
Para empezar, conviene hacer énfasis en que ridiculizar las vacuas creencias (si es que se pueden llamar así) de un progre no es nada difícil. Es más, lo único que hay que hacer es limitarse a describirlas, ni siquiera utilizando un tono específico, ni sarcástico ni exagerado: basta con enumerar sus comportamientos y proclamas. Ya con eso, tendrás una comedia satírica aunque no la busques.
Partiendo de la base de que la religión progre es risible por sí misma, y que dicho culto gobierna de forma totalitaria la mayor parte de las sociedades occidentales, si un director y guionista se enfrenta a su manera a esta dictadura y expone sus miserias en una película bien producida, rodada y actuada, ese director cuenta con mi apoyo.
Pero al final, el mismo cineasta se frena, se auto-censura, y se marca una historia que más que mordaz resulta “quedabien”. El tal Denys Arcand acaba buscando la equidistancia para no irritar del todo, y eso me parece un gran pecado en un artista.
Conste que el protagonista (clamoroso alter ego del escritor del guion) tiene mucho potencial, un poco como el clásico testigo conformista de unos cambios en la estética, en la ética y en la cultura que no entiende y/o le provocan rechazo. Casi todos los seres con los que se cruza a lo largo de la película demuestran orgullosamente ser unos cretinos. Pero Jean-Michel (o Denys) no se enfrenta a ninguno. Ha optado desde hace muchos años seguir la corriente del río sin oponerse lo más mínimo a ella, aunque tenga capacidad para observar que ese río está cada vez más y más contaminado. Lo encuentro una postura cobarde, muy burguesa.
Me gusta que a la hora de mofarse directamente de las gilipolleces que dicen y hacen los idiotas (la gran mayoría de la gente) el director no sea sutil. La pareja de la vida “sana”, las fakeministas dándose premios unas a otras, los farsantes amigos de los nativos, la vecina que ya no quiere que la encasillen en un género, las residencias cambiando los libros por videojuegos, las periodistas, los políticos… Todo aderezado con las reflexiones en off del personaje principal. Obviamente, es una sátira muy descarada. Y me parece bien.
Para mí, el mayor acierto del guion es colocar al personaje de la directora del centro en una posición lamentable y angustiosa, en que contentar a unos significará enfurecer a los otros, y al final ella se llevará todos los palos y su dignidad quedará arrastrada por los niñatos iracundos que mandan hoy en día. Se supone que el espectador ha de sentir compasión por ella, pero debo decir que no es mi caso. Ella eligió ser funcionaria, o sea, servir al estado. Y en el preciso instante en que cobras aunque sea un solo chavo del estado, ya perteneces a él. Obedecerás a tus jefes por encima de todas las cosas y ya no tendrás voluntad, ni conciencia. La pobre directora obedece y aún así es escupida. La veo como el paradigma del drama que supone trabajar para lo público, un drama que cada vez más jóvenes anhelan por alcanzar.
Me quedo con eso, con lo bueno. Lo malo es que como el mismo Jean-Michel asevera, no cree en causas ni en ideologías. Es casi un nihilista al que todo le parece raro y distante, y que jamás se va a comprometer con ningún movimiento social ni de ninguna otra naturaleza. Esa es la contradicción que he visto. ¿Cómo vas a pelear contra los necios y sus necedades (la llamada ‘batalla cultural’) si tú mismo no crees en nada? Si tu propuesta es la nada, ese vacío se encargarán de llenarlo otros, pero luego si esos otros resultan ser unos bárbaros, ¿nos quejaremos de las barbaridades que han hecho?
Como decía, un círculo vicioso muy burgués.
Magnífica, lúcida crítica a esta película fallida. Es un análisis inteligente, certero, lleno de sabiduría, valiente, que describe de manera brillante la cobardía progre de su autor. Felicidades Jachi!!!
Un millón de gracias, Ana. Es una película ambigua, y pese a que cae bien, el sabor de boca que deja es descafeinado.
¡Esperando tu próxima crítica para publicarla!