ni existir) me explica de qué va una película que todos hemos visto, y cree que por eso ya es una superdotada, me entra la risa pero también un poco el asco. Y en este documental aparecen tres de las mujeres más feas que he visto en mi vida, que unido a la repelente moda de enfocarlas bien de cerca, a cámara lenta y mirando directamente al objetivo, pues el resultado es de lo más desagradable. Tampoco ayuda que lo único que suelten ellas (y ellos) sean frases de perogrullo.

Y es que no hay cosa que joda más que cuando se ponen serios y dignos, y hablan de los “futuros distópicos” y de que hay que luchar contra la opresión si no queremos que nos pase como en las películas. Porque estos mierdas son los primeros que fueron a ponerse a la cola para que les pinchasen el veneno. Y los primeros en tratar de obligarnos a los demás. Les encantan los héroes rebeldes que ellos mismos escriben o interpretan, pero están muy lejos de parecerse. De hecho, son lo contrario.

Ya por pura anécdota, comentar que sale el hijo del Lenon y la Yoko hablando (¿¿¿???); que pese a los muchos minutos de la serie, el número de largometrajes mencionados es escasísimo; y que el 60% de ellos tienen un subtítulo con el año de producción equivocado. Se trata pues de un análisis superficial para adolescentes que quizás agrade al sector más limitado del populacho.

Ah, por cierto, en el sexto y último capítulo Steven Spielberg dice que le preguntó algo a Stephen Hawking. Supongo que lo haría en la Isla de Epstein. Y hablando de perversiones, Bob Gale refiriéndose a REGRESO AL FUTURO suelta la perla ‘a quién no le gustaría espiar a sus padres en su primera cita’.

Iuuks. Qué gente.

Un documental maravilloso

Fue un documental precioso, emocionante, conmovedor. Cuando lo pasen a las plataformas no te lo pierdas.

Te das cuenta de quienes fuimos y lo que hicimos. Eran salvajes que se devoraban entre ellos y llevamos la mejor civilización. No conocían ni los colores y les dimos la arquitectura, la música, la agricultura, la estructura política.

Tienes el asombro del que hablaba Ruibal de que aquello fue la más grande epopeya de la historia del planeta. Y de que han ido hacia abajo a partir de que nos echaron. Les dimos un esplendor de organización y belleza como no existía en el mundo y aún está allí nuestra identidad, en las impresionantes Iglesias barrocas cubiertas con toneladas de oro, en el diseño de sus ciudades, en la música, etc.

Es una maravilla.

Por Ana MEGÍAS CALERO

Camino de la suerte o el Alexander Payne español

En la vida hay que tener predisposición a la risa. Incluso en los peores momentos.

Perdón por la comparación, pero me ha gustado comprobar que una película española puede ser sentimental sin caer en cursilería forzada y en impostura pastelosa. Y es extremadamente difícil con estos ingredientes: hombre maduro pierde a su mujer, reencuentro con la familia, regreso al pueblo de su juventud… Era casi imposible no ofrecer la enésima cinta lacrimógena genérica, pero sorpresivamente y gracias a un guion inteligente y con un sano y sutil sentido del humor, se ha logrado esquivar esa categoría.

Producción sobria, fotografía más que correcta (intencionadamente oscura) y, ante todo, dos actores principales brillando en papeles humildes. ¿Qué quiero decir con humildes? Pues sin chillidos, sin llantos histriónicos y sin gracietas de sitcom de mediodía. Tito Valverde demuestra una vez más sus tablas.

Por eso la comparación del título. Porque cuando vi a Jack Nicholson en A PROPÓSITO DE SCHMIDT o a Bruce Dern en NEBRASKA, fue cuando me di cuenta de lo grandes que eran esos actores. Ver a Randle McMurphy liarla en el manicomio era un gustazo; ver a Jack Torrance persiguiendo a un niño hacha en mano era impactante; ver al Joker repintando los cuadros del museo de Gotham fue una maravilla. Pero ver a Warren Schmidt siendo un simple jubilado fue algo más. Fue sobrecogedor y fascinante.

Puede que no todo funcione en esta película, pero eso no es lo importante. Lo esencial es que cumpla con sus objetivos. Y esto lo digo porque yo veo mucho cine (mínimo, una o dos películas al día), y la mayoría de los largometrajes que veo fracasan: cintas de terror que no asustan; cintas de comedia que no hacen reír; y lo peor, cintas dramáticas que no emocionan.

CAMINO DE LA SUERTE sí lo consigue pero yendo por la vía difícil: la de no obligar al espectador a emocionarse con trucos baratos de banda sonora pedorra, de giros de guion exageradamente trágicos, de interpretaciones lloronas, etc. No, esta es una película realista, lo que a muchos espectadores aburrirá.

A mí sólo me aburriría si estuviera mal hecha, que no es el caso.

Ha nacido una estrella o petardas por doquier

De una película divertida, entrañable y humana, pasamos a una sórdida tragedia acerca de la autodestrucción (y en el caso de la de los años 70, muy centrada en el romance). La última es aberrante sin más.

Esta última versión de 2018 está menos emparentada con las A STAR IS BORN clásicas que con PRETTY WOMAN o 50 SOMBRAS DE GREY. La ignoré por años considerando que seguramente iba a ser una versión ligera y chorra, simplemente. Y al principio de verla creí que efectivamente iba a ser mala; luego vi que era un ñordo; pero en verdad lo que es es una parodia (si la hubiese dirigido Mel Brooks, me encajaría). Inferior a la del 37, indigna de la del 54 y parodia de la del 76.

Es malísima en todos los frentes, pero en el del guion se lleva la palma:

  • Básicamente un tío rico, famoso y atractivo entra en un bar gay desesperado por una copa (¿?).
  • Casualidades, empieza a cantar una tía disfrazada de fea una muy regulera versión de ‘La vie en rose’, y el colega se prenda de ella (quién no lo haría).
  • Entra al camerino y el tío descubre que al quitarse el disfraz, la tía es más fea aún. Por supuesto, se enamora al instante.
  • Salen por ahí y ella le pega a un nota que quería sacarse una foto con el famoso. Todavía me pregunto por qué, y supongo que antes de morir podré pedirle a alguien del equipo de guionistas que me explique esa escena.
  • El supuesto guaperas (muy sudoroso eso sí) le pide a su nueva amiga que le cante un tema de los que compone en medio de un aparcamiento (sí, también compone, es una crack, pero los ¡MALDITOS TÍOOOOOOOS! nunca la dejaban brillar). Y cuando ella lleva media estrofa ahí a capela, él le dice que es la mejor canción que jamás ha escuchado.
  • Estamos en el minuto 20 y el resto puedes escribirlo tú. Por limitado que seas, lo más probable es que aciertes sobre lo que pasa a partir de aquí.

Bradley Cooper empieza a caerme gordo, porque que vaya de guapo pase, pero que vaya de buen actor… Habla hacia abajo todo el rato, y todos hablan al mismo tiempo que otros (qué daño ha hecho Woody Allen). Ah, y se la pasan llorando la mitad de la peli casi todos. El doblaje tampoco ayuda.

Lady Gaga actúa peor que Janet Jackson (que ya es decir) y que Mariah Carey (que ya es MUCHO decir). Si le añades que es más horrenda que un frigorífico por la parte de atrás, no me negaréis que el mundo del cine ha ganado muchísimo con su inclusión; en un alarde de sinceridad involuntaria, la peli lo dice: ‘eres fea de cojones’.

Tres guionistas sólo para alimentar el insaciable ego de estos dos flipados. A la Lady Gaga no le bastaba con salir hasta en la sopa (Simpsons incluidos) y ser multimillonaria. Tienen que hacerle un guion donde literalmente dicen que es perfecta, ensalzamiento total, idolatría. Recauda la peli más de 400 millones. Paren que me bajo.

Yo no les diría a las que sueñen con convertirse en ases de la música que tengan ilusión porque en cualquier momento un tío guapo y famoso se enamore de ellas, y les mande un avión privado a su casa para llevarlas a su gran concierto, y las saque al escenario y, sin ensayos ni pruebas de voz ni nada, canten y se hagan unas superestrellas en 5 minutos.

Les diría que vuelen a la isla de Epstein. ¿Y una vez allí? Nada, ya les dirán lo que tienen que hacer.