
Yo siempre presumo de buena memoria, pero desde ayer tengo la mente dispersa, me siento confuso y estoy aturdido. Vago por la casa sin saber muy bien qué hacer, y haga lo que haga, me levanto en busca de otra actividad. Creía que recordaría el momento exacto de mi infancia en que vi por primera vez a Chuck Norris en la pantalla. ¿Fue en DELTA FORCE 2? ¿Fue en DESAPARECIDO EN COMBATE? Ahora mismo, no tengo la cabeza en condiciones para averiguarlo.
Lo único que se me ocurre que puedo hacer para mitigar esa confusión y, por qué no admitirlo, este dolor, es encender la tele gigante y ponerme a ver las pocas películas que aún no conocía de él. Las que no conocía y también las que sí. Porque si no aprovechas este momento trascendental para volver a gozar de EL FUROR DEL DRAGÓN, de LOS VALIENTES VISTEN DE NEGRO, de GOLPE POR GOLPE, de McQUADE EL LOBO SOLITARIO, de EL TEMPLO DEL ORO, de EL HÉROE Y EL TERROR, de HITMAN, y de EL MENSAJERO DEL INFIERNO, te compadezco sinceramente.
No con la compasión falsa de los que suelen utilizar ese término, sino real. Me da pena la gente que ve un peliculón como la copa de un pino tipo INVASIÓN U.S.A., y no es capaz de disfrutarla, y les parece mala o aburrida u ¿ofensiva?, y la puntúan mal en los foros… ¡O incluso ni saben que existe! No envidio a estas personas, ni aunque fueran príncipes o magnates o estrellas de rock.
Otra cosa diferente es la gente que le ha dedicado –y esto es totalmente cierto aunque yo no podía creérmelo al verlo– a nuestro héroe palabras de odio, de resentimiento y de calumnia. Por esta gentuza miserable no siento lástima, sino repugnancia. Asco en el estricto y literal sentido de la palabra: algo que no quiero cerca porque me da ganas de vomitar.
Pero en un momento como este, no deseo dedicarle una línea más a los desalmados que pueblan el mundo, y que Chuck combatió toda su vida, sobre todo en sus dos sagas más famosas y en su inefable serie de televisión. 200 episodios de WALKER nada menos. 9 temporadas de una serie entretenida, educativa y con valores que de pequeños dábamos por supuestos, pero que contemplamos con estupor de adultos que no son los que prevalecen en el mundo, ni mucho menos.
El emocionante documental CHUCK NORRIS CONTRA EL COMUNISMO me hizo abrir los ojos. Pensaba que el cine era sólo entretenimiento, pero las cosas que se ven en él demuestran que el cine es una necesidad. Necesitamos campeones que nos sirvan de modelo, de guía, de inspiración y de asidero moral y anímico. Alguien que nos dé fuerzas en épocas de flaqueza. Chuck no era el único, pero era el número uno.
Carlos Ray me hacía sentir que vivía en una sociedad en peligro, pero que con gente como él, al final todo saldría bien. Y el bueno ganaría. Y los malos morirían de forma espectacular y merecida para regocijo de las buenas personas. Ahora que ha muerto… tengo mucho miedo. Daba por hecho que mi ídolo viviría más que yo, que nunca tendría que oír la noticia de su partida, y de hecho, era algo que he manifestado frecuentemente que no deseaba experimentar.
Pues bien, Dios tenía –como siempre– otros planes. Y se ve que allá arriba las cosas no andan muy bien, porque si ha tenido que recurrir a Chuck, es que se ha liado gorda. ¿Un nuevo ángel caído quizás? ¡Por favor, si te llevas al más grande, al menos envíanos a otro que le sustituya! Ya sé que es pedir imposibles, pero no nos dejes así. El mundo necesita al ranger Walker, al coronel Braddock, a Lonewolf McQuade… Y gracias a éstos, Chuck Norris vivirá para siempre.








