La gala de los Goya

Anoche, en Granada, la productora de LA INFILTRADA, María Luisa Gutiérrez, dio una bofetada de libertad a toda la mugre de siervos de la subvención. Gentecilla lamentable dedicando los premios, todos sin excepción, a su papá, a su mamá, a su abuela, a sus hijos, una pandilla de iletrados, lamentables hasta el ridículo más espantoso.

El despliegue insufrible de analfabetos arrodillados ante el gobierno del Tirano. Ella demostró ser una productora de verdad, es decir, la auténtica autora de la brillante película, por encima de la magnifica directora, de la excelente actriz, pero profundamente necia, que va por España demostrando que no se ha enterado del personaje que ha interpretado.

La prueba de que son una banda de incapaces fue la dirección de los premios. Gentecilla que no tiene una elemental medida del tiempo escénico. Si Lope de Vega hubiese visto el despropósito del espectáculo los habría corrido a gorrazos. No tienen ni pajolera idea de la “cólera del español sentado” que, nuestro dramaturgo del Siglo de Oro, conocía a la perfección. Al parecer hacen ese despliegue de vergonzosa ignorancia para sus parientes, con el dinero de nuestros impuestos, para rendirle pleitesía al autócrata que ocupa el gobierno, doblando la cerviz ante el psicópata para que los siga financiando. Gente sin criterio ni dignidad, amantes del dinero disfrazados de progresistas, sin la más mínima lectura. Un rebaño de vergüenza balando a los pies del sátrapa.

Y el hipócrita de Richard Gere fue el fantoche americano que puso el broche indispensable. Moreno Bonilla, pepero a veces, con alma sociata, eligió, cuando le preguntaron, una película de profunda izquierda con la que “se identificaba”. Para que no dudemos de quien es, si alguien no se había dado cuenta. Banderas, que se ha convencido del oportunismo de las gentes del oficio, alucinó en silencio, viendo y oyendo lo que aquella jauría expresaba.

La favorita de Moreno Bonilla, EL 47,  ganó exaequo con LA INFILTRADA. Dos películas opuestas, la primera, afín a la jauría del oficio. La segunda se impuso, no porque se valore su calidad profesional, sino porque es la única  que ha llevado al público a los cines, de manera apabullante, casi dos millones de espectadores, una cifra anterior a las plataformas cinematográficas.

PD: Se me ha olvidado mencionar la carta del gran capo Almodóvar, cagado de pánico por lo que se avecina. Fue el broche de la noche, digna basura de ese globo hinchado, que es líder del lobby gay cinematográfico mundial

A N A  M EG Í A S

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