Viaje a Egipto

Acabo de regresar a la civilización, después de un pesado viaje de cinco horas en un avión egipcio.

La civilización egipcia fue tan impresionante e inteligente que no es posible adivinar su fabulosa tecnología, su sentido de la belleza, hay tantas cosas que desconocemos que impresiona nuestra ignorancia.

El país es una mierda, el Islam en su estado puro, no saben hacer nada, no piensan, no saben hacer ni el pan, la cocina es un espanto en los hoteles de gran lujo. Las ciudades están cubiertas de escombros y suciedad, las mujeres están marginadas y tapadas, todo es un espanto. Me contaba un amigo nuevo, coronel de la guardia  civil, que ha estado en muchas guerras, en varios países, y NUNCA HA VISTO NADA PARECIDO.

Los monumentos han sido descubiertos, restaurados, financiados, salvados por los occidentales, españoles, franceses, ingleses, alemanes, americanos, la Unesco, muchos ministerios de cultura, japoneses… todos con nuestro dinero y sabiduría. Ellos ahora los explotan gracias a nuestras investigaciones e intenciones. Ellos no saben hacer nada. La artesanía que venden está hecha en China. Cada efigie pesa 300 toneladas, y los occidentales las movieron para que se salvarán de la presa de Asuan.

Pero te cobran 11 euros por un café en un vaso de plástico en el aeropuerto, te hacen varios controles uno detrás de otro, casi te desnudan entero, después una gorda con velo negro nos cachea hasta la cabeza a las mujeres.

La desorganización de los aeropuertos es dantesca, y de pronto, lo paran todo y se arrodillan a rezar con miles de personas haciendo cola. No se puede explicar, hay que vivirlo para comprender cómo te corre la indignación y el asombro por las venas.

Las autopistas tienen todas las luces fundidas, y los coches no encienden las luces ni delante ni detrás, no respetan los carriles, no hay una señal de tráfico en todo Egipto. La gente pasa o adelanta por donde quiere en ciudades y carreteras. El pánico se apodera de ti a cada instante, y sin embargo Alá los protege, porque ante tu asombro, NO PASA NADA.

Los animales están maltratados, los camellos de las Pirámides apestan a un kilómetro porque no los lavaron desde que nacieron, en lugar de amarillos son gris oscuro de la suciedad. Los perros y gatos deambulan sucios y hambrientos por todas partes…

Podría seguir contando horrores, pero les hemos hecho el museo más maravilloso del mundo, y tienen un palacio en Luxor que emociona y supones cuántas cosas no sabemos de lo que eran capaces. No se puede explicar, hay que verlo.

Y luego llegó el Islam y quemó todo lo que ardía, sólo queda el granito, pero ha desaparecido la madera, la seda, y tantas cosas que ignoramos.

La gala de los Goya

Anoche, en Granada, la productora de LA INFILTRADA, María Luisa Gutiérrez, dio una bofetada de libertad a toda la mugre de siervos de la subvención. Gentecilla lamentable dedicando los premios, todos sin excepción, a su papá, a su mamá, a su abuela, a sus hijos, una pandilla de iletrados, lamentables hasta el ridículo más espantoso.

El despliegue insufrible de analfabetos arrodillados ante el gobierno del Tirano. Ella demostró ser una productora de verdad, es decir, la auténtica autora de la brillante película, por encima de la magnifica directora, de la excelente actriz, pero profundamente necia, que va por España demostrando que no se ha enterado del personaje que ha interpretado.

La prueba de que son una banda de incapaces fue la dirección de los premios. Gentecilla que no tiene una elemental medida del tiempo escénico. Si Lope de Vega hubiese visto el despropósito del espectáculo los habría corrido a gorrazos. No tienen ni pajolera idea de la “cólera del español sentado” que, nuestro dramaturgo del Siglo de Oro, conocía a la perfección. Al parecer hacen ese despliegue de vergonzosa ignorancia para sus parientes, con el dinero de nuestros impuestos, para rendirle pleitesía al autócrata que ocupa el gobierno, doblando la cerviz ante el psicópata para que los siga financiando. Gente sin criterio ni dignidad, amantes del dinero disfrazados de progresistas, sin la más mínima lectura. Un rebaño de vergüenza balando a los pies del sátrapa.

Y el hipócrita de Richard Gere fue el fantoche americano que puso el broche indispensable. Moreno Bonilla, pepero a veces, con alma sociata, eligió, cuando le preguntaron, una película de profunda izquierda con la que “se identificaba”. Para que no dudemos de quien es, si alguien no se había dado cuenta. Banderas, que se ha convencido del oportunismo de las gentes del oficio, alucinó en silencio, viendo y oyendo lo que aquella jauría expresaba.

La favorita de Moreno Bonilla, EL 47,  ganó exaequo con LA INFILTRADA. Dos películas opuestas, la primera, afín a la jauría del oficio. La segunda se impuso, no porque se valore su calidad profesional, sino porque es la única  que ha llevado al público a los cines, de manera apabullante, casi dos millones de espectadores, una cifra anterior a las plataformas cinematográficas.

PD: Se me ha olvidado mencionar la carta del gran capo Almodóvar, cagado de pánico por lo que se avecina. Fue el broche de la noche, digna basura de ese globo hinchado, que es líder del lobby gay cinematográfico mundial

A N A  M EG Í A S

Los ingleses y la victoria española

Vivo rodeada de ingleses, mi hijo abogado tiene un porcentaje muy alto de clientes ingleses, les conocemos bien. Así es que aunque no somos aficionados al fútbol, ayer deseamos con todas nuestras fuerzas que España les derrotara.

Ellos no sólo no nos aprecian, sino que están aquí desde hace cuarenta años y no han aprendido a decir “buenos días ” porque nos desprecian, viven en España como si fuese una de sus perdidas colonias. Tienen sus bares, tiendas, constructoras, clínicas, etc. Comen en sus espantosos restaurantes esa bazofia que se tragan, no pisan un museo, ni una catedral. Son unos piratas y van borrachos por la carretera desde las nueve de la mañana. Son feos, se casan con mujeres viejas y feas, no respetan ni las reglas de tráfico de nuestro país. Envejecen muy mal: ellos se transforman en mujeres decrépitas y ellas parecen mineros jubilados. Creen que las leyes españolas no están hechas para que ellos las cumplan y te lo dicen con la arrogancia/grosería que les caracteriza. Están convencidos de que un carnicero de Manchester es más digno de pleitesía que un magistrado español.

Son tan racistas y déspotas como Hamlet, estos hijos de la Gran Bretaña, fueron derrotados anoche por la “superioridad española” y yo lo celebré con mi hijo con Moet Chandon.

A N A  M EG Í A S

La vergüenza de los Goya

Pedro Almodóvar creó una offshore en Panamá para no pagar impuestos, pero basta que se suba al escenario para defender las subvenciones al cine porque, de ese modo, se pagan muchos impuestos, para que todos los titiriteros aplaudan con las orejas… En fin…

-Francisco Cambronero-

Esto es completamente cierto, como que ha hecho una fortuna gigantesca, parte de la cual perdió en la bolsa de USA especulando en el caso Bernard Madoff…

Pero pretende vilipendiar al político que le señaló su indiferencia con respecto a la situación de los agricultores, a los que han definido como empresarios (fachas)… ¡Ellos! ¡Los del oficio más traicionero del mundo, donde las puñaladas traperas contra el que puede hacerles sombra ocurren desde las Escuelas Superiores de Arte Dramático! Ellos dando clases de moral!

Gente que no lee más que los guiones de las películas que hacen o el texto de las obras que representan. Que huyen de las asignaturas teóricas, como literatura Dramática o Dramaturgia, en favor de las prácticas. Que no tienen ni idea de la Historia del Comunismo en el planeta. Que, salvo alguna excepción, no cogen un libro de ensayo en su vida…

Esos, pidiendo que Israel cese la guerra en Gaza, con discursos y pegatinas, un país donde jamás podrían hacer una película de las suyas, donde a todos los homosexuales los encarcelarían en mazmorras medievales.

Esa gente que no tuvo una frase de condolencia hacia los guardia civiles asesinados, masacrados, porque el ministro Marlaska no proporcionó los medios para reparar las embarcaciones estropeadas y esos “héroes” tuvieron que enfrentarse a los narcos con zodiac de cinco metros. Pues oigan, ni una palabra en los Goya, donde si se utiliza el dinero de nuestros impuestos para pagar una ceremonia grotesca, presentada por una peste de actriz, y unos gays vestidos de mamarrachos, todos encantados de haberse conocido, creyéndose la conciencia de España, aupados y financiados por la televisión pública que pagamos todos los españoles.

Haciendo los honores al sicópata que nos gobierna que llegó con su Falcon a la Gala, él y los comunistas de su ejecutivo, la vicepresidente y el ministro de Cultura. Y en lugar de ir a Barbate, a acompañar a los familiares de las víctimas, temió que le partiesen la cara y huyó a Valladolid a que los cómicos le rindiesen la pleitesía que alimenta su egolatría.

Son una mafia de cobardes. Salgan ustedes a la calle y pregunten a la gente cuantas películas de cine español han visto durante el año. ¿Y los que han visto algo qué les dirán? “La sociedad de la nieve”, y porque está en Netflix.

¿Han visto cómo están las salas donde se proyecta su cine? Yo se lo cuento: “vacías”.

A N A  M EG Í A S

Teoría de la Deshumanización a través del periodismo

¡A matar se ha dicho! La cacería humana nunca termina.

No hablo de los que se dedican al oficio (por llamarlo de alguna manera) del periodismo. Sino al público. Y me hace gracia lo que veo. Pero me jode.

Hace algo más de 20 años recuerdo que vi uno de esos horribles documentales de guerra, las víctimas civiles, etc. Concretamente, iba sobre Afganistán. Muchos testigos relataban experiencias terribles con los talibanes y blablabla. Me acuerdo que se lo comenté a mi padre y él me dijo –no lo olvidaré nunca– que eso siempre pasa. Siempre que Estados Unidos quiere hacerle la guerra a alguien, previamente tiene que cargar las tintas, sobre todo en la televisión; necesita apoyo y legitimidad por parte de la gente, y para eso hay que deshumanizar al enemigo como sea.

Tenía razón. Pensé que efectivamente, un par de años antes había ocurrido igual con lo de Kosovo. Y poco después pasó lo mismo con Irak. Y más tarde Siria. Y más tarde Libia. Y hace poco Ucrania. Y ahora Israel.

Y me hace gracia (pero me jode) cuando los periodistas le colocan a la plebe vídeos asquerosos de muertes en directo y la gente se pone muy dramática, y muy indignada, y muy hiperbólica. ‘Jamás nadie le había hecho algo tan monstruoso y tan brutal a alguien, qué horror’ y esas cosas.

Venga, no me jodáis. Cualquier barbaridad por salvaje que parezca ya se le ha pasado por la cabeza a algún desgraciao, y lo que es peor, ya la ha llevado a cabo. Y la ha filmado. Y los periodistas ya la han enseñado. Pero la gente tiene la memoria muy corta. Y la frivolidad muy larga.

Alguien ahí arriba quiere hacer la guerra. Y necesita el beneplácito del populacho. Me parece bien (aunque me jode), pero eso sí, el mío no lo va a tener. No me voy a colocar ninguna banderita. Seguiréis con vuestras masacres por los siglos de los siglos, pero a mí no me vais a implicar.

Los de arriba nunca se lían a tiros entre ellos, y siempre usan a gentucilla para sus masacres, y siempre las padecen un montón de infelices que pasaban por allí. Eso ha sido así y va a ser así siempre, cosa que acepto. Es tiempo de cosecha y arriba exigen sacrificio de sangre (les da igual de quién). También lo asumo.

Pero lo que más me jode es cuando veo a personas a mi alrededor a las que yo creía racionales, sensibles, competentes, preparadas e incluso listas, uniéndose a la turba borreguil y soltando con vulgar ligereza ‘¡pues que los maten a todos!’ Gracias a estas personas (que son mayoría), convertidas de pronto en zombis deshumanizados, las guerras siempre contarán con el visto bueno de los idiotas. Esa es la única labor del periodismo. Deshumanizar a la gente. Convencerles de que el disparate más atroz es lo mejor para todos.

Y por supuesto, ni media palabra de los diez o doce países que están en guerras verdaderamente abominables desde hace años, con cientos de miles de muertos y con esas escenas que tanto impresionan al gentío produciéndose a diario. No. Esto va de conmoverse sólo un ratito y sólo de unos pocos. Al final, la cosa se trata únicamente de entretenimiento. Un oscuro circo de los horrores que los periodistas jalean y los espectadores disfrutan (a su manera), supongo que por morbo, y por la satisfacción de saber que eso tan horrendo no les está pasando a ellos.

Esos circos no son de mi agrado (me niego a ver imágenes de ningún asesinato real). Y habrá que aceptar que la borregada guste de ellos, qué le vamos a hacer. Y también que jamás sean un poco curiosos e investiguen mediante libros, películas y documentales que este modelo de actuación (atrocidad-exposición de atrocidad-indignación popular-invasión-guerra-matanza total) está más que inventado.

OK. Pero me jode.

Función sin final

Leo los artículos de opinión y me parecen todos un ejercicio de ficción. No hay nada que hacer, una banda de malhechores va a destruir nuestro país, nuestro Estado, y sus habitantes están aplaudiendo con las orejas. Esos socialistas que los columnistas de ABC distinguen como si fuesen “decentes”, por ejemplo Page, dicen, con la boca pequeña, que no les gustan Puchimon ni Bildu, pero como no hay más remedio… O sea, el fin justifica los medios, el Poder por el Poder, con quien sea, en el infierno, Lucifer al mando y cualquier asesino se justifica de aliado para seguir mandando por los siglos de los siglos.

Vamos a seguir viéndole la cara al psicópata cuatro años más y eso es todo. No se me quita la sensación de asco y desesperanza que me invadió la noche del 23J y en esas sigo, es como una enfermedad. No me interesa ninguna noticia ni especulación política. Sucede como un guión cinematógrafico muy mediocre, ya sabemos el desenlace, los actores son todos muy malos y se van a interpretar a sí mismos. Resulta repugnante pero no podemos salir del cine: han bloqueado las puertas, como hacía Goethe en el teatro, en Alemania, y tenemos que contemplar la función sin límite, sin final.

A N A   M E G Í A S

Teoría de Los paraísos efímeros.

Existe en la geografía andaluza un paraje que ejerce sobre mí gran embrujo desde que era pequeño. Y seguramente lo ejerza porque pasé mi infancia allí, y los buenos recuerdos me abruman cada vez que lo visito. Se trata de Cánava, un santuario humilde emplazado en un pueblo de poco más de mil habitantes llamado Jimena. Y paso a describíroslo.

Al margen de la ermita que da nombre al lugar (y que no es gran cosa, al menos a nivel estético, que me perdone el Señor), Cánava es una especie de plaza pública cubierta toda ella de árboles –supongo que pinos– y empedrada con unas losas gris oscuro muy características, jalonada con varios jardines de macetas aquí y allá, con un pilar de agua cristalina y gélida, y con un bonito escenario para actuaciones, conciertos y verbenas.

En el lado izquierdo varias puertas enrejadas ocultan las casas señoriales de quien quiera que viva allí (jamás tuve ningún contacto), un local de ocio nocturno que lleva alrededor de un cuarto de siglo sin funcionar, y un pequeño patio con columpios para los críos (lo único que está abierto).

A la derecha, la mencionada iglesia y, adjunta a ella, una casita que pertenece, según deduzco, al cuidador de este parque. En frente y cruzando la carretera, un bar de pueblo, un pub (también de pueblo) y subiendo la cuesta, la piscina municipal.

Cuando en Jaén el verano provoca la desesperación del más paciente, en Cánava la sombra de la vegetación que cubre todo el jardín constituye un auténtico oasis, y el canto alegre de los pajaritos y el sonido confortante de la fuente que mana directamente del arroyo cercano hacen que allí, el verano sea hasta agradable. 

Y vale, a lo mejor no son los pénsiles de Babilonia, pero tenéis que imaginarme a mí sentado cerca del pilar, leyendo tranquilamente durante una hora o dos, dándole un sorbo al caño de vez en cuando (agua helada, insisto), cuando allá afuera, apenas a unos metros, el Sol te abrasa.

¿Por qué os cuento esta historia con tanto pormenor? Porque los paraísos que nos encontramos a veces, pequeños y vulnerables paraísos, merecen ser descritos con cariño, con detalle, con gusto. Porque no son monumentales edificios gigantes de cientos de millones de dólares de costo, ni máquinas de acero indestructibles.

Son sitios frágiles, perecederos, hermosos. Y mi recomendación para vosotros es que gocéis todo lo que podáis de estos lugares sagrados. Porque nuestra vida cotidiana (la de la mayoría) está plagada de agobio, de fealdad y de prisas. Siempre vamos de acá para allá con propósitos muy concretos; pocas veces vamos a un sitio y permanecemos en él por el puro placer de hacerlo. Pero mi consejo es que lo hagáis más a menudo. Y no hay que irse muy lejos, ni tomar un tren o un avión. Existen remansos de paz bellos y singulares muy cerca, probablemente poco valorados por los que pasan alrededor. Y debemos disfrutarlos mientras podamos… solos o en compañía de seres queridos.

¿Por qué? Porque tarde o temprano vendrá un cabrón y lo pisoteará. ¿En esa delicadeza radica su hermosura? Ni idea, sólo sé que pronto llegarán unas personas muy listas amantes del progreso y la eficacia (y la pasta) y arramblarán con todo sin piedad. O eso, o las buenas personas anónimas que se encargaban de cuidar el paraje mueren, o se cansan, o son sustituidas por alguien más “eficiente” y ecosensible; y entonces aquel paraíso, de la noche a la mañana se esfuma, deja de ser. Se convierte en un dulce recuerdo y no vuelve jamás.

Y entonces el cementerio de Mancha Real, histórico, cuidado, sosegado y bello, cubierto de lápidas preciosistas, algunas de varios siglos de antigüedad, vigiladas por panteones igualmente impresionantes, a la vez que los árboles hacen del camposanto un lugar fresco y tranquilo para estar, SERÁ DESTRUIDO, sus losas arrancadas y su armonía arrasada. Y ya no lo podrás admirar nunca más. Y no busques la razón de este ensañamiento gratuito y cruel porque no la hay. Tampoco te esfuerces demasiado por protegerlo, no servirá (creedme). Acéptalo. Busca otro nuevo paraíso con que deleitarte, y gózalo todo lo que puedas mientras puedas. Pues no durará para siempre.

Una mirada de reproche (2ª parte)

El personaje de K (interpretado por Tommy Lee Jones) sabía perfectamente que vivimos en Ultranemia.

Santaflow, en su Nana al decadente, dice así: ‘Ya no puedo soportar esta sociedad infantilizada’.

¿Que la sociedad se ha infantilizado? Eso es falso. La sociedad se ha “adolescentizado”. El niño es un ser alegre, voluntarioso, confiado, agradecido, que disfruta y hace disfrutar.

El adolescente, en cambio, es un depresivo inseguro y quejón, ignorante de todo pero engreído hasta la médula, gandul, ingrato, caprichoso y preocupado por frivolidades idiotas, y por su apariencia, y por lo que digan los demás de él, y por satisfacer en todo momento sus deseos inmediatos, y por placeres físicos instantáneos, y por tenerlo todo y a todos bajos sus pies. Y aún así, gozando de todo a todas horas, es un infeliz.

Esa es la sociedad hoy en día. No niños (ojalá). Sino niñatos lloricas e hipersensibles. Y otra cosa, los niños aún conservan y cultivan su individualidad: exploran sus gustos, su personalidad, sus miedos…  Los adolescentes necesitan furiosamente una pandilla en la que fundirse y renunciar a ellos mismos en pos de la manada.

Y a esa gentuza de ahí arriba le viene bien. Quieren destruir la individualidad, la responsabilidad y la libertad, así de simple. La mía no la van a tener, pero… qué barato habéis vendido la vuestra. La habéis regalado, y ni siquiera sabéis a quién.

Rematemos con una frase del agente K en la peli MEN IN BLACK:

El individuo es listo. La masa es un animal miedoso, idiota y peligroso.

Una mirada de reproche (1ª parte)

LIGHTYEAR o Pixar tocando fondo

Daremos comienzo con unas líneas de la película EL MANANTIAL, en la que el personaje de Roark (interpretado por Gary Cooper) realiza este alegato:

La mente es un atributo del individuo; es inconcebible que exista un cerebro colectivo.

El hombre que piensa debe pensar y actuar por sí solo; la mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción. No puede estar subordinada a las necesidades, opiniones o deseos de los demás. No puede ser objeto de sacrificio.

El creador se mantiene firme en sus convicciones; el parásito sigue las opiniones de los demás.

El creador piensa; el parásito copia.

El creador produce; el parásito saquea.

El interés del creador es la conquista de la naturaleza; el interés del parásito es la conquista del hombre.

El creador requiere independencia, ni sirve ni gobierna. Trata a los hombres con intercambio libre y elección voluntaria; el parásito busca poder. Desea atar a todos los hombres para que actúen juntos y se esclavicen.

El parásito afirma que el hombre es sólo una herramienta para ser utilizada, que ha de pensar como sus semejantes y actuar como ellos, y vivir la servidumbre de la necesidad colectiva prescindiendo de la suya.

Fíjense en la historia: todo lo que tenemos, todos los grandes logros han surgido del trabajo independiente de mentes independientes. Y todos los horrores y destrucciones, de los intentos de obligar a la humanidad a convertirse en robots sin cerebros y sin almas, sin derechos personales, sin ambición personal, sin voluntad, esperanza o dignidad… es un conflicto antiguo, tiene otro nombre:

Lo individual contra lo colectivo.

Pero va a ser que no. ¿Cómo te atreves a tener ideas propias, a discrepar del grupo, a rebatir la voluntad común?

Pliégate, rebájate, humíllate, póstrate. No ante Dios, sino ante lo que nosotros digamos. ¿Quiénes somos nosotros? Nosotros somos todos. Todos menos tú, claro. O tú también, pero en una versión reducida, anulada, obediente, zombificada.

Tú no eres nada sin nosotros. ¿Y con nosotros? Entonces formas parte de nosotros, es decir, que tampoco eres nada.

A callar, a agachar la cabeza, a no opinar, a no discurrir, a no tener discernimiento propio. Si quieres resolver alguna duda, consulta al rebaño, él te guiará. En cómo actuar, hablar, pensar e incluso sentir.

El más lento y el más inútil del grupo marcará el paso. Te adaptarás a su ritmo, hasta que seas lo más parecido posible a él. Y la voz, la voz la tendrá alguien que no seas tú (ya lo decidirá el grupo… sin ti).

De este modo emplearás tu dinero en lo que te aconsejemos. Pasarás tu tiempo libre en los lugares que te escojamos nosotros. Votarás al partido que más te convenga, según el criterio colectivo naturalmente. Te pincharás por propia elección una sustancia que te prohibimos siquiera preguntar qué efectos te ocasionará. Gritarás ‘¡guerra!’ unos días y ‘paz’ otros, a favor de unos y contra otros según los vientos. No creerás en nada inmaterial, ya te diremos a qué profesar devoción, y quiénes serán tus Mesías. Y cuando digamos de cambiar todo eso, tú cambiarás de la noche a la mañana y te olvidarás de todo aquello, como con un chasquido de dedos mágico.

Y como se te ocurra no hacernos caso hasta el más mínimo detalle, prepárate. No te mataremos, ni te llevaremos a la cárcel, ni te cancelaremos, ni tan siquiera te insultaremos.

Te juzgaremos pero no en la corte, sino que te miraremos con el ceño fruncido. Te echaremos una mirada recriminatoria. Para que te avergüences de ti mismo, para que reflexiones y te arrepientas bien. Por hacer gala de criterio singular e individual, por tener ideas y querer llevarlas a cabo, por razonar, por poner en duda, por disentir, por salirte un poco del camino trazado, por ser humano.

El símbolo de la tiranía y la opresión total de nuestro futuro inmediato no será una esvástica ni una hoz y un martillo. Ni tan siquiera será el hexágono o el circulito ese de la Agenda satánica.

Será una mujer negra mirándonos con desaprobación.

No es bueno para ti que preguntes demasiado,
que te alejes de la senda del perfecto ciudadano.


Matrimonio soso, trabajo precario,
y en tu mente la quimera de que te hagan encargado.


Tampoco te conviene darle demasiadas vueltas
a los hechos, que al pensarlos se convierten en problemas.


Deja que el mundo siga su curso
y continúa tu camino en silencio y a lo tuyo.


No cometas el error de alterar las directrices
en que se apoya la gente con quien vives.


Es preferible la injusticia al desorden,
decía el abuelo al abrocharse el uniforme.


Tu conducta inquieta a los vecinos,
te señalan por la calle quienes fueron tus amigos.


Esto ya era así antes de que tú nacieses,
no le des más vueltas, ¡calla y obedece!

 
No es aconsejable desconfiar del dirigente,
sagrado timonel de tu destino y tu suerte.


Él piensa por ti para que tú no pienses nada:
con un cerebro sobra para toda la manada.


Enturbias con tus dudas la imagen del míster
y encima pretendes que nadie te vigile.


Esto ya era así antes de que tú nacieses,
no le des más vueltas, ¡calla y obedece!

 
Sigue con los sellos en la estafeta,
mejor ser anodino que profeta.
Quítate de la cabeza esas tonterías,
¡tampoco es tan incómodo vivir de rodillas!

PORQUE ESTÁS EN ULTRANEMIA

VIVIRÁS EN ULTRANEMIA

HAS NACIDO EN ULTRANEMIA

Y te morirás de asco bordando con tu tedio su bandera.

Testimonio real de una refugiada ucraniana en España

Mi hijo Israel ha conocido a una señora ucraniana que ha llegado a Fuengirola con dos hijos pequeños y como está casado con una bielorrusa pudieron hablar en ruso con ella.


Dicha señora y sus hijos llegaron vestidos de crudo invierno, con los pantalones y las faldas ajados y rotos porque caminaron muchos kilómetros hasta llegar a la frontera donde pudieron subir a un autobús de una ONG malagueña. Cuando llegaron a Málaga, después de muchas horas, tomaron el tren a Fuengirola donde un amigo italiano les prestó un apartamento. Llegaron muertos de cansancio y hambre, se fueron a un chiringuito del Paseo Marítimo y allí pidieron un calamar porque nunca lo habían probado y querían conocer su sabor.


La camarera, ucraniana como ellos, les buscó el más grande del restaurante y pidió que se lo cocinaran a la brasa. Mientras el calamar se asaba donde los espetos, comenzaron una conversación con mi hijo y su mujer en ruso. Les contaron que Málaga era el infierno, que la ONG les había tratado como ganado durante el viaje y cuando llegaron a la ciudad les abandonaron en medio del parque sin prestarles ayuda de ningún tipo, desorientados sin hablar nuestro idioma, buscaron durante horas la Estación de tren para ir a la Costa hasta que la encontraron, sin ayuda de nadie, en Ucrania les habían dicho que España los acogería con cariño y escolarizarían a sus hijos, pero les habían tratado como a animales y les habían abandonado a su suerte. Mi hijo y su mujer les recomendaron que se dirigieran a la policía nacional y allí contaran su historia por si los funcionarios les ayudaban.


Esta realidad no sale en la televisión, ni en los periódicos, las ONG cobran las subvenciones y hacen su negocio, mientras maltratan a los refugiados de una guerra terrible, mujeres y niños en su mayoría, sin piedad, sin un gramo de conmiseración, dejando tirados a estas pobres personas que huyen de la muerte con la esperanza de que España les acoja.

Por Ana MEGÍAS CALERO