
N O U S S O M M E S T R A H I S
Los españoles, salvo excepciones, ignoran que España creó, escribió y representó el mejor teatro del mundo. Solo en el siglo XVII se escribieron, en nuestro país, veinte mil obras completas. No existe en todo el planeta una nación que haya acometido semejante proeza. Pero no sólo se trata de cantidad sino de calidad, pues de esas veinte mil, un setenta por ciento eran de una estimable categoría dramática y podrían representarse hoy si no hubiesen desaparecido, se trata pues de reconocer que esos centenares que han llegado a nosotros nos muestran un universo ordenado y desarrollado con una vitalidad e inteligencia sin precedentes que abarca la comedia, el drama y la gran tragedia desde un lenguaje lírico, lleno de belleza y como afirma Alexander Parker, su concepción moderna “la hace consistir en un conflicto entre dos puntos de vista ante la experiencia humana: la conciencia del mal y del dolor, por una parte, y, por otra, la intuición de una bondad inmanente en la vida”.
Lope de Vega inventó el teatro moderno, aquel “Nuevo Arte de Hacer Comedias”, Lope se caracteriza por el dinamismo de la acción, inventó el tiempo dramático, sabía el tiempo exacto que debe durar una representación, eliminó lo no interesante de una historia, introdujo el “Principio de Intriga” y lo desarrolló magistralmente desde la estilización, en una sucesión rápida y brillante de escenas donde describe lo emotivo de las situaciones humanas (esto lo copiarían mas tarde los cineastas de Hollywood para construir el guión cinematográfico y crear el séptimo arte que ha llegado a nuestros días). El dramaturgo es además un enorme poeta, un hombre con la cabeza muy ordenada, y su obra es de un encendido lirismo. Su extraordinario teatro siempre está concebido desde la palabra poética, es decir desde la belleza.
El jueves pasado, 27 de Abril de 2023, se estrenó en el Teatro del Soho de Málaga, una de esas maravillosas comedias escrita por el “Fenix de los Ingenios”, como llamaban, con razón, sus contemporáneos, al dramaturgo Don Félix Lope de Vega y Carpio. La Joven Compañía Nacional de teatro Clásico, representó LA DISCRETA ENAMORADA, una preciosa y fascinante comedia de enredos protagonizados por una mujer, una joven lista y graciosa que utiliza su energía y su ingenio para conquistar y casarse con el galán que desea. Y aquí comprobamos una de las características de nuestro teatro del Siglo de Oro, aquella que demuestra que el noventa por ciento de los argumentos están protagonizados por mujeres, no ha existido una apuesta tan feminista como la que España desarrolló en su dramaturgia durante este periodo de la historia.
Lluis Homar, seguramente el mejor actor de teatro de nuestro país, protagoniza y dirige la representación en la que brilla su indiscutible talento, su apostura y su oficio de comediante extraordinario, capaz de decir el verso con una perfección inigualable. Al mismo tiempo ha dirigido la representación de los jóvenes actores desde la mas seria profesionalidad, ayudado por Vicente Fuentes que ha cuidado la voz y la palabra, es decir la dicción y el verso de esos jóvenes actores, lo que constituye casi un milagro: se les entiende muy bien y dicen el texto como debe ser, para que podamos disfrutar de la maravillosa poesía que contiene, para que mientras dura la representación oigamos lo hermoso que es nuestro idioma, “el español”, y comprobemos cómo se amaba y se cuidaba entonces nuestra expresión, cómo nos comunicábamos disfrutando del lenguaje, de su riqueza y de su hermosura.
La estupenda actriz Montse Díaz, demuestra, junto a Homar su experiencia y su ingenio para llevar a escena su fantástico personaje, lleno de sabiduría y comicidad, verlos a los dos en escena es una delicia inolvidable, Lope estaría feliz con su interpretación, su oficio es impecable y arranca las mas importantes carcajadas del público que abarrotaba el teatro de Antonio Banderas. En el amplio reparto destaca Íñigo Arricibita interpretando al galán que corteja a varias mujeres para caer rendido ante la mas inteligente, esa discreta enamorada que le declara su amor y su pasión sin complejos, porque las españolas de este siglo no necesitaban que las cortejasen previamente para conseguir al hombre que deseaban. Xavi Caudevilla, Cristina García, Ana Hernández, Nora Hernández, Antonio Hernández Fimia, Pascual Laborda , Cristina Marín-Miró, Felipe Muñoz, Miriam Queba, María Rasco y Marc Servera, completan el estupendo elenco de esta Compañía Nacional.
Hasta aquí lo mejor de esta función: en primerísimo lugar el texto, la belleza, la armonía, la poesía y la gracia y en segundo término la correcta y a veces brillante interpretación de los actores.
Pasemos a la descripción del horror de la puesta en escena: Cuando todavía los espectadores no han ocupado sus asientos, cuando aún la luz del patio de butacas no se ha apagado, aparece un escenario lleno de andamios, tarimas, vigas de hierro, lámparas por el suelo, focos, ramajes secos, butacas barrocas tapizadas en raso rojo, a la vez que presidiendo el proscenio están unas hamacas de acero y nylon para playa. Coronando este despropósito un gigantesco letrero en inglés con la palabra HOPE.
Este barullo estético, firmado por José Novoa, está animado por otro barullo humano: los técnicos de la iluminación y el sonido se pasean junto a los actores, que vestidos por Deborah Macías, surcan el escenario ataviados con una confusión de vestuario, es decir, los personajes masculinos mezclan jubones del XVII con pantalones vaqueros y gorras de beisbol, las actrices llevan corsés que combinan con ropa interior y jeans y así atraviesan las tablas como si estuviesen poseídos por un frenesí absurdo. De pronto una voz anuncia que en dos minutos empieza la función y… todos se ponen a cantar una canción que parece la de un colegio de enseñanza primaria, compuesta por Marc Servera. Cuando esa terrible música desaparece comienza la representación que transcurre como he relatado antes, con corrección y brillantez , salvo algunas canciones y danzas de la misma categoría que la que inicia la obra, ejecutadas con guitarras eléctricas o pianos ídem.
No es descriptible lo terrible que resulta que unos personajes que van ataviados de mamarrachos hablen, a su vez, un verso lírico de gigantesca belleza, un lenguaje culto, mientras se sujetan la capa y dan zancadas con sus deportivas made in USA, ajustándose la gorra con visera. Lo grotesco que resultan los personajes femeninos, cuando explican las dificultades que tienen para oponerse a un casamiento concertado por sus progenitores, mientras lucen estómago desde sus jeans y sus top diminutos.
Y la pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué se creen estos irresponsables que tienen que estropear con estas moderneces una obra magistral que funciona por sí sola, por su extraordinaria factura, para que el público la disfrute? ¿O se trata de un acto de soberbia imperdonable en el que el responsable de este engendro se cree por encima del dramaturgo y tiene que “actualizar” una creación inigualable con su mal gusto y su escaso talento? En el Siglo de Oro español existían unos códigos de conducta, sociales y artísticos que los autores respetaban, cada periodo histórico los tiene y no se pueden contemplar desde nuestro punto de vista, ni se deben adulterar, ni estética, ni intelectualmente las obras magistrales de nuestra literatura dramática porque es un sacrilegio y porque no lo necesitan para que las comprendamos a la perfección y disfrutemos de ellas en la misma medida que cuando se estrenaron. No se es más progre ni más artista destruyendo la belleza y la sabiduría de los grandes, todo lo contrario, la minuciosa recreación de una obra maestra es una muestra, siempre, de inteligencia y buen hacer.
Por último hablemos del público, jamás hubo en Málaga unos espectadores más … poco exigentes. Intentaré suavizar lo que pienso. Nunca se tuvo más acceso a la información que en nuestro tiempo, jamás pudimos tener ante nuestros ojos todas las obras de arte y su análisis como ahora. Además de las bibliotecas por doquier, pides un libro on line y al día siguiente un repartidor te lo lleva tu casa. La ópera, los conciertos, los museos, están a nuestro alcance pulsando un botón. Pero salga usted a la calle con un micrófono y pregunte a quien se encuentre quién era Calderón de la Barca, o Aristóteles, o Rubens. Es una vergüenza, es indignante, sálo algunos políticos están encantados, aquellos que matan nuestro sistema de enseñanza y diseñan una Ley de Educación que destruye el esfuerzo y desdeña los conocimientos.
El caso es que los que hacen estas versiones teatrales de las grandes obras de nuestro teatro lo saben, así es que denigran e infantilizan las representaciones porque dan por sentado que aquellos que ahora están ahí, en el patio de butacas, suelen ver tele5 a todas horas y han sacado la entrada para seguir divirtiéndose con la banalización del espectáculo, solo aquellos que acudimos con la esperanza de que nos traten como adultos nos sentimos traicionados, “NOUS SOMMES TRAHIS”, porque somos traicionados, por eso huimos al final de la función, haciendo mutis por el foro, mientras el público malagueño acompañaba con las palmas la última cancioncilla que han elegido para despedir la representación.
Por Ana MEGÍAS CALERO