MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA, escrita y dirigida por ALBERT BOADELLA

EL GRAN POETA DRAMÁTICO

En los Teatros del Canal de Madrid se acaba de estrenar el último espectáculo de Albert Boadella: MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA, una muestra de la vitalidad del genio, de su poderosa creatividad, de su sabiduría teatral, de su gran oficio, de la elegancia con la que pone en pie sobre la escena un texto original, un drama con música, que es una comedia insuperable preñada de poesía.

Maravillados asistimos a una zarzuela construida con una selección de grandes y preciosas canciones de músicos distintos, de la historia de la música lírica española. El libreto escrito por Boadella y Martina Cabanas presenta, como dice el programa, a un anciano y enfermo maestro de zarzuela enfrentado a su mejor alumna, convertida hoy en una exitosa protagonista de la música de consumo en EEUU.

La colaboración del dramaturgo/director con Antonio Comas y María Rey-Joly procede de diversas obras líricas, que estos extraordinarios cantantes/actores han protagonizado: Amadeu, El Pimiento Verdi, Don Carlo, El pintor, ¿Y si nos enamoramos de Scarpia? Y Diva.

El inolvidable momento milagroso en que comienza el drama, es en un espacio escénico sorprendente, que nos sitúa en un futuro donde el anciano está al abrigo de fuerzas artificiales , diseñadas por ordenador, cuyos efectos enfadan al personaje, abrumado por su soledad y sus recuerdos. Allí aparece su antigua alumna, pidiendo su ayuda, pues ha perdido su magnifica voz malgastándola en la música barata de la industria. Es entonces cuando, Maria Rey-Joly, esa portentosa cantante, demuestra que su enorme talento como actriz crece con cada espectáculo, es una diosa que despliega su interpretación dramática y musical con un excelente sentido del humor y un físico impresionante. Así utiliza su voz, sus andares y su poderoso erotismo por el escenario despertando el entusiasmo del público. Antonio Comas de nuevo, toca el piano, canta e interpreta con una facilidad asombrosa, tal y como nos tiene acostumbrados en los anteriores espectáculos musicales de Boadella. Sin embargo esta vez emprende una tarea aún mas difícil, pues compone la expresión corporal , que no abandona en toda la representación, de un anciano enfermo, a la vez que araña su garganta para crear la voz de un cantante viejo y achacoso, en un esfuerzo prodigioso que asombra por su enorme dificultad. El gran Boadella ha moldeado las virtudes de estos estupendos profesionales, cristalizando en ellos una representación en la que nos enseña los secretos de su arte. 

Como nuestros clásicos del XVII , Boadella construye un magnífico Poema Dramático, porque él es un poeta de una sensibilidad exquisita. El espectáculo es de una belleza conmovedora, ha logrado que desaparezca ese corte que existe en el teatro lírico, cuando los cantantes paran de cantar y pasan a la palabra hablada, ese duro espacio ha desaparecido en esta función, la música termina suave y la palabra se une en sonido a esa música en un finísimo ejercicio vocal en el que la armonía une los dos lenguajes con una facilidad sorprendente y que es un hallazgo jamás conseguido en un escenario. El humor, el erotismo, y la belleza, esa gran belleza que conmueve, provoca en el público, que asiste asombrado y emocionado, el mayor entusiasmo por este soberbio espectáculo. Este dramaturgo, español, en el mas amplio sentido del término, es un sabio que ama nuestra música, nuestra maravillosa cultura. Es un artista descomunal que nos permite entrever las infinitas quimeras que habitan en su espíritu y que comparte desde su lenguaje imaginativo, desde ese efecto medido, y su asombrosa vitalidad que no envejece nunca. 

La esmerada y eficaz iluminación es de Bernat Jansá, el responsable de la inspirada dirección musical es Manuel Coves,  y la asesora artística es Dolors Caminal.

Los espectadores, entusiasmados, aplaudieron durante siete minutos ininterrumpidos, ese milagro dramático puesto en pie sobre la escena del mejor director de teatro de Europa. 

Por Ana MEGÍAS CALERO

Libros que leí: EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS (Joseph Conrad, 1899, Reino Unido)

Aunque hace ya algunos meses que me lo terminé, Heart of Darkness no me había inspirado el escribir nada especial, hasta ahora.

Fue cuando me puse a reflexionar sobre temas de justicia y sus tejemanejes; en la demora de ¡años! con que se mal resuelven los pleitos; en fin, en este sistema aletargado, perezoso y sórdido que rige los asuntos legales, que de vez en cuando mis amigos policías y abogados tienen a bien compartir conmigo, y que tan sólo susurrándome superficialmente algunos de sus vericuetos hace que me invada el mayor de los desánimos.

El relato de Conrad trata de algo parecido. Va sobre el concepto de ‘civilización’. De cómo funciona, y cómo se alimenta. La inmensa mayoría de la gente vive en ella, disfrutando de las ventajas que la ilusión de seguridad y bienestar producen. Pero proporcionalmente, casi nadie conoce sus entresijos, sus tripas, el alcantarillado que recorre nuestra sociedad por su subsuelo, y sin cuya existencia simplemente nuestro mundo tal y como lo conocemos no existiría.

Marlow (de seguro un alter ego del propio Conrad), recorrió esos pasillos subterráneos, plagados hasta el último centímetro de muerte y decadencia. Su visión le espantó, y le cambió el alma, pero no apartó la mirada. Él fue un hombre valiente, y nos dijo la verdad, y solamente por eso merece que le admiremos y le demos las gracias. Porque conozco a poquísima gente dispuesta a asomarse a los interiores de la sociedad, las cámaras de mantenimiento de esta colosal maquinaria, de nuevo, las tripas. Y de esos pocos, prácticamente ninguno quiere no volver cuanto antes el cuello hacia otro lado, un lado en que no haya visiones de horror que le hagan comprender el terrible abismo que está a punto de tragarnos en todo momento.

No todos están preparados para soportar ese conocimiento. Kurtz, un hombre humanitario y cultivado procedente de la alta sociedad británica, creyó ser lo bastante fuerte como para aguantar esa carga. Pero se equivocó. El conocimiento le cegó y le volvió loco.

En otro artículo (https://jachi.es/teoria-del-avion-sin-piloto/) ya hice alusión a este peculiar delirio colectivo, llamado precisamente civilización, y que Joseph Conrad comprobó in situ la chifladura, los crímenes, y la destrucción más gratuita y voraz bajo las cuales dicha civilización se sustenta. Creemos que vivimos sobre un puente con remaches de acero, perfectamente reajustados cada 24 horas por operarios cualificados. Pero creo que es mejor saber (o no, hasta yo tengo mis dudas) que esta casucha está sostenida por chinchetas baratas, con tablones podridos y que en la próxima tormenta nos iremos todos a pique. Y cuando ocurra, quizá sea mejor que no nos sorprenda, no lo sé.

Este cuento tétrico fue hábilmente aprovechado por los productores de Apocalypse now, en un contexto perfectamente equiparable al de la novela original. Un contexto en que las decisiones arbitrarias y caprichosas de un puñado de mediocres medio majaras, hacen que uno de cada mil de nosotros abramos los ojos en una expresión deprimente y pesadillesca. Porque algunos sabemos lo que es El Horror. Y que vivimos más cerca de él de lo que nadie está dispuesto a aceptar.

Libros que leí: SERVICE GAMES, EL AUGE Y CAÍDA DE SEGA (Sam Pettus, 2013, Estados Unidos)

Estudiar cuestiones históricas, ya sean de carácter político, biológico o, como en este caso, empresarial, admite actuar conforme a determinadas reglas. Creo que es obvio que no se puede juzgar una situación muy específica perteneciente al pasado haciendo uso conveniente y tramposo de datos que sí conocemos hoy, pero de los que era imposible disponer entonces.

Por ejemplo, no podemos (o no debemos) presentar a Aníbal como un estratega inepto por haber perdido finalmente su guerra contra Roma, y alegar ‘es que no hizo aquello, es que no tuvo en cuenta, es que fue para allá y no para acá…’ Nosotros ahora sí tenemos los mapas, y los números, y la información detallada de todos los factores que intervinieron en aquellos hechos. Pero sus protagonistas no.

Por eso, el historiador “ventajista” y fullero se pasa de listo al etiquetar a tal personaje, o tal decisión crítica, o tal lance de la historia como equivocado, temerario, suicida, etc, una vez todas las cartas han sido volteadas y están bien puestecitas sobre la mesa. Básicamente, sería como decirle a Kasparov, justo tras recibir un jaque mate, ‘tíooo, ¿cómo hiciste esa jugada tan mala antes, es que estás tonto?’.

La batalla de Sega por liderar el mercado de los videojuegos dio como resultado, simple y llanamente, unos artefactos que podríamos tildar de “mágicos” que han proporcionado una inmensa felicidad a un número incalculable de personas (particularmente niños) de todo el mundo. En nuestro caso concreto, cuatro de esos aparatitos afianzaron nuestros sentidos y nuestra personalidad entre los años 1991 (aquella entrañable Master System) y 2002. Y no lo hicieron sólo con nuestra familia, sino con millones como nosotros. Así que jamás de los jamases me atreveré a descalificar llamando “fracaso” a ninguno de estos increíbles ingenios tecnológicos llamados videoconsolas. Algo que sin embargo es muy del gusto de los escritores de poca monta que abordan el tema.

Sam Pettus, entroncando con lo que decía en el primer párrafo, es como esos analistas de bolsa que revelan las causas de por qué la empresa se ha ido a pique, o el mercado entró en recesión, o bla bla bla… ¡Cuando ya ha pasado! Antes no, antes pa qué. Antes tendría algún mérito, y sería difícil. Pero hacerlo a posteriori es más entretenido y sobre todo más fácil.

Es el típico sabiondo que conoce a la perfección la conveniencia de las decisiones 20 o 30 años después de haberse tomado. Que Sega saca la videoconsola más tarde que la competencia, ‘Sega desaprovechó la oportunidad de adelantarse a sus rivales, quedando rezagada’; Que la saca antes, ‘Sega se precipitó lanzando un sistema demasiado avanzado para su tiempo, dándole a sus competidores la chance de fijarse en sus errores y corregirlos’.

Que Sega pone a la venta una consola a un precio muy alto, ‘Sega condenó a su sistema con un precio prohibitivo, fuera del alcance de la mayoría’; Que la pone a la venta muy barata, ‘Sega se arriesgó mucho colocando su consola con unos márgenes de beneficio tan bajos, no debió hacerlo’. ¿En qué quedamos, colega?

SERVICE GAMES, EL AUGE Y CAÍDA DE SEGA hace gala de una escritura y unos análisis muy convenientes y muy facilones, desprovistos de un estudio más profundo y, sobre todo, más emplazado en un mercado incandescente como era el de los videojuegos en los años ’90. Analizar las supuestas malas iniciativas de Sega sin valorar el vendaval descontrolado que fue, especialmente, la transición de los 16 a los 32 bits justo en medio de la década, es tener poco seso y demostrar una grave banalidad.

No hay que olvidar que veteranas de la industria con más pedigree incluso que Nintendo y que Sega se la pegaron en esta época, propiciando que alguna casi desapareciese (el caso de Atari con su Jaguar) o que desde luego, no se atrevieran a intentarlo de nuevo (Bandai, Philips, Apple, Commodore, Nec, Fujitsu, etc), sin contar los ambiciosos proyectos 3DO y Virtual Boy, igualmente fallidos.

Fue una época memorable y cargada de ofertas, en la que muchos chavales (sí, chavales: en este tiempo la gran mayoría de los jugones éramos menores de edad, otro fallo analítico del libro, y gordo) tuvimos nuestro primer ordenador con Windows en esa segunda mitad de la década, descubriéndose nuevos mundos impensables para nosotros, empezando por los juegos y terminando con Internet y todo lo que eso suponía. Meter el pie en este mercado en plena ebullición era jugar con fuego, y nadie estaba seguro de nada, y nadie podía saber qué iba a suceder dentro de seis meses.

¿Que Sega hacía apuestas a una sola carta? Joder, porque realmente sólo tenía una carta. Nintendo tenía el colchón de las portátiles (monopolio en la práctica que, cómo no, Sam Pettus no trata ni por encima). Y Sony tenía colchones para regalar: electrodomésticos, equipos de música, cámaras… Si su experimento consolero les salía mal, los ejecutivos del gigante japonés no iban a perder el sueño, eso seguro. Sega no podía permitirse ese lujo. Y para ilustrarlo, adjunto cita textual (sacada del libro) de una web desaparecida llamada Daily Radar:

Si Dreamcast fracasa, no será porque no haya buenos juegos disponibles para ella. Pocas consolas pueden presumir de haber sido bendecidas con un catálogo de juegos tan impresionante en tan poco tiempo de vida como ha sido del caso de Dreamcast. No, en caso de que Sega tenga que sufrir la derrota, será simplemente por la existencia de otras máquinas a cuyos fabricantes les sobra el dinero.

El ¿fracaso? de Saturn es inexplicable sin el grandioso (e inesperadísimo) éxito de Playstation. Porque sí, cualquier imbécil que ahora diga que el boom de Sony en las videoconsolas se veía venir, o miente o es un fantoche medio lerdo. Y dicho exitazo se puede resumir en dos palabras, que definen dos etapas muy marcadas en la trayectoria de la “Play”: publicidad y piratería.

1996 y 1997 vieron una colosal (y estupenda) campaña de marketing que hizo que cualquier niño o adolescente anhelara una Playstation con fervor. Dicho sea de paso, animados por las revistas bien (pero bien bien) untadas para que no se nos ocurriera cometer el error de decantarnos por la de Sega.

1998 y 1999 por su parte fueron los años ‘de las tarrinas’: ya sabéis, esa época un poco oscura en que los niños ya no se conformaban con ahorrar y comprar 5 juegos… ¡Necesitaban 50 por el mismo dinero!

Era casi imposible competir contra este nuevo monstruo, y si Nintendo 64 no se hundió junto a Saturn fue gracias, como ya he dicho, a que seguían vendiendo millones de GameBoys por todo el mundo sin que nadie les hiciera sombra. Eso y Pokemon. Que por cierto, no sé por qué no se le dedica ni una página a la consola Game Gear, que también supuso una apuesta decente en el ámbito de las portátiles y que yo sepa, forma parte fundamental de la historia de Sega, que es de los que se supone va todo esto.

Que sí, que ya sabemos que Sega malgastó muchos recursos en aparatos poco rentables y que las directivas de USA y Japón se hicieron la puñeta mutuamente. Y que la campaña publicitaria de Saturn fue horrorosa, algo que los “especialistas” espabilados siempre pasan por alto. Mas yo mantendré siempre que todo aquello podría haberse quedado en anécdota, con todo el tirón que tenía a nivel mundial Sega debido a MegaDrive. Pero la nueva competidora fue sencillamente una apisonadora.

Estupideces como lo de que las third parties dieron la espalda a Saturn (¿y eso a quién demonios le importa?) o que era demasiado costosa (cuando un precio supera la barrera de lo ‘prohibitivo’, tanto da que cueste 350 dólares como si cuesta 3.500: sea como sea un niño no se lo podía permitir, y Playstation era en ese sentido igual de inalcanzable que Saturn) son respuestas propias de youtuber cutre.

Y de nuevo, nadie dice que una de las primeras razones de las bajas ventas de Saturn fue su calamitosa distribución en Occidente, que aún hoy en día nadie es capaz de explicarme (75% de los juegos de su catálogo se quedaron en Japón).

Una de las partes que más me enervan de esta suerte de análisis superficiales y chusqueros es cuando atribuyen a la salida de tal juego concreto el triunfo o el hundimiento de tal o cual sistema. Vamos a ver, ningún título por sí solo, por muy famoso que se haga y por mucha publicidad que le den, determina jamás el destino de toda una consola. Afirmar eso es de burros. No les entra en la cocorota que no necesariamente a los que les gustan los juegos de peleas les gustan también los de carreras. Ni los de guerra. Ni los RPG. Ni los deportivos. No todos somos iguales ni nos divierten las mismas cosas (se siente, globalistas).

Y ya que vamos de explicaciones presuntamente súper racionales, ¿cómo se interpreta (según Sammy) que cuando Dreamcast salió antes que ninguna con un plantel de juegazos impresionante tanto en número como en calidad, con publicidad abundante y atractiva, precio razonable y conexión a red de serie, llega la carísima Playstation2 con unos pocos juegos escasamente prometedores… y barre de la pista a Sega en poco más de un año? Descuidad que el entendido tendrá contestaciones para todo.

En otra de sus clarividentes revelaciones, el colega dice ‘la no inclusión del DVD en Dreamcast es algo que preocupó mucho a los jugadores de la época’. ¡¿Pero qué dices, tío?! ¿En 1998? Si entrado el 2000 la inmensa mayoría de la gente no sabía lo que era un DVD. La mayor parte de mis amigos se enteró para lo que servía al mismo tiempo que se compraron la Playstation2 (o incluso tiempo después).

-Dato significativo: la primera película que vimos en DVD, a finales del año 2003 (y en efecto, en una Play2) fue LAS DOS TORRES, así que otra gilipollez más a la lista de gansadas del autor.-

Además, el susodicho se empeña en defender a Bernie Stolar, uno de los más infames caraduras que han dirigido jamás el cotarro en una empresa de videojuegos. Con su tristemente celebérrimo ‘Saturn no es nuestro futuro’ (que para que lo entendáis los profanos, es como si el entrenador del Barça de 2010 hubiera dicho que ‘Messi no es nuestro futuro’ o el presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer dijera en 1930 ‘el sonoro no es nuestro futuro’), ahora según el autor debemos tenerle piedad porque –textualmente– no le quedaba más remedio (pobrecillo, con la cara de bueno que tiene*).

Más aún, este libro acuña otra cita maravillosa del bueno de Bernie recomendando a sus superiores de Sega venderle el negocio a Microsoft. ¿Ustedes se imaginan a un psiquiatra sugiriéndole a sus pacientes que se suiciden? Ese era Bernie Stolar.

Para Pettus (absténganse de chistes malos) la gran apuesta de Sega, la por siempre infravalorada Saturn (seguiré diciendo que fue su sistema más perfecto y su máquina más sofisticada), ya estaba abocada al fracaso antes de ponerse a la venta en Estados Unidos en 1995. Qué digo, antes de salir a la venta en Japón. ¡QUÉ DIGO! Antes de haberse diseñado. Probablemente, este genio del periodismo electrónico ya daba por muerta a Saturn cuando Sega aún no existía. Así de lince nos ha salido, qué le hacemos.

A propósito, el librito tiene unas 500 páginas y el amigo Sam es reiterativo de narices, a menudo hasta repitiendo frases enteras (claro síntoma de una falta de repaso), y si llegáis a cien las veces que leéis la expresión ‘Sega se había condenado ella sola al desastre’ os regalan el siguiente libro ‘CÓMO ADIVINÉ EL ÉXITO QUE IBA A TENER WINDOWS 95’.

Ah, y fallos de traducción que suponen errores gramaticales constantes.

No obstante, la última parte del libro dedicada a Europa es un resumen muy bueno, aunque debería haber estado más desarrollada (estos yankis…). Y la inclusión de un último capítulo extra sobre la historia de Sega España lo considero un acierto. ¡Qué pena que no mencionen las consolas que regalaban al final del inolvidable programa de Televisión Española El Rescate del Talismán!

*Que tenía. Ahora está haciendo tratos de mierda con Satanás.

Libros que leí: EUROPA, INTRODUCCIÓN A SU HISTORIA (Pío Moa, 2016, España)

Después de aproximadamente diez años siguiendo a Pío Moa, escuchando sus podcasts sobre historia, leyendo varias de sus obras y hasta llegando a hacerle dos entrevistas, por fin he terminado su libro dedicado a la historia general del viejo continente. Se trata de un tema poco cultivado por los “eruditos” y poco atendido por la gente, aun por los más curiosos, que sin embargo es crucial para comprender mejor nuestro lugar en el mundo, nuestra parte en la construcción de la civilización occidental, que junto a la de los griegos y la de los italianos es sin duda una de las forjas fundamentales de la cultura europea.

No esforzarse por conocer unas mínimas nociones de historia europea es básicamente querer ser ignorante de nuestros orígenes y, por consiguiente, de nuestra realidad presente. Estoy bastante seguro de que Pío Moa se lanzó a la publicación de este libro como respuesta a la tónica general, propia de necios y de iletrados que por complejas razones –las cuales precisamente vienen bien explicadas en esta obra– ha calado en el manipulable imaginario españolete, según el cual ‘España no es Europa’. Este enorme disparate, logro justamente de los enemigos tradicionales de España, no sólo es una chifladura como tantas otras que se dicen a menudo, sino que además carece de cualquier atisbo de lógica.

Es absolutamente obvio que el destino común de los llamados europeos sencillamente no se habría fraguado sin la labor evangelizadora (y “globalizadora”, por qué no) y civilizadora del Imperio Español. Su defensa de la Cristiandad contra el invasor musulmán, su feroz combate contra las violentas escisiones anti-católicas, su afán por llevar a vastísimas tierras desconocidas la luz de la cultura, la enseñanza y la civilización… Sin todo ello es probable que Europa fuese hoy día una amalgama de paisitos, regiones, comarcas, territorios y reinos sin la menor cohesión y en constante guerra. Y no sólo Europa sino todo Occidente.

He disfrutado y aprendido muchísimo con Los mitos de la Guerra Civil, Los mitos del Franquismo, Los personajes de la República vistos por ellos mismos (mi favorito), y Por qué el frente popular perdió la Guerra. Con Europa, introducción a su historia también he disfrutado, pero no puedo dejar de decir que se nota que Pío Moa se encontraba algo desubicado en este tema. Al contrario que en sus otras famosas publicaciones, aquí hay mucha especulación, mucha opinión. Algunos capítulos parecen dedicados por entero a reflexiones filosóficas e incluso religiosas. Y creo que es la parte menos brillante de su trabajo; no por desacertada o poco inteligente, sino por verla algo fuera de lugar. Yo soy muy fan de los hechos ciertos y probados, y de sacar mis propias conclusiones después. Para mi gusto, creo que don Pío se precipita en los análisis de los lances históricos que trata, o por el contrario, divaga en exceso sobre ciertos temas.

No es que no puedan ser muy interesantes, pero creo que esas disquisiciones se ciñen más al campo de la tertulia que de la literatura. Por eso considero que sobran en el libro, sin dejar de afirmar que este puede ser un estupendo complemento a otros libros de historia sobre nuestro continente. Un poco de historia sesuda y rigurosa viene genial para luego ver vídeos de internet entretenidísimos y llenos de curiosidades como los del canal ‘Esa es otra historia’. Amén de los subidos por el propio Pío Moa, que ya son cientos.

No dejen de visitar su blog: https://www.piomoa.es/

QUIJOTE, de PATA TEATRO

En el bonito patio del Instituto Vicente Espinel (Gaona) donde estudié los últimos años del bachiller, después de que me expulsaran del colegio de las Teresianas, la estupenda compañía Pata Teatro vuelve a representar un clásico español, en esta ocasión una versión teatral de la gran novela de todos los tiempos, El Quijote, y pone en escena los últimos minutos del famoso Hidalgo antes de morir. Durante ese tiempo veremos a Don Quijote ilusionarse con el amor de Dulcinea, enfrentarse a los molinos de viento, y a sucesivas batallas imaginarias, mientras reflexiona sobre el peso de lo vivido y el tremendo dolor que te infringe la vida; entretanto Sancho Panza, su escudero en la fantasía, le sigue el juego, a la vez que comenta con el público la locura de su Señor. El ama le atiende desde su bondad y conmiseración y se conmueve con su locura y confusión. Así se  establecen una serie de situaciones delirantes, tiernas, dolorosas, divertidas que el destino y la muerte destruyen a través del sufrimiento. 

La buena literatura brilla y te hace daño, también te arranca la risa y la sonrisa cuando un enorme autor como Cervantes despliega su gigantesco talento y sentido del humor. Los griegos no distinguían entre técnica y arte, el técnico entusiasta era artista, es decir capaz de emocionar, y en este caso un gran actor como Josemi Rodríguez nos emociona cuando encarna, de manera brillante al Caballero de la Triste Figura. Le observaba detenidamente y pensaba que es de esa rara categoría de actores que existen en el mundo, cuyo dominio del oficio nos hace comprender la importancia de un texto, y que ese texto es nuestra vida, él interpreta, de manera magistral, a los grandes personajes clásicos que nos rejuvenecen, no todo el mundo sabe que el lenguaje envejece o se deteriora, así es que leer o escuchar a nuestros grandes autores, aquellos a los que amamos, nos produce un placer festivo, un nuevo sonido que estimula nuestra inteligencia. 

Le acompaña David Mena que da vida a un Sancho Panza, irónico, cómplice y divertido escudero que narra algunas de las situaciones cómicas de su Señor Don Quijote. Macarena Pérez Bravo, interpreta a una conmovedora ama que despliega cordura e inteligencia natural en las mas grotescas situaciones y llora la muerte del Hidalgo con dolor y desesperación. Es una gran actriz, está insuperable en ese difícil papel. La admirable dirección de actores es de Miguel Angel Martín, el gran vestuario de Elisa Postigo. La adaptación y dirección corresponde a esa pareja incansable de profesionales que, año tras año, lleva a escena una obra clásica para que la disfrutemos cada verano, Macarena Pérez Bravo y Josemi Rodríguez. Para ellos, para PATA TEATRO, nuestro entusiasmo, agradecimiento y apoyo, por su impagable esfuerzo, por la pasión con la que abordan el oficio teatral, viviendo de la taquilla como los grandes cómicos de todos los tiempos. 

No se pierdan esta función. Pasarán un delicioso rato y apoyarán a una de las compañías teatrales malagueñas mas serias y profesionales de nuestra ciudad.

Por Ana MEGÍAS CALERO

WILLIAM LEVY

WILLIAM LEVY, inteligente, educado, paciente, encantador, gran actor, anoche derrochó charm y sabiduria en ese espantoso programa del HORMIGUERO, donde el entrevistador no se documenta lo suficiente acerca de la trayectoria profesional del invitado y está mas interesado en que dos marionetas pregunten estupideces al protagonista para pasar después a explotar un petardo, no sin antes interrumpir la entrevista para introducir un espanto de encuentros entre delincuentes de Twitter y sus supestas victimas.

A Pablo Motos no le parece lo suficientemente interesante todo lo que puede contar un profesional tan serio y atractivo como WILLIAM LEVY, a pesar de que este chico derrochase sentido del humor, nobleza y generosidad en toda su intervención. En ese maldito programa consideran que el público es Imbécil y que no va a resistir una conversación inteligente mas allá de unos minutos, hay que montar un circo barato para distraer a las fieras, haciendo cómplice al invitado, que a fuerza de educación y paciencia aguanta el espanto del energúmeno que dirige el espacio.

Este gran actor y productor ha venido a España a rodar una serie, MONTECRISTO, basada en la novela El Conde de Montecristo, con actores españoles y sudamericanos, en las televisiones de Hispanoamérica hay mas información acerca de este futuro rodaje del que hubo anoche en ese estúpido programa. Y el problema es que es el único espacio de entrevistas que hay en España. Han desaparecido los de música y entrevistas que tenían tanto éxito en nuestro país para sustituirlos por concursos franquicias de otros países, todos con el mismo formato basura de jurados amañados, desde La Voz a Masterchef,  exactos en su diseño. Como consecuencia, la gente lúcida no ve la televisión convencional, excepto, algunas marujas y algunos marujos, espectadores de la cochambre sórdida del chismorreo de Tele5, y las plataformas de cine son las que se llevan el gato al agua.

Hoy, por primera vez, una auténtica estrella mundial, WILLIAM LEVY,  habla y rueda en español, no hay en todo el firmamento cinematográfico un hombre mas atractivo y generoso que este estupendo actor y pertenece a nuestra cultura. Ha venido a España emocionado con la “madre patria” y para recibirle le sometemos a un juego pedestre con dos marionetas y un petardo de agua.

Por Ana MEGÍAS CALERO

DIVA, escrita y dirigida por ALBERT BOADELLA

POESÍA ES LO QUE CONMUEVE

He tenido el privilegio de ver “DIVA”, el espectáculo musical de Albert Boadella, como dice la reseña de Los Teatros del Canal de Madrid:

Diva nos presenta a María Callas en París en el ocaso de su vida, alejada de todo. Su voz ya no tiene nada que ver con lo que fue, la crítica se cebó con ella en sus últimas apariciones y no ha vuelto a cantar en público. Ha muerto Onasis. La realidad de su decadencia le hace vivir un mundo de recuerdos. Desdeña el presente mientras fuerza a su repetidor para que le acompañe en un imaginario repertorio que ya no podrá realizar. También lo utiliza para crear una situación sadomasoquista. Le obliga a interpretar a Onasis, su gran amor. Sus momentos mas apasionados y estelares. En su delirio, se imagina al griego como pareja de los grandes dramas operísticos que ella protagonizó. Alguien que la mata o alguien con quien quiere morir al final de la ópera. Es el inicio del camino hacia su propio y misterioso final que muy pronto realizará a su voluntad.

Asistimos a un extraordinario homenaje a María Callas desde el talento indestructible de ese genio del teatro que es Albert Boadella, a través de su texto y de su magistral dirección, penetramos en el rito, de la gran ceremonia que es la función teatral. El público asombrado, desde que la protagonista se levanta de su chaise longue, guarda un silencio sepulcral emocionado ante la interpretación de la gran soprano y actriz María Rey-Joly que no sólo interpreta el texto sino que canta maravillosamente las arias de la carrera de la Diva. La acompaña Antonio Comas con su raro talento, es un actor que además toca el piano y canta con una frescura y expresividad con la que conquista al público desde que entra en escena.

Albert Boadella es un fabuloso dramaturgo y el mejor director de teatro de Europa, que en esta ocasión ha compuesto un drama en el que cuenta, a través de la acción dramática y el conflicto entre dos personajes, el enorme dolor de una mujer. La tragedia del amor y del abandono que sumerge a la mítica cantante en un estado desesperado. Desde la difícil sencillez de una impecable puesta en escena, como ocurre siempre en el gran teatro, el texto dramático y , en este caso, la música sublime, son suficientes para crear una gran historia, así una escenografía solo consiste en tres elementos: un gramófono, una chaise longue y un piano que bastan para representar la tragedia. La palabra y la música como protagonistas absolutos del drama.

Grandes intérpretes, un buen texto dramático y una brillante dirección hacen que se produzca el milagro del TEATRO, algo tan raro en nuestra época, donde lo frecuente es la representación de novelas o discursos llevados a las tablas sin motivo ni razón que lo justifique. Escribir teatro, ya sea drama o comedia, es tan difícil que muy pocos poseen esa cualidad y recurren a la narrativa para enmascarar su ausencia de oficio.

La iluminación dirigida por Bernat Jansá que subraya las escenas de la realidad y la fantasía trágica crea una atmósfera que ayuda a desarrollar la emoción de la obra. El vestuario procede de la elegante dirección artística de Dolors Caminal y la eficaz dirección musical de Manuel Coves conforman un rito de un gusto exquisito que asombran al público que sigue la representación conteniendo el aliento hasta el final.

Pero es Albert Boadella y su prodigiosa vitalidad artística el gran creador de esta maravilla, su hermoso texto dramático, su cuidado exacto de la puesta en escena y su sensibilidad para la música, conforman un gran poema teatral. “Poesía es lo que conmueve” decía Stendhal, y conmovidos estamos cuando la representación termina como empezó, cerrando el círculo del dolor y de la muerte de esa mujer mítica e impresionante. La catarsis de la que habla Aristóteles se ha producido y el público aplaude en pie durante mas de diez minutos presa de la emoción, la sabiduría y la inteligencia al servicio del hecho teatral, al servicio del arte escénico de la mano de un genio, un poeta que produce milagros sobre las tablas cada vez que decide deleitarnos con su talento. Los Dioses del Olimpo le bendigan.

Por Ana MEGÍAS CALERO

Don Juan y el castigo

“El Fausto de Goethe considerado oficialmente como la máxima obra de la literatura alemana, a pesar de contener escenas sorprendentes y versos maravillosos, cuenta una historia perversamente falsa: Fausto hace un pacto con Mefistófeles, toma lo que el diablo puede darle y finalmente va al cielo. Así es que entroniza la idea de que se puede pactar con el diablo, cometer actos viles y seguir siendo una persona esencialmente noble que al final sale triunfante. En mi opinión, esta idea contribuyó mucho más al hecho de que la burguesía ilustrada prestara su apoyo a Hitler que todas las obras de Nietzsche juntas. La historia de Alemania demuestra que cuando los escritores traicionan su vocación de verdad no hacen favor alguno a los lectores. El Doctor Fausto de Marlowe hace un pacto con el Diablo y al final es arrastrado al infierno. Este hecho ha significado una diferencia en el desarrollo posterior de la literatura inglesa y americana e incluso en la política. El argumento de Christopher Marlowe se ha convertido en un truismo de nuestra cultura”.

Este inteligente texto de Stephen Vizinczey es sabio y clarividente y muestra la necesidad de una ética esencial en la intención y el resultado de las obras de los escritores, novelistas o dramaturgos. Aquí en España tenemos un ejemplo similar: el Tenorio de Zorrilla además de estar plagado de ripios, contiene una historia tan perversamente falsa como la del Fausto de Goethe. Don Juan engaña a las mujeres, comete varios delitos y al final es salvado y premiado con el amor de Inés, miembro del clero católico.

El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina, el verdadero Don Juan, que supuso la creación del mito, comete el mismo tipo de delitos, engaña a las mujeres y al final es arrastrado al infierno por el espectro del Comendador. Este desenlace no gusta al público español, a pesar de que la dramaturgia de la obra es de una perfección inigualable y los versos son de una belleza extraordinaria. La que se ha representado siempre, durante décadas, ha sido la de Zorrilla, a partir del momento en que se escribió ha gozado del favor del público, lo que pone de manifiesto por qué después del XVII la conciencia amorosa del hombre español ha sido mas bien escasa y la política, como en nuestros días, ha carecido de grandeza y ejemplaridad.

Don Juan es como tantos hombres, un ser inseguro e irresponsable. Le asusta el futuro y solo quiere vivir el presente porque en el futuro está la muerte, así es que vive como un inconsecuente y cuando encuentra a una mujer que realmente le gusta, huye de inmediato, no en busca de una nueva conquista sino huyendo de la que acaba de encontrar. Teme quedarse junto a ella porque sabe que si lo hace se enamorará, y eso le asusta, si eso sucede vendrá el compromiso, la responsabilidad, y toda una serie de normas que pueden acabar con su libertina andadura. El problema es que Don Juan es muy apuesto, podríamos decir que es el Brad Pitt de la época, además es un golfo, con fama de gran conquistador, y un chulo. Aspectos muy atractivos para todas las mujeres jóvenes e inexpertas, por eso ellas caen rendidas a sus encantos. Además sabe que las mujeres se conquistan a través de la palabra, cualquier gran seductor sabe que unas atractivas palabras de amor abren muchos dormitorios.

Tirso escribió la obra para denunciar la ausencia de justicia en España y la corrupción de todos, poderosos y pueblo y Zorrilla se adelantó al “todo vale” posterior del relativismo moral y cultural. Fray Gabriel Téllez, auténtico nombre del gran dramaturgo del XVII calificaba sus obras de “amables predicadoras” porque constituían, especialmente la del Burlador, una llamada de atención a la sociedad de su época. Tirso de Molina no perdona la majadería seductora de un Don Juan que es el ejemplo de la corrupción y la relajación de costumbres de la sociedad española del siglo XVII. El autor quiso advertir de la fugacidad de la vida, de la fragilidad de la existencia, de la necesidad de castigo para quien se pone las leyes por montera. Por eso si la justicia humana no alcanza al que obra mal si le espera la “justicia divina”. Así la estatua de Don Gonzalo actúa de manera sabia e inexorable, con mayor determinación que el espectro de Hamlet y dice:

Las maravillas de Dios │son, Don Juan, investigables │y así quiere que tus culpas │a manos de un muerto pagues, │y así pagas desta suerte │las doncellas que burlaste │esta es justicia de Dios: │“quien tal hace que tal pague”

Por Ana MEGÍAS CALERO

Libros que leí: MADAME BOVARY (Gustave Flaubert, 1857, Francia)

Llevaba años dando largas a una lectura que en el fondo de mi mente sabía que era ineludible. Y creo que se debía a que estaba más o menos seguro de que me iba a encontrar una historia romántica, dulzona y melancólica, carente de demasiada acción. La sutil sorpresa que me llevé fue comprobar que se trataba de una novela realista, en donde los personajes son descritos con profundidad y madurez, y los entornos y situaciones en que participan son presentados como mundanos, cotidianos, vulgares, o en resumen, “normales”.

No hay grandes heroísmos en esta historia, ni tampoco odiosas villanías. Más bien las debilidades propias de cualquiera que te encuentres, las mediocridades que ya damos por sentadas por habituales. Esto incluye a la propia Emma, la protagonista y figura central del gran drama confeccionado excelentemente bien por el autor (de quien desconozco cualquier otra obra). El retrato detallista y sensible que ofrece el señor Flaubert me ha impresionado, principalmente por su verosimilitud; en fin, que parece que ha descrito a alguien que conocemos, que se nota que vio y estudió a mujeres como ella. Que me he creído a Emma Bovary.

Lo señalo porque otras mujeres de la ficción aquejadas de cierto histerismo –que diría alguien un tanto superficial– nunca he llegado a creérmelas y por tanto han acabado por no interesarme nada. Pongo como ejemplo a la archiconocida Blanche DuBois de Un tranvía llamado Deseo, por quien no comparto ese entusiasmo general por sus pasiones incomprendidas y blabla. Dudo mucho que nadie conozca a una Blanche en la vida real, y dudo mucho que haya alguien que no conozca a una Emma.

Con un comienzo que, para mí, presagiaba lo peor (descripciones excesivas, narración lenta…) el relato va ganando en interés conforme avanza el propio atrevimiento de Madame Bovary por experimentar nuevas (y peligrosas) sensaciones. Su huida hacia delante, su inconsciencia y su deseo irrefrenable por salir del aburrimiento y la apatía provocan nuestra atención, sabedores de que las consecuencias de sus escapadas terminarán por precipitarse hacia algo poco deseable. O como diríamos en términos modernos, que se masca la tragedia conforme las páginas se van terminando.

Libro cruel, pero veraz. Honesto, documentado… completamente ligado a la verdad, y eso me gusta. No hay cosa que aborrezca más que toparme con un relato cuyo autor se ve a la legua que no tiene ni idea de lo que está hablando, que no conoce a los mismos personajes que ha creado o, lo peor, que emite (adrede o no) juicios de valor para que el lector no se pierda y sea llevado de la mano por la senda del bien (o la peculiar idea del bien del escritor). Gustave Flaubert no cae en tamaña ordinariez intelectual, y puede que precisamente por eso tuviese problemas incluso legales por publicar una historia tan… rompedora. Los moralistas, siempre los moralistas. En todos los lugares y en todas las épocas. Nunca faltan.

Para finalizar, diré que, si bien es digna de compasión (faltaría más) yo no he considerado a Emma Bovary una mujer particularmente acreedora de nuestra admiración. Vale que sea soñadora y que, posiblemente, fuera más talentosa en casi todos los aspectos que todos sus congéneres. Pero tampoco tenía derecho (ahí va mi juicio moral) a tratar como a un pobre cretino a un hombre que, no sólo la quería sinceramente, sino que además la proveía de sustento y muchos lujos (y una considerable mayor libertad que a las demás mujeres de su posición). Mención especial aparte hacia su propia hija Berta, tratada con desdén por su madre, demasiado obsesionada con un par de mindundis que no valían la pena. Pero… ¿Y ella, valía la pena ella?

La Bovary a mí me resulta una mujer muy provinciana con anhelos de ser de ciudad. Está tan asqueada del pueblucho cutre donde vive que se escabulle un par de veces a una ciudad de segunda y ya cree que es la repanocha. Da la impresión de que le gusta más ir a los cafés y al teatro por el hecho de ir en sí, que por degustar un buen café y disfrutar de una buena comedia (esto lo he comprobado en gente de la vida real). Ella quiere evadirse, quiere ascender. Pero ni siquiera sabe a dónde (y ni por supuesto cómo). Por eso no es raro que acabase cayendo en los brazos casi de los primeros dos que se cruzaron con el nudo de la corbata bien hecho, y oliendo un poco a perfume y a un mínimo de culturilla.

No sé, puede que disculpemos su falta de sensatez por ser una mujer ‘adelantada a su tiempo’ o que se ahogaba en un entorno tan cerrado y con tan poco margen de maniobra para una dama de su tiempo y situación. Pero lo que yo tengo claro es que en este mundo, has de aprender a jugar las cartas que te han salido. Si juegas mal, pagarás el precio; pero si pretendes cambiar las cartas a mitad de partida, el precio que pagarás será aún mayor. Y en definitiva, uno debe adaptarse e intentar ser feliz en el lugar que le toque. El que no se sepa adaptar, fracasará. Y Emma fracasó. No fue lo bastante fuerte, ni lo bastante racional, ni lo bastante paciente, ni lo bastante lista. Era atrevida, bondadosa (aunque algo inestable) y sensible. Pero esas cualidades no son suficientes.

A continuación, hablaré de todas las versiones cinematográficas y televisivas que han trasladado la novela a la pantalla. Empezando por la única que había visto antes de acometer esta lectura, en el instituto por cierto, siendo el único en toda la clase que prefirió quedarse a terminar de verla antes que “salir a fumar” al recreo.

– 1949, de Vicente Minnelli, con Jennifer Jones, estadounidense. Para mi gusto es la más lograda, a pesar de que tal vez sea la versión que introduce más cambios en pos de un relato más propio del cine, y de ofrecer escenas, gestos y actuaciones más explícitos y menos sutiles muy a la usanza de Hollywood. El casting es el ideal, con una actriz objetivamente linda pero sin ser espectacular (una guapa de pueblo, que yo suelo decir) y con un Charles de facciones toscas y que sabe expresar primorosamente bien las carencias intelectuales del pobre personaje. Una producción clásica –en el más benigno de los sentidos– que se une a aquellos inolvidables melodramas de los años cuarenta basados en grandes obras literarias, al mismo nivel que LA HEREDERA, ORGULLO Y PREJUICIO, GRANDES ESPERANZAS, ALMA REBELDE o ANNA KARENINA.

– 1947, de Carlos Schlieper, con Mecha Ortiz, argentina. Coloco esta versión tan arriba porque aunque poco famosa en la actualidad, me parece improbable que no fuera visionada por los productores de la anterior, pues la influencia me parece innegable. Con un inicio calcado al de la película hollywoodiense, en que el narrador es el propio Flaubert tratando de defender a su personaje estrella en medio de un juicio, esta filmación argentina es excelente en todos los aspectos. Aunque puede que la actriz principal se vea excesivamente “teatrera” en muchos momentos, y acusemos un cierto batiburrillo de acentos debido a la mezcla de intérpretes argentinos y españoles en el plantel.

– 2014, de Sophie Barthes, con Mia Wasikowska, inglesa. Al público de hoy, ese que no puede ver ya nada si no está grabado en full HK 13000 y con un dron, la producción británica última en el tiempo en ser rodada será la que mejor toleren. Por supuesto, es una película de época formalmente impecable y sin tacha de ninguna clase como suele ser habitual en estos ingleses (con alguna excepción draculina de la que no me quiero acordar). Gracias al Cielo, no cae en modernuras ni en mamarracheces guays, sino que se ciñe al relato… casi al ciento por ciento. Y digo casi porque, y esto me cuesta creer que no ha sido aposta, obvia el componente cristiano que es subrayado en la novela especialmente cuando el personaje de Emma está agonizando en la cama. Este episodio es crucial para comprender la mentalidad de los personajes y la propuesta del autor, y sin embargo la tal Sophie Barthes prescinde de ello, lo que priva a su correcta filmación incluso de un final propiamente dicho. Una metedura de pata innecesaria. Ah, y como anécdota, JANE EYRE, tres años anterior y protagonizada por la misma actriz, tiene la misma secuencia de inicio. La misma. LA MISMA, repito (me parece curioso que la misma mujer interprete a un personaje descrito como “poco agraciado y de carácter retraído” en una historia y como “de gran belleza y espíritu jubiloso” en otra).

– 1934, de Jean Renoir, con Valentine Tessier, francesa. La más antigua de las producciones bovaryianas pertenece al país que vio nacer este relato, y sin embargo, no logra un éxito especial. Su afamadísimo director rueda con poco dinamismo e interés una obra como si fuera de teatro (con evidentes limitaciones técnicas propias de los primeros tiempos del sonoro). Hoy por hoy, creo que es la más difícil de ver, la más aburrida.

– 1991, de Claude Chabrol, con Isabelle Huppert, francesa. Una vez más, no por autóctona resulta mejor la propuesta, y declaro que la versión gala de los noventa es sin duda la más floja. Sin llegar a ser un desastre total, creo que comete una serie de errores que convierten al fascinante planteamiento del escritor en ‘un petit supplice’ de más de dos horas, cuya principal trampa es la actriz elegida: la fea (sí, fea) Isabelle Huppet. Ésta, además de inadecuada simple y llanamente por sus facciones naturales, encima hace gala de su característica inexpresividad que muchos espectadores encontrarán encantadora pero que en este papel no pega ni con cola. Vaya, una mujer supuestamente hinundada por las pasiones más extremas, en esta versión la vemos como una siesa a la que parece que todo le da igual. Fallida.

– 1969, de Hans Schott-Schobinger, con Edwige Fenech, italo-germana. Si sois andaluces y nacisteis en los ochenta recordaréis con más frustración que ilusión las sesiones nocturnas de los sábados, en que se nos prometían peliculones llenos de erotismo que nos darían algo de consuelo a los púberes de la época. Lo que nos daban, en cambio, eran unas películas pseudo-históricas de producciones tirando a cutres y en que una o dos escenas de desnudos parciales tenían que bastar para contentarnos. La Madame Bovary italiana es exactamente eso, y aparte de ser fiel al libro (cosa que me sorprendió) no destaca ni por fotografía, ni puesta en escena y ni desde luego interpretaciones. Ahora eso sí, contemplar aunque sea por segundos los espectaculares encantos mamarios de Edwige Fenech creo que validan por sí solos el esfuerzo del visionado. Si ahora me lo parece, imaginad a un chaval de los años sesenta viendo esto…

– 1993, de Ketan Mehta, con Deepa Sahi, india. Sorpresón al alcance de cualquiera (está en Netflix, bajo el título de MAYA), que tiene el honor de ser la primera producción musical india que he visto nunca, y para mi regocijo, llena de talento y buen gusto. Actualizada a una época contemporánea y trasladada al país asiático, es increíble cómo no pierde ni un ápice de su esencia literaria. Recomendadísima.

– 2011, de Arturo Ripstein, con Arcelia Ramírez, mexicana. Esta propuesta tiene bastante más de Jodorowsky que de Flaubert, y por lo tanto, creo que es prescindible si estás en ver todas las versiones de la novela. Se centra en los últimos pasos de Emma (en este caso, Emilia) cuando las deudas la asfixian y no encuentra a nadie que la socorra. Experimento moderno y alternativo; no es para todos, pero podréis darle una oportunidad gracias a Filmin, con el título LAS RAZONES DEL CORAZÓN.

– Miniserie británica de 1975, con Francesca Annis. Como hemos dicho, en esta asignatura Inglaterra siempre saca dieces, y el único pero es que no vais a poder dar con ella ni doblada ni subtitulada al español. Cuatro capítulos de una hora con el sello de la BBC, con un Charles que se pasa de pusilánime y debilucho (ciertamente repelente) y con una Emma muy entregada a placeres decadentes, y retratada con altivez, y con una falta de humildad e incluso de simpatía si bien plasmados en la obra original, un poco exagerados en esta versión.

– Miniserie británica de 2000, con Frances O’connor. Esta a veces la pasan como miniserie y a veces como película larga para televisión. Aunque bien ambientada, bien actuada y bien reflejado el texto original, la he hallado vulgar en según qué momentos (escenas de sexo y tal). No es que sea mala o que no nos sirva, es que es la que menos ha conseguido calarme. Yo lo achaco a cierta dejadez, cierta falta de ímpetu por parte de los directores y productores en meterse dentro de la piel del autor para escudriñar a fondo todo lo que este gran relato representa, y le pasa tanto a esta como a la más reciente versión de 2014. Puede que no haya espacio para Madame Bovary en los tiempos de la cultura Tik-tok.

COMPANY, el musical. Teatro del Soho de Málaga

El teatro que ha remodelado Banderas es muy agradable , moderno y cómodo, pero lo mejor es el escenario, tan cercano, y tan avanzado en su construcción al servicio de la mas arriesgada puesta en escena, se nota que un gran experto ha diseñado su espacio pensando en todas las posibilidades de una complicada función. Así es que cuando la representación de Company comienza nos entusiasma la maravillosa escenografía, junto a las imágenes de video que se funden con el decorado y crean un ambiente envolvente que sale al patio de butacas desplegando una atmósfera  neoyorquina y todos tenemos la sensación de estar en una terraza en el centro de esa ciudad, donde amanece, sale el sol, llueve, nieva, las nubes caminan junto a las estrellas y anochece. Las estructuras presentes en el escenario son de cristal y no ocultan a los veintiocho músicos de una orquesta que dirigida por Arturo Diez Boscovich suena de maravilla interpretando la música de Stephen Sondheim.


Sorprendida me encuentro con una dirección magistral y una puesta en escena brillante de Antonio Banderas, pero además se pone a interpretar y recuerdo su talento de cuando estaba aquí en málaga y representaba en el Teatro ARA, o en el Teatro Romano, o en la Escuela Superior de Arte Dramático, cuando tenía quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho años, cuando todos le aplaudíamos su naturalidad y su vibrante interpretación de todos y cada uno de los personajes, recuerdo especialmente el discurso de Marco Antonio, de Julio Cesar de Shakespeare, que interpretó en el Teatro Romano, el último verano antes de irse a Madrid, me dolían las manos de aplaudirle. Pues bien, ese actor ha vuelto, de nuevo es quien era y no ese mediocre intérprete, de películas de moda. Le acompañan diecisiete actores/cantantes extraordinarios que cantan como él, es decir de maravilla, cantan, bailan, interpretan a la perfección sus personajes y forman un formidable reparto. 


Pero … uno se pregunta: ¿tanto despliegue de talento y de dinero para un libreto que es una auténtica porquería? un texto egocéntrico que escribió en los años setenta George Furth, es decir, cuando un comediografo brillante como Neill Simon triunfaba en Broadway y en Hollywood, cuando Woody Allen hacía lo mismo, ¿cómo es posible que este texto desprovisto de talento se estrenase en los escenarios?. La representación nos recuerda la película de Bob Fosse, All That Jazz, porque hay un protagonista absoluto rodeado de un reparto de personajes que,  como un coro, dialogan con él  y le aconsejan sobre lo que debe hacer con su vida. Pero aquí no tenemos la música de Ralph Burns, sino la de Sondheim, una artificiosa, complicada, y pedante música desprovista de belleza que obliga a los cantantes a hacer proezas innecesarias con sus cuerdas vocales. Los personajes, la mayoría parejas amigas del protagonista, le van contando sus broncas matrimoniales, al tiempo que le aconsejan que se case cuanto antes, diciendo un texto que pretende ser gracioso y emotivo y que no consigue ninguna de las dos cosas porque es pedestre. 


La primera parte son dos actos interminables, me aburría como una mona pensando cuanto duraría aquella tortura, mirando el reloj continuamente, porque el teatro cuando es malo se parece mucho a una tortura terrorífica. Entonces se paró la función y anunciaron un descanso de veinte minutos, habría dado dinero por aprovechar y huir rápidamente hacia el parking, coger mi coche y volver cuanto antes a casa, pero estaba invitada como profesora y tenía que estar presente en el coloquio posterior que se ofrecía a alumnos y docentes de la ESAD. Así es que heroicamente volví a mi asiento y seguí contemplando ese bodrio hasta el final.


No me apetecía lo más mínimo, ya tenía pensado no intervenir en absoluto, morderme la lengua, estar de convidada de piedra. Estaba pensando en lo bien que hice al marcharme de la enseñanza cuando lo decidí. Yo era la última profesora que quedaba de mi promoción, ahora quedan dos docentes de la siguiente y ambos están de baja por depresión. Me rodeaban los nuevos alumnos, una pandilla de indocumentados, maleducados, arrogantes de la nada, que durante toda la función habían estado riendo a gritos los chistes malos del texto, silbando, comportándose como gilipollas orgullosos de haberse conocido y con esa manada entré al coloquio. Antonio salió al escenario con un micrófono y con seis actores del reparto y se puso a contarnos cómo había dirigido el espectáculo, como había hecho el análisis psicológico de los personajes etc. El problema es que lo contaba como si hubiese representado El Castigo sin Venganza de Lope, pero lo que habíamos visto era una comedia musical muy, muy mediocre en la que se había desperdiciado un enorme talento.

En un momento se acordó de La hija del Aire de Calderón que él representó en el teatro Nacional, se vé que quedó deslumbrado por el texto impresionante de Calderón, porque fue lo primero que hizo cuando se marchó a Madrid, pero no es consciente de que Luis Pascual destrozó la obra suprimiendo toda la mitología, (esto es muy largo de contar y no quiero aburrirte con las fechorías del catalán) Y claro nunca mas ha vuelto a leer a Calderón, me pregunto si ha leído algún libro en su vida, que no sea el guión de una película o el libreto de una comedia musical. Cuando se marchó a Madrid no había terminado la carrera y tenía todas las asignaturas teóricas suspensas, concretamente la que, posteriormente fue mi asignatura titular, Literatura Dramática, con un cero.

Los alumnos estuvieron preguntando tonterías durante todo el coloquio, a las que él y los actores, respondían encantados. En ningún momento les dijo que este es un oficio en el que hay que estudiar constantemente, no les indicó lo importante que es el esfuerzo y la preparación, no les advirtió de la dureza, de la precariedad, de la paciencia y la resignación cristiana que hay que tener en muchos casos, no les recomendó la humildad, la lectura constante de los clásicos y la formación física y la dureza de carácter que se requiere para soportar los avatares de la profesión. Como broche de la noche dijo, poniéndose muy serio, que había traído a España esta obra porque era ¡el musical “mas culto” que se había estrenado en el mundo!


No dije nada, estuvo todo el rato mirándome y esperando mi intervención, pero no lo hice, tenía tantas cosas que decir que era mejor no decirlas, él no habría entendido ni una palabra, los alumnos novatos tampoco…Para qué ir en busca de nuevos enemigos, estoy bien con el número que tengo, no necesito ninguno mas. Di las gracias por la invitación e hice mutis por el foro literalmente.

Por Ana MEGÍAS CALERO