POR QUÉ ME DISTE ALMA, DIOS

No diré que no quise haber nacido.

Pero, ¿por qué no me hiciste como a ellos?

¿Por qué me diste piedad?

¿Por qué me hiciste sensible al dolor?

¿Por qué me hiciste tener miedo a que me abandonen?

¿Por qué me diste conciencia para tomar decisiones?

¿Por qué me diste remordimientos cuando hiero a los demás?

¿Por qué no me hiciste como a ellos?

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Ellos pueden reír, llorar, enfurecerse, gritar.

Ellos bailan, mienten, ocultan, roban.

Cumplen sus deseos, y los airean, y celebran.

Y no sienten nada. Sólo alegría por sí mismos.

Ellos las engañan y se enorgullecen.

Ellas los manipulan y utilizan y se alegran.

Todos de acuerdo para usarse y luego tirarse.

Todos complacidos de su indolencia.

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Pero de mí desconfían.

A mí me vigilan y me reprenden.

A mí me recuerdan lo que no debe hacerse.

De mí se burlan por sentir cosas.

A mí no me entienden cuando me duele.

A mí me preguntan ‘¿por qué no te ríes?’.

A mí me critican después de servirles.

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¿Por qué mis sentimientos están prohibidos?

¿Por qué los sentimientos de ellos están premiados?

¿Por qué mi sufrir está mal visto y el suyo es legímito?

¿Por qué para mí la traición es inconcebible

y sin embargo ellos la practican a diario?

¿Por qué plantaste en mí la duda?

¿Por qué a ellos los bendijiste con la certeza?

¿Por qué a mí me has maldecido, Dios?

¿Por qué me diste alma?

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