
CHRISTOPHER NOLAN acaba de estrenar su última película, ‘La Odisea’, y con ella ha realizado una filmación en su estilo, con mucha acción y ninguna reflexión, una película norteamericana, de aventuras fantásticas, para el entretenimiento de cuantos no sepan quien fue Homero, ni conozcan la importancia de Grecia, en nuestra civilización, a pesar de haber sido la base de nuestra cultura europea.
Grecia, un pequeño país del Mediterráneo, es la cuna de la sabiduría, allí se decidieron las cuestiones políticas, filosóficas y artísticas mas importantes de la historia del hombre. En mi opinión existe el deber de dar a conocer al público mundial la importancia de Grecia y el milagroso análisis trascendente de esa fabulosa civilización que inventó pensar y actuar en consecuencia. Nos enseñó a admirar la belleza, y a construirla, el orden, la medida, la armonía y a expresar con elocuencia y arte, las ideas y los sentimientos. Ha sido la mejor escuela de libertad y de verdad, de la mano de genuinos pensadores y artistas, que expresaron sus puntos de vista desde la razón y el influjo para todo lo que es gracia, finura, profundidad y claridad mediterránea.
La Ilíada, anterior a la Odisea, es un episodio de la Guerra de Troya, narrado por los poemas de Homero. Sabiamente escogido, que dura cincuenta y un días. El origen de esa guerra entre griegos y troyanos fue que Paris, hijo del Rey de Troya, Príamo, raptó a Helena, esposa de Menelao, Rey de Esparta, hermano de Agamenón, Rey de Micenas jefe de los griegos en la expedición contra Troya.
En esta obra la narración de los hechos nos acerca al cielo y a la tierra, en ella está la naturaleza del hombre y su sometimiento al capricho de los Dioses, la reflexión con respecto al Destino, a la imposibilidad de cambiarlo en sus más importantes aspectos, sólo lleva a la certeza de que LA LIBERTAD absoluta no existe, la misma cuestión, que siglos mas tarde plantea Calderón en ¨La Vida es Sueño¨, y para los griegos es tan importante que ni los que pueblan el Olimpo se libran de su poder. Y todo ello se expresa y se vive desde una atmósfera grandiosa, de noble dignidad, de arte y variadísima inspiración. Como cuando se cuenta la aparición de Helena, ¨la de níveos brazos, la de largo pelo, la divina, la del rostro parecido al de las diosas inmortales¨… En la producción cinematográfica, ‘La Odisea’, Helena es una mujer negra, fea, y Nolan no nos explica qué hace allí ni su circunstancia.
La Odisea de Homero, es como una novela de viajes y aventuras, de carácter real y fantástico que sostienen nuestro interés mostrando la vida íntima de los griegos, no se ocupa de la descripción de batallas, sino de las costumbres, de las reflexiones de sus personajes. La historia de esta obra es el regreso de Ulises, Rey de Ítaca a su hogar, procedente de lejanos países a donde las grandes tempestades han llevado a su nave después de haber participado y contribuido a la derrota y la destrucción de Troya. El palacio de Ulises en Ítaca está invadido por un enorme grupo de poderosos pretendientes de su mujer, Penélope, la que ellos creen viuda de Ulises y a la que exigen que se decida a casarse con uno de ellos. Mientras no lo haga amenazan con permanecer los días allí en continuos banquetes, al mismo tiempo piensan matar al hijo de Penélope y Ulises, el joven Telémaco. Mientras Ulises está retenido en una isla por la ninfa Calipso que no le deja salir de allí, pretendiendo que sea su esposo y no vuelva más a su patria.
El gran dramaturgo trágico Eurípides reflexionó acerca de la impresionante Guerra de Troya, contando la violencia de los griegos en dicha invasión, desde un caballo preñado de guerreros que asaltaron la ciudad y mataron a cuantos encontraron a su paso. Y son las mujeres Troyanas las que se encargan de desenmascarar la ambición que guía a los hombres en todas las guerras de la tierra. El Poder y la riqueza disfrazados de venganza por el rapto de Helena. La gran obra de Eurípides, fue extraordinariamente adaptada para Broadway por el gran dramaturgo gallego, afincado en Nueva York, José Ruibal, de manera que dicha tragedia es uno de los más inteligentes y reflexivos textos teatrales que pueden representarse hoy en cualquier escenario del mundo, en él “Las Troyanas” protagonistas se quejan de la violencia y la crueldad de esa guerra, con un lenguaje cotidiano y profundo, con escenas y diálogos dramáticos que forman una de las tragedias mas modernas y trascendentes de la Historia de la literatura dramática mundial. Hécuba, esposa de Príamo, Casandra, su hija adivinadora, Andrómaca, esposa de su hijo Héctor, y Helena, la mujer que Paris raptó en Grecia, antigua esposa de Menelao. En ella Helena es detenida por los soldados griegos que la llevan frente a Menelao, su antiguo esposo, en presencia de Hécuba, y en esa escena el diálogo transcurre así:
HELENA._ ¡Oh Invicto Menelao! ¿Buscas aterrarme? ¿Por qué, esas manos ásperas y violentas de tus soldados se posan sobre mi cuerpo? Debo manifestarte que jamás fui tan brutalmente tratada. ¿Qué vais a hacer los griegos contra mí?
MENELAO._ Los soldados tienen sus modales. Mis aliados, complacientes conmigo, lo han dejado todo a mi cuidado…Y yo te condeno a muerte.
HELENA._ ¡Qué pronto ha llegado a tu boca el juicio! Ante tal urgencia, ¿me será permitido alegar que moriré injustamente?
HÉCUBA._ ¿Escúchala Menelao! Si le permites hablar, su lengua te contará sus deplorables acciones, las cometidas en Troya. Sus palabras te ayudarán a sacar filo a tu espada. ¡Escúchala! Cuanto más se justifique, más fortalecido saldrá tu brazo para degollarla.
MENELAO._ Ya no hay tiempo para dispensarle tal gracia.
HÉCUBA._ ¡Por favor, Hécuba te lo ruega por todos los muertos!
MENELAO._ ¡Sea!, pero no es su presencia lo que me fascina, sino el dolorido lamento de tus imprecaciones, Hécuba, yo nada doy por ella.
HELENA._ De antemano sé que no vas a cambiar de opinión y que me tratarás como macho herido, diga yo lo que diga. ¿Qué otra cosa puede hacer un hombre como tú? SEÑALA A HÉCUBA Esa que ves ahí, tan devota y consejera tuya, es la mismísima madre del causante de todas las desdichas.
MENELAO._ Deja tranquila a Hécuba, aplastada por la cosecha de sus males.
HELENA._ Puedo compadecerla, a la vez que culparla. Hay un delito, que ella conoce bien, pues ella misma lo cometió, cuando su cobardía, al atar sus manos, trajo en cadena todas las desventuras.
HÉCUBA._ Esas llegaron contigo.
HELENA._ ¿Por qué, Hécuba, no haces memoria y declaras que cuando tu hijo Paris iba a nacer, un sueño te predijo que ibas a dar a luz una antorcha y que esa fatídica antorcha incendiaría tu propia ciudad?
MENELAO._ No descargues tus faltas sobre seres que ya nada pueden, ni me vengas con historias ajenas a los hechos.
HELENA._ No estoy haciendo uso de falacias, sino de sucesos que tú, como hombre de gobierno, deberías saber.
MENELAO._ Creo que no es esta la ocasión mas apropiada para ponerte a aleccionarme, ni que tu boca sea la más indicada, ya que otros menesteres se le dan mejor.
HELENA._ Sabe, jefe desinformado, que tal niño fue abandonado en un monte por el Rey Príamo, su padre y criado por unos pastores. Un día, al verlo la adivina Casandra, le reconoció como su hermano y lo trajo a Troya.
MENELAO._ ¡No me vengas con fábulas que todo lo justifican!
HELENA._ No son fantasías. El rey consultó sobre el Destino de Paris con un famoso adivino y éste dijo que acarrearía la catástrofe. Tal vaticinio movió a Príamo a ordenar su sacrificio… SEÑALÁNDOLA Pero ahí entró la ternura maternal de Hécuba, esa víbora que ahora te aconseja matarme. Esa es la que te avisó para que no te dejaras atrapar por mis encantos, fue la primera mujer que se prendó de las gracias de Paris.
MENELAO._ Pero, Helena, ¿estás fuera de ti?
HELENA._ Te pones de su parte ya que a los dos os conviene tener mala memoria. Tú sabes cómo fui raptada del Palacio Real de Esparta, que heredé de mi padre. Tú sabes cómo te elegí por marido. Tú sabes cómo, después de las bodas, por no saber lo que es una famlia real, te fuiste solo a las honras fúnebres de tu padre, en lugar de llevarme contigo. Luego te enredaste en belicosas hazañas, mas afanado en acrecentar tu honor que en atender a tu esposa y educar a tus hijos.
MENELAO._ Yo era el rey y la guerra mi oficio.
HELENA._ Y yo tu enamorada esposa… ¿Por qué, hombre torpe, nunca me has llevado contigo?
MENELAO._ Estorbarías mis acciones de guerra.
HELENA._. Si, ya sé, y por una de tus batallas, en cierta ocasión, me abandonaste en el Palacio Real de mi padre, donde Paris era tu invitado, no el mío. Tú y sólo tú me dejaste indefensa ante la lujuria de Paris. ¿Nunca se te pasó por la cabeza que la presencia de Paris amenazaba tu honor?
MENELAO._Él cayó bajo la tentación de tu belleza, Helena.
HELENA._Esa belleza que un día adornó tu vanidad, nunca me ha servido para retenerte a mi lado. Mi belleza fue siempre el pasto de la codicia ajena y la piedra de toque de todas mis desventuras. Tú eras mi guardián natural. A tí me entregó mi padre, el Rey de Esparta. De su mano pasé a la tuya, pero tú, al abandonarme en busca de galardones fatuos, diste ocasión a que Paris, tu invitado, me raptase.
MENELAO._ ¡Huíste con él, eso todos lo saben!
HELENA._Bien sabes, Menelao, que yo pude casarme con otros príncipes griegos, todos ellos con mayor riqueza que la tuya. El día de nuestras bodas eras un simple refugiado acogido a la hospitalaria generosidad de mi padre. Yo te hice Rey y, con el poder que te dio esa corona vienes ahora en pos de mí para matarme…
Eurípides es el gran dramaturgo trágico que da la palabra a las mujeres, esas víctimas extraordinarias de las guerras de los hombres, su obra es la más lúcida reflexión acerca de la guerra de Troya, él subraya la ambición de poder, honores y riqueza que guían a quienes deciden invadir una tierra sacrificando familia, pidiendo a los Dioses la ayuda necesaria para su cruel empresa. Los razonamientos y reflexiones de estas mujeres son una enorme queja, una desaprobación de la violencia masculina ciega de ambición y gloria. El autor pone en evidencia a quienes culparon a una mujer y a su belleza de una guerra terrible en la que ella no es más que una víctima de sus planes invasores. Los magníficos autores griegos nos enseñan a pensar y nos cuentan que la naturaleza del hombre ha sido siempre la misma desde que existe sobre la tierra. Desde el foro de los grandes teatros, el pueblo griego era persuadido a reflexionar acerca de sus acciones y de las de sus monarcas y guerreros. También de los caprichos de los Dioses, de la inevitabilidad del Destino. Las grandes tragedias se representaban ante miles de espectadores que acudían pagando una entrada, que muchas veces estaba subvencionada por el gobierno, para las clases mas desfavorecidas, y a través de esos magníficos espectáculos los espectadores purificaban su espíritu y desarrollaban el sentido crítico. Y esto sucedía a través de ¨la catarsis¨, que significa purificación, y es el efecto trascendente que la tragedia produce en el espectador, como la describe Aristóteles, a través de emociones como la piedad y el temor.
Desgraciadamente en nuestro tiempo se ha perdido la costumbre de crear una especie de catarsis en los dramas trágicos que se representan en el teatro o se realizan en cine. No está de moda que los hombres se arrepientan de sus acciones, que reflexionen acerca de sus fechorías, por terribles que sean. No conviene que los espectadores piensen demasiado, seguramente para que sigan votando como lo hacen. La costumbre de pensar, de estremecerse ante la crueldad y la ambición de poder, después de asistir a una representación teatral, no se estila. Sin embargo cuando yo explicaba a mis alumnos el teatro griego, eran futuros directores de teatro, quedaban asombrados ante la profundidad, la belleza, la fuerza y la modernidad de los textos griegos. Cuando estudiaban Las Troyanas de Eurípides se sorprendían del protagonismo y las reflexiones de esas mujeres y descubrían que el feminismo moderno tenía unos antecedentes muy antiguos, que siglos antes de Cristo, había dramaturgos que escuchaban las sabias reflexiones de las mujeres. El hecho de que el Olimpo estuviese poblado de Dioses y Diosas con poderes semejantes tenía mucho que ver en el reparto de personajes trágicos y también en las comedias.
Una prueba de lo que digo es la escena en la que Hécuba, Reina de Troya, dice un desgarrador monólogo, como consecuencia de los trágicos informes que le trae Taltibio, el heraldo que informa de las últimas noticias: Le comunica que su nieto va a recibir piadosa sepultura. Le trae, sobre el escudo de Héctor, su padre, el cadáver del pequeño, para que honre sus restos, mientras él cava una fosa para enterrarle, ya ha lavado sus tristes despojos en el Escamandro, su río sagrado. También le cuenta que los hijos de Helena, habidos con Paris, han sido condenados a quedar insepultos, mientras sus hijas viajarán a Esparta donde serán esclavizadas.
HÉCUBA._ ¡Ay, qué certeras puñaladas me traes en tus insensibles palabras, máquina de horribles mensajes! Esos niños, pese a su odiosa madre, eran hijos de Paris, mi hijo. ¡Ay de mi! No me traigas mas noticias, Taltibio. Esos nietos también llevaban mi sangre. SE ARRODILLA ANTE EL ESCUDO DE HÉCTOR Y LO ACARICIA COMO SI FUERA UN SER VIVO ¡Oh redondo escudo de Héctor, todavía hueles a su noble cuerpo! Ya no brillas como en los días que se anunciaban gloriosos, pero mis manos te reconocen como parte de mí. ¡Ah malditos griegos! ¿Por qué habéis sacrificado a este indefenso niño?… Si, temíais que un día, tomando las armas de su padre, edificase Troya. Yo guardaba en lo más recóndito de mí esa esperanza , pero vosotros habéis metido en mi corazón vuestra zarpa cruel. ¡OH queridísimo niño! Has muerto sin causa, te tenían miedo…! LAS MUJERES AYUDAN A HÉCUBA A PREPARAR EL CADÁVER, CUBRIÉNDOLO CON LO MEJOR QUE TIENEN A ti, niño mío, pese a que nunca levantaste una lanza, ¿cómo pudo infundir miedo un niño tan pequeño? Yo no puedo admitir el temor, cuando el temor, perdiendo la cautela, se convierte en obtusa sinrazón. ¡Oh desventurado! Te han machacado la cabeza, cuyos rizos cultivó tantas veces tu madre, ya que eran el jardín de sus besos. Tus huesos están rotos y tus manos, que son enamorada copia de tu padre, ya no pueden acariciar mi cara. ¡Oh candorosa boca, ¿dónde está tu sonido? ¡Ay inocente niño, cómo me engañaste! ¿Te acuerdas cuando me abrazabas y decías: “Ten por cierto , abuelita, que cuando tú mueras yo cortaré todos mis rizos sobre el túmulo de tu cuerpo”? ¡Ay qué al revés han salido las cosas! Y soy yo, tu vieja abuela, la que se muere de tristeza sobre tu cadáver, niño queridísimo! ¡Ah desdichado el mortal que piense que su fortuna es una rueda loca, que todo gira sin ley de un lado a otro, ya que no hay nadie que conozca la dicha perpetua!
En la Odisea, en su interminable regreso, Ulises, preso durante siete años por Calipso, consigue que le deje, al fin , partir y así llega a la tierra de los fenicios donde Nausica, la bella hija del rey Alcínoo, le conduce desde la desembocadura del río al palacio de su padre. La estancia de Ulises en esa casa, donde es tratado de manera generosa por el Rey, sirve a Homero para que Ulises relate todas las peripecias que ha pasado, de las que algunas pueden verse en la película de Nolan, filmadas con la sola intención de mostrar unos efectos especiales, de un cine para adolescentes.
Por fin Ulises parte de la tierra de los fenicios hasta Ítaca pero cuando llega tiene que hacer uso de sus argucias para sacar de su casa, matándolos, a la enorme cantidad de intrusos que se ha instalado en ella, durante sus veinte años de ausencia, matanza que está a punto de provocar una guerra. En esa llegada del “héroe prudente”, Ulises demuestra el valor que siempre ha demostrado, junto a la astucia, a la disimulación, al fingimiento. No en balde fue el inventor del Caballo de Troya del que habla la Ilíada. Penélope también engaña a sus pretendientes, no comprometiéndose con ninguno, inventando el pretexto de que no puede decidirse hasta que no haya acabado la tela que ha de servir de sudario de Laertes. Por la noche deshace lo que ha tejido durante el día, con lo que la labor resulta interminable, como su dolor por no tener junto a ella a su amado esposo.
La película está bien rodada, se han utilizado muchos millones de dólares en su producción, y algunos justifican que por esa razón sea un puro divertimento, que tiene que recuperar el dinero invertido, dando por sentado que la gente es imbécil y no merece que se la invite a pensar, tal y como hacía Eurípides en los majestuosos teatros de Grecia. Pero aquel público heterogéneo no era más culto que el actual, y sin embargo amaba las sacudidas emocionales que los trágicos les brindaban, la gente salía de aquellos espectáculos sobrecogida por la belleza y la fuerza de los mismos. Después, en su casa reflexionaba acerca de lo que había visto y desarrollaba un punto de vista ético, que le hacía revelarse contra sus Dioses y sus gobernantes. Después comentaba con sus vecinos y dialogaba por sus calles acerca de los acontecimientos que le afectaban a ellos y a su tierra. Por aquellas plazas se desarrollaron las cuestiones fundamentales que caracterizan a “nuestra civilización”, con respecto a la politica, al arte, a la ética, al deporte, a todas las circunstancias que afectan a la existencia de hombre.
Nuestros dramaturgos del Siglo de Oro, eran grandes admiradores de los autores griegos, e hicieron, a su forma, unos espectáculos dramáticos que tenían la misma intención que sus antepasados mediterráneos: entretener y divertir enseñando, y esa fue su grandeza y “su éxito”. Pero además los grandes filósofos alemanes y franceses estudiaron y se rindieron ante la profundidad filosófica de ambos, debemos de estar muy orgullosos de haber contribuido, a través del teatro, a que Europa y el mundo occidental se haya desarrollado de la manera que lo hizo. Nuestra civilización está actualmente en peligro, sería muy eficaz volver a estudiar a los griegos, seriamente y no con películas vacías de contenido que sálo sirvan para recaudar dinero de manera fácil y prosaica.
ANA MEGÍAS